Capítulo 18 El comienzo de una trayectoria.

1317 Palabras
Yo de una forma inimaginable había acabado con la vida de un simple enfermero de hospital, de una forma inhumana en todos los aspectos, cuando me acerque a la ventana de mi habitación al ver el bello paisaje de la ciudad de Bogotá, quede maravillado, no con la ciudad en sí, sino más bien con las personas que la habitaban; podía ver más allá que cualquier ojo humano, mi vista era superior a la de un halcón, y a pesar de poder ver a miles de metros, también podía ver a dentro de ellos, personas, mujeres y hombres cargando en sus espaldas, bultos oscuros, como los del el pobre enfermero al quien le despojé su vida en un segundo… podía ver asesinos, violadores, secuestradores, traficantes y criminales, rondado libremente entre las masas, entre las personas; eso despertó mi apetito, mi instinto me rogaba salir a las calles para alimentarme de más sustancias oscuras que representaba lo pecados de las personas, quería alimentarme de todos los pecados que se cometían día tras día. Mis instintos de forma sincera, comenzaron hablarme en mi cabeza, dándome ideas cada vez más retorcidas. -          ¿Los ves?  Humanos, se creen buenos, pero en realidad, no existen los humanos buenos. -          Deberías salir a la calle para asesinarlos, si lo haces, absorberás más de los pecados, que opacan y manchan sus almas. -          Si te alimentas de sus oscuros y viscosos pecados, tu, serás tan fuerte, que nadie te detendrá. -          Ya no eres un humano común y corriente, eres mejor, más fuerte, más rápido, más astuto y más oscuro, ningún humano podría detenerte. -          Si, mataste a ese enfermero y te alimentaste de sus actos, imagínate alimentarte de cientos, de miles de inocentes, ellos también son pecadores. -          La comida abunda, y tu apetito nunca saciara, sal a la calle y aliméntate, se libre y come lo que quieras y a quien quieras, ya no eres humano, ¿Qué tienes que perder? Ellos tenían razón, podía asesinar a quien se mediera la gana, podría alimentarme de todo el mundo sin sufrir ningún rasguño, la carne humana siempre me hacía débil pero ahora, mi carne era más dura que el acero, entonces, ¿Quién me detendría? Me reina a carcajadas. -          HAHAHAHA. Mi mente ya no era nada igual, matar o no matar, que importaba, al final no soy humano, no soy José, solo un demonio que está en busca de más víctimas, que importa ser humano, la humanidad, solo es miseria, son solo miserables insectos, comparados conmigo, como leprosos ante un carnicero. Después de renunciar a la idea de seguir siendo, yo; me dirigí a la puerta de mi habitación. Mi cuerpo y mi mente se tornaron malvados y cuando estaba a punto de salir de la puerta, para asesinar a los enfermeros, doctores y pacientes del hospital, la voz de una pequeña niña, carcoma en mi conciencia. -          Papá. Yo de inmediato me detengo, confundo, sobre esa extraña y peculiar voz. -          ¿Quién era es la niña que me hablo, acaso la conozco? -          Papá. -          ¡Hay está de nuevo! esa voz…  ¿Quién es? -          Papá  -          ¿Papá? ¿Yo era padre?, ¿Quién era yo? ¿Quién soy? ¿Qué estoy haciendo? Mi humanidad poco apoco se desvanecía, pero esa voz, evitaba que me convirtiera en un ser, oscuro y sin sentimientos, como si una niña, intentara hacerme creer en mi humanidad y mi voluntad, ante mis nuevos poderes. -          Eres mi papá  -          ¿Soy tu padre? ¿Cómo te llamas niña? -          Isabela ¿Isabela? Al recordar ese nombré, lo recordé, yo era un chico que sufrió durante mucho tiempo, él cuál, fracaso en salvar a algunas personas, pero, aun así, pude levantarme, una y otra y otra vez como un soldado en campo de guerra, fui un huérfano, fui un criminal, fui un conserje, fui un padre y ahora era un demonio que iba a utilizar estos poderes, para recuperar aquella personita que se me fue a arrebatada por uno simples criminales. -          ¡Isabela! es mi hija y yo soy su padre, no sé porque de repente olvide quien era… Recuperé el control, no entendí muy bien porque sentía la necesidad de asesinar, pero gracias a la voz de mi hija, pude recordar quien era yo. Ahora que había recuperado el control, