Salimos de la habitación y ahí estaban las tres chicas desayunando delante de la televisión. No me lo podía creer con el sitio tan hermoso en el que estábamos y ellas desayunando dentro de la casa. Al menos dijeron que habían pasado buena noche y que el día anterior lo habían pasado muy bien. Cris hizo café y yo preparé algo de fruta y tostadas. Lo pusimos todo en una bandeja y nos salimos a desayunar al balancín del porche. Planeamos la mañana para aprovecharla, lo primero sería recoger bien toda la casa y limpiar, la comida que sobró del día anterior la empaquetamos bien y la metimos al congelador, hicimos una lista de lo que había para dársela a la madre de Cris. Cambiamos las camas. Las chicas barrieron la casa mientras Cris limpiaba y recogía la parrilla y yo ordenaba un poco el patio y el porche. Después recogimos la cocina y los cacharros sucios los pusimos en el lavavajillas. Sólo faltaban por recoger las tumbonas y las sombrillas pero nos íbamos a bañar en la piscina antes de irnos así que eso lo dejamos para el final. Hablé con Bea y me dijo que quedábamos a las 14h en casa, así que sobre las 13h nos fuimos para el pueblo, dejamos a las chicas en sus casas y después la abuela de Cris me hizo entrar en casa de nuevo, su madre tan simpática como el día anterior, les di las gracias por habernos dejado pasar allí el día de campo y me despedí de ellos para que Cris me llevase a casa.
Bea y José ya estaban en la plaza cuando llegamos. Lo primero al llegar a casa fue darnos una ducha para quitarnos el cloro de la piscina, aunque Bea ya parecía haberse duchado en casa de José, pero nos fuimos juntas al baño para mantener la historia. Éramos amigas desde pequeñas y nos habíamos visto desnudas muchas veces mientras nos cambiábamos de ropa así que no nos importaba estar las dos juntas en el baño y fue el momento de aprovechar para contarle lo que había pasado la noche anterior. Bea me abrazó y me besó un montón de veces. Después nos cambiamos y bajamos a comer con la familia de Bea, y subimos a la habitación para echarnos la siesta. Bea y yo estábamos cansadas, ella también parecía haber tenido una noche movidita… de todas formas, no pude dormir nada, y eso que hacía muchísimo calor. Volví a bajar al cuarto de estar, Carol estaba viendo una película mientras hacía ganchillo, los demás estaban durmiendo en las habitaciones, así que me fui a la cocina a por un vaso de agua y me senté en el sofá con ella a ver la película.
- ¿No puedes dormir? – me preguntó sin quitar ojo de su labor.
- No… no estoy tan cansada y además hace mucho calor, no consigo dormir…
- ¿Vais a salir luego?
- Sí, iremos a tomar café y a dar una vuelta, quiero despedirme de los amigos de Bea antes de marcharme… me han acogido muy bien en el grupo… - oh, oh, mi tono empezaba a ser un poco triste y no sabía cómo controlarlo.
- ¿Y qué tal con el primo de Sara? ¿Te vas a despedir de él? – me giré para mirarla, ella parecía no levantar los ojos del tapete que estaba tejiendo, pero pude ver que me miraba de reojo.
- Jooo Carol… siempre tan directa. – Ella me sonrió y me miró fijamente.
- Te conozco bastante bien Desi… ¿estás bien? – me preguntó acariciándome el pelo como lo haría mamá.
- No lo sé… - me encogí de hombros y agaché la mirada – Me ha pedido que seamos novios pero me voy mañana… – suspiré – dice que podemos seguir en contacto y que él iría a Madrid a verme cuando pueda… y Bea dice que puedo venir con vosotros también siempre que quiera…
- Desi, no hay problema con eso, puedes venir siempre que quieras. Nosotros encantados de que vengas, te queremos mucho y puedo hablar con tu madre… - me miró con algo de preocupación en sus ojos. – Pero no es eso lo que quiero saber… ¿Qué quieres tú? ¿Qué sientes tú?
- No lo sé Carol – otra vez mis ojos y mis hombros cayeron en signo de derrota. – Es el primer chico con el que tengo algo, y me siento genial con él, nos llevamos bien y nos lo pasamos bien juntos… pero mañana me voy y estaremos separados… y no sé qué pensar… – Volví a levantar la cabeza mirando a la nada – no sé cómo tener un novio… y mucho menos cómo tenerlo a distancia.
- Quizás sea un poco pronto para pensar en ser novios ¿no crees?
- Es posible… solo hace dos semanas que nos conocemos… - mis ojos se llenaron de lágrimas – pero aun así me duele separarme de él y pensar que es posible que no volvamos a vernos.
- Desi… tienes 19 años y él es el primer chico… no tiene por qué ser el definitivo – abrió los brazos invitándome a acercarme a ella para abrazarme. – Lo único importante es que seas feliz y la distancia no es buena si apenas os conocéis, así no podréis confiar el uno en el otro lo suficiente como para tener una relación.
- Lo sé… pero es una mierda… - limpié mis ojos antes de que las lágrimas se derramasen, no quería llorar.
- Desi… sal hoy y diviértete. Mañana vuelve a Madrid lo más tranquila que puedas, tienes que estudiar para sacar adelante esas asignaturas que suspendiste, vuelve a quedar con los amigos de Madrid y continúa allí tu vida. Sólo tú puedes decidir qué hacer, pero lo mejor es que sigas tu vida como la tenías planificada… él es un amor de verano. – Me abrazó un poco más y después continuamos viendo la película en silencio.
No me arrepentía de nada de lo que había hecho esas dos semanas. No me arrepentía de haber abierto mi corazón para conocer a alguien. De lo único que me arrepentía era de haber tirado el curso a la basura… si no hubiese suspendido tantas asignaturas quizás en verano no tendría que estudiar y podría quedarme en el pueblo de Bea más tiempo. Carol tenía razón, tenía que continuar con mis planes: estudiar e intentar aprobar algunas asignaturas en septiembre para no tener que repetir el curso entero, no había posibilidades de tener beca el próximo curso porque no podría aprobar todo en septiembre, pero iba a intentar aprobar lo máximo posible, la universidad me esperaba; mis sueños de terminar mi carrera y empezar a trabajar en algo que me encantaba me seguían esperando, aunque se me había pasado por la mente dejarlo, pero sabía que lo podía conseguir y no podía rendirme. Mis pensamientos volaron de nuevo a Cris, seguramente a él no le gustaría que no intentase conseguir mis sueños. Sonreí y, aunque eso significase estar lejos de él, Bea tenía razón, si le quería a él y además quería seguir con mis planes, tenía que intentar que la distancia no estropease lo que teníamos.
Cuando Bea despertó de la siesta nos arreglamos para salir. Me puse mi minifalda vaquera, un top rosa sin mangas y unas sandalias planas; pinté mis ojos con mi lápiz verde favorito y me eché brillo rosa en los labios. Ya estaba morena del sol, así que no hacía falta nada más, me veía genial y me sentía genial, siempre y cuando no llegasen a mi mente los pensamientos de que la tarde de hoy sería una despedida. Bea y yo salimos rumbo a casa de Sara para ir a tomar café, habíamos quedado más tarde con los chicos.
Mientras tomábamos café Sara me hizo contarle lo que pasó el día anterior. Ella no terminaba de creerse que lo hubiese hecho por primera vez con su primo sabiendo que al día siguiente me iría y quién sabe cuándo nos volveríamos a ver… dicho así sonaba fatal. Empezaba a arrepentirme pero no tenía claro de si me arrepentía de haberlo hecho o de habérselo contado a mis amigas… Bueno, yo quise hacerlo, Cris nunca me presionó, lo dejó todo en mis manos, sólo haríamos lo que yo quisiese hacer, y él despertaba tanto deseo en mí que sí, realmente quise hacerlo con él. Así que no, definitivamente no me arrepentía de lo que había hecho, además él fue tan bueno, tan cariñoso y cuidadoso conmigo que me sentía bien de haber tomado esa decisión. Pero tenía dudas de habérselo contado a Bea y a Sara, notaba que ellas me juzgaban, pero no tenía claro si me juzgaban bien o me juzgaban mal y ellas no decían gran cosa al respecto, quería pensar que intentaban apoyarme pero no estaba segura de ello.
Después de tomar café nos fuimos a los recreativos, habíamos quedado allí con los chicos porque hacía bastante calor y allí al menos se estaba fresquito con el aire acondicionado. Estaban jugando una partida de billar cuando llegamos y no había demasiada gente así que nos sentamos en unos sofás a tomar algo mientras ellos terminaban la partida. Al cabo de un rato Cris vino a darme un beso y sentarse a mi lado. No decía nada, sólo jugaba con mi pelo mientras yo me tomaba mi segundo café con hielo… esa noche no iba a dormir mucho entre los nervios y los cafés… Bea y Sara no dejaban de hablar, pero no les estaba haciendo ni caso, ni siquiera me había enterado de qué iba la conversación. Sólo podía pensar en Cris y en las ganas que tenía de estar a solas con él y besarle fundiendo nuestros labios de forma que fuésemos uno solo para no poder separarnos.
- ¿Quieres que nos vayamos un rato solos? – me susurró Cris al oído después de meter detrás de mi oreja el mechón de pelo con el que estaba jugando. Le miré, sonreí y le di un pequeño beso en los labios.
Él no dijo nada más, se puso de pie y se fue hacia la mesa de billar a ver jugar a sus amigos. Le observé unos minutos, de vez en cuando me miraba de reojo sonriendo.
- Chicas… ¿qué plan tenemos para hoy? – pregunté a Bea y Sara.
- Con el calor que hace creo que nos quedaremos aquí – dijo Sara.
- Necesito un rato a solas con Cris… - dije un poco seria, o quizás ya me sentía algo triste – Os llamo luego a ver dónde estáis para tomar algo con todos ¿vale?
Ellas asintieron, así que me puse de pie y coloqué mi falda. Al pasar por detrás de Bea, ella cogió mi mano y me la apretó, ahí estaba de nuevo la señal de mi amiga para darme fuerza y ánimo, le respondí con otro apretón y dándole un beso en la cabeza. Bea estaba muy loca, pero la quería mucho. Me fui andando hacia Cris y sin decirle nada tomé su mano y estiré un poco de él para que me siguiese, cuando empezó a andar eché su mano alrededor de mi cintura, necesitaba tenerle cerca. Me apretó hacia él y me besó en la mejilla. Cuando salimos de los recreativos Cris me llevó hasta donde estaba aparcado su coche, menos mal que estaba a la sombra. Me apoyó contra el coche y me besó, al principio era un beso tierno y suave, después se fue volviendo más loco y apasionado.
- ¿Estás segura de que tienes que irte mañana? – me dijo cuando separamos nuestros labios para tomar aire.
- Estoy segura de que tengo que irme… pero también estoy segura de que no quiero – le sonreí con los ojos un poco tristes.
- ¿Y qué es lo que quieres hacer ahora?
- No lo sé, sólo quiero estar contigo… sentir tus besos y tus caricias… memorizar todo de ti para no echarte tanto de menos cuando me vaya.
- Desi… - pronunció mi nombre en un susurro mientras acariciaba mi cara - ¿quieres ir donde empezamos todo esto?
- ¿Te refieres al embalse? – pregunté y él asintió.
- Sólo si tú quieres… vendremos a tiempo de tomar algo con todos.
- Claro, ¿por qué no?
Nos subimos al coche y Cris arrancó camino del embalse. Volvió a poner mi CD que seguía en su coche… yo iba tarareando las canciones mientras miraba por la ventanilla. Recuerdos de aquella primera noche a solas fueron llegando a mi cabeza, cómo le conté que era el segundo chico que me besaba… la historia sobre su ex y cómo lo dejaron… y de repente recordé que él había dicho que no quería ninguna relación seria con nadie, pero… hacía sólo un día había dicho que éramos novios. No tenía mucho sentido ¿no? Quizás había cambiado de opinión o quizás sólo me estaba engañando… ¡Qué mierda! ¿en serio? Mi respiración se estaba agitando y me sudaban las manos, seguía mirando por la ventanilla mientras pasábamos entre los olivos, aunque realmente no veía el paisaje. Ni siquiera me di cuenta de que Cris había parado el coche hasta que noté que desabrochaba el cinturón de mi asiento. Me asusté y giré la cabeza demasiado rápido hacia él. Una lágrima resbaló por mi mejilla, no fui consciente de que mis ojos se habían llenado de lágrimas, me sentía mal, ansiosa…
- Dijiste… dijiste… que… que no querías nada serio… - dije con voz temblorosa.
- ¿Qué? – sonaba confuso - ¿Qué dices nena? No sé a qué te refieres…
- El día que me trajiste aquí… me contaste la historia con tu ex y dijiste que no querías nada serio – mi voz empezaba a sonar enfadada – acabo de recordarlo… pero ayer dijiste que éramos novios… esto empieza a ser confuso – otra lágrima se escapó de mis ojos - ¡¿Qué quieres de mí?!
- Nena… - dijo intentando estar calmado – lo siento…
- ¡¿Qué?! ¡¿Qué es lo que sientes?! – grité, estaba enfadada, no entendía nada.
- Déjame que te explique – fui a gritar algo más pero puso un dedo en mis labios pidiéndome silencio. Yo quité su dedo de mis labios y giré la cabeza hacia el cristal del coche para no mirarle. – Desi… era cierto, no quería nada serio – volví a mirarle enfadada, sería mejor que hablase más rápido, no sabía si mis lágrimas eran de rabia o de tristeza pero amenazaban con salir a mares. – Pero entonces empezamos a conocernos y sólo quería pasar más tiempo contigo. Nena… me gustas mucho y siento muchas cosas por ti, cosas que no pensaba o no quería volver a sentir por nadie. Claro que eres especial, y no cambiaría estos días contigo por nada del mundo… y sí, mi cabeza me dice que estoy loco, pero mi corazón quiere que seas mi novia. Sé que te vas mañana, pero quiero intentar que lo nuestro funcione, aunque sea a distancia… - su voz se fue apagando y mis lágrimas empezaron a salir.
Mis ojos sólo lloraban, las lágrimas se iban llevando la rabia que sentía unos minutos atrás, pero a la vez iban dejando visibles algunos agujeros en mi corazón. No estaba segura de si esos agujeros se habían hecho ahora o si eran los restos de mi corazón roto que no había podido sanar del todo con la felicidad de las últimas dos semanas…
- Perdóname… - susurré – no quería gritarte – tapé mi cara con mis manos.
- Nena… - dijo acercando mi cuerpo al suyo para abrazarme – yo también tengo miedo de qué pasará, pero no te he mentido, lo que siento por ti es real. No quiero que llores, sólo dime qué es lo que pasa.
- Lo que pasa… lo que pasa es que me voy mañana a Madrid, y no quiero irme, quiero estar contigo, quiero seguir viéndote todos los días, quiero sentir tus besos, tus caricias, que me hagas el amor… pero todo eso no está en Madrid, tú no estás en Madrid… ¿Qué vamos a tener? ¿una relación telefónica?
- Desi… nena… ahora mismo es la única opción… tú tienes tus estudios, tienes que terminar tu carrera, y yo tengo aquí mi trabajo… nos acabamos de conocer y ninguno de los dos puede dejar nada por el otro, al menos no ahora… lo único que puedo prometerte es que hablemos todos los días.
- Sé que tienes razón, pero todo esto duele, duele mucho… - seguí llorando, Cris intentaba limpiar mis lágrimas pero no era suficiente. Entonces me besó, fue un beso desesperado y a la vez apasionado, y logró hacerme dejar de llorar.
- Nena… - me dijo entre besos más pequeños – quiero volver a hacer el amor contigo antes de tener que despedirnos.
Aquella declaración encendió todo mi cuerpo y me lancé a sus brazos, en ese momento la del beso desesperado era yo. Desde aquella mañana había necesitado sentirle otra vez dentro de mí. Los restos del dolor de la noche anterior ya no existían y estaba lista para hacerlo de nuevo aunque fuese en el coche.
Nos cambiamos al asiento de atrás. Entre besos, Cris fue recorriendo mi cuerpo con sus manos. Me quitó la camiseta y la echamos al asiento delantero. Yo también quité su camiseta y la puse con la mía. Sus manos recogieron mi minifalda y apretaron mi sexo a través de la tela de mis braguitas.
- Siempre tan mojada… - susurró en mis labios y volvió a besarme mientras yo me reía.
Desabrochó mi falda y la bajó por mis piernas junto a mis braguitas, dejándome sólo con el sujetador puesto. Yo también desabroché su pantalón y lo bajé hasta más abajo de sus rodillas a la vez que su bóxer. Agarré su pene como él me había enseñado la noche anterior y él gimió. Le besé profundamente, me gustaba que gimiese en mis labios, entonces una de sus manos se deslizó entre mis pliegues haciéndome gemir a mí también. Se separó de mis labios pero sin quitar sus dedos de la abertura de mi v****a se agachó para sacar un preservativo de sus pantalones. Se lo colocó y me agarró de las caderas para que me subiese encima de él, mirándonos apasionadamente. Esta vez estaría yo encima de él, aunque era él quien iba guiando mis movimientos para introducirse lentamente en mí. Gemí algo más fuerte cuando le noté entrar. No había dolor como la noche anterior, solo algo de molestia, pero también un tremendo placer. Cuando estuvo completamente dentro de mí y nuestras caderas juntas, desabrochó mi sujetador y me lo quitó para lamer y succionar mis pezones mientras con sus manos iba levantando y bajando mi cuerpo generándonos olas de placer a los dos. Pronto cogí el ritmo y él usó sus manos para acariciar mi cara o mi pecho y también para echar mi cuerpo un poco hacia atrás y que quedásemos separados, ya que así podía colar un dedo entre nuestras caderas y frotar mi clítoris a la vez que me penetraba… eso me hizo gemir un poco más desesperada y mandó vibraciones a todo mi cuerpo… ¿Qué era lo que estaba haciendo ese chico conmigo? ¿Cómo iba a poder soportar el estar lejos de él y de lo que me hacía sentir?
Una explosión interna se apoderó de mí haciéndome estremecer entera y dejando mi cuerpo tembloroso durante un rato. Notaba mis músculos contraerse alrededor de él y le besé apasionadamente, el me abrazó conteniendo mis temblores.
- Nena… ¿puedes seguir moviéndote hasta que yo termine? – susurró en mi oído. Asentí y él mordisqueó el lóbulo de mi oreja en respuesta.
Con su ayuda, volví a moverme como antes. Con las contracciones de mis músculos, se mezclaban en mi interior dolor y placer, aunque era más placentero que doloroso, y con cada contracción el calor en mi interior iba aumentando. Cris seguía besándome insaciablemente y jugando con mis pezones, las sensaciones que recorrían mi cuerpo cada vez que succionaba o mordisqueaba uno de ellos eran increíbles, hacía que me derritiese en deseo por más. En mi interior volvía a acumularse mucho calor y sentía que pronto explotaría de nuevo… quería que llegase ese segundo orgasmo pero no terminaba de llegar y entonces Cris se deshizo en su propio orgasmo, noté cómo se agitaba dentro de mí y yo también quería llegar, así que mientras Cris me apretaba fuerte contra su cuerpo y me besaba, agarré una de sus manos y la subí a nuestras bocas, solté sus labios para chupar y humedecer su dedo pulgar y después lo llevé a mi clítoris, lo necesitaba ahí, justo donde él lo había puesto un rato antes, de forma que me hiciese explotar de nuevo con él aún dentro de mí… mi cuerpo lo pedía a gritos y después de hacer apenas tres o cuatro círculos sobre él, consiguió que esa enorme ola de placer me llenase y volviese a temblar todo mi cuerpo. Nuestras respiraciones estaban muy agitadas, gotas de sudor bajaban por mi espalda y me sentía débil. Cris me ayudó a levantarme saliendo de mí muy lentamente. Retiró el preservativo y cogió una cajita de pañuelos que había en la parte de atrás del coche, primero se limpió él y se colocó el bóxer y el pantalón, y después me ayudó a limpiarme a mí y me colocó las braguitas y el sujetador n***o. Mis piernas seguían temblando, tenía que intentar tranquilizarme y coger fuerzas porque así no iba a poder ir a ningún sitio.
Cris me sentó sobre su regazo y estiré las piernas sobre el asiento. Me abrazó fuerte y dejó besos por toda mi cara dejando mis labios para el final. Cuando llegó a ellos dejó al menos un millón de besos dulces. Me encantaba todo aquello, ya entendía qué tan maravilloso decía la gente que era el sexo. No sé cuánto tiempo estuvimos haciendo el amor ni cuánto tiempo estuvimos llenándonos de besos después, pero cuando nos dimos cuenta eran las 21:15h, debíamos volver al pueblo con los demás, me quería despedir de todos.
Terminamos de vestirnos y volvimos a los asientos delanteros. Cris esperó a que me retocase un poco con el lápiz de ojos y el brillo labial. Recogí mi pelo que estaba hecho un desastre en un moño alto y saqué del bolso una pinza rosa (igual que mi top) con forma de flor para ponerla en un lado y adornar el moño. Estaba lista.
Por el camino le escribí un mensaje a Bea y me dijo dónde estaban así que fuimos directamente allí. Esta vez los chicos estaban sentados en una mesa dentro del bar, no en la terraza porque en la calle seguía haciendo bastante calor, habían pedido unas cuantas raciones variadas para cenar y mi refresco fresquito estaba esperándome cuando llegamos. Bebí un trago y le dije a Bea que me iba al servicio, ella me acompañó. Sara estaba entretenida con su novio, menos mal porque en ese momento sólo quería a mi amiga de toda la vida.
- ¿Estás bien? – me preguntó cuando entramos al aseo.
- No… - y noté que otra vez volvían las lágrimas - ¿por qué se tiene que acabar todo lo bueno? – ella me abrazó.
- ¿Vais a dejarlo aquí? ¿no vais a intentar seguir? – preguntó preocupada.
- Sí, vamos a intentar seguir en la distancia… pero aun así es difícil saber si va a ir todo bien…
- Nena no llores, que no te vea triste estas últimas horas de estar juntos… sé fuerte ¿vale? Seguro que todo va bien y tú ahora vas a tener que centrarte en estudiar, no puedes estar depre.
Asentí, Bea tenía razón. Nos abrazamos como siempre hacíamos en los buenos y en los no tan buenos momentos, nos dimos fuerza la una a la otra. Sequé mis lágrimas con un pañuelo y respiramos hondo un par de veces intentando que yo me tranquilizase. Después salimos como si no pasase nada y nos unimos al resto del grupo sonriendo. Me senté entre Cris y Bea. Cris me robaba besos cada vez que podía… ¿estaría pasándolo tan mal como yo aunque fingiese estar bien?
Siempre había pensado que los chicos escondían sus emociones mejor que las chicas y hasta ahora mi experiencia me decía que era verdad, lo había vivido con Checo en primera persona, nunca me di cuenta de lo que él realmente sentía… y algo me decía que con Cris era igual, no era capaz de descifrar lo que estaría pensando.
Pasaron las horas, cenamos un montón y bebimos también mucho… yo cambié mi refresco por tinto de verano, porque no iba a poder dormir con tanta cafeína. Después de tres tintos, ya estaba un poco contentilla. Era pasada la medianoche y había que irse ya a casa. Como los otros días, Cris me llevó en el coche y Bea se fue con José en la moto. Lloré en los brazos de Cris cuando nos despedimos en la plaza detrás de casa de Bea, le había pedido que no fuese a la estación de autobús a despedirme porque no quería llorar todo el viaje, pero terminé llorando allí mismo, en sus brazos. Nos dijimos tantas cosas con los ojos que sobraban las palabras entre nosotros pero sabía que le echaría mucho de menos.
Después de mucho rato abrazados besándonos, Bea consiguió que nos separásemos para irnos a casa. Cuando llegamos Carol estaba aún despierta, pero no me dijo nada a pesar de las lágrimas en mi cara, supuse que ella ya sabía lo que pasaba, pero le sonreí para que viese que estaba bien y la abracé como lo hubiese hecho con mi madre… ¿sería capaz de contarle a mi madre o a María todo lo que había pasado en estas dos semanas? Sólo les había contado las cosas que hacíamos en grupo, ni siquiera les había dicho que uno de los chicos era especial… Era hora de dejar de pensar y descansar para el viaje del día siguiente, eran más de tres horas de viaje en autobús porque Bea y sus padres se quedaban otras dos semanas en el pueblo, así que más nos valía ponernos el pijama pronto e irnos a la cama para intentar descansar.
Entre el cansancio físico, el agotamiento mental de llorar y los vinos que me había tomado, tampoco me costó mucho dormirme… aunque a la mañana siguiente me di cuenta de que no había descansado como necesitaba. Desayunamos y Bea y Carol me acompañaron a la parada del autobús.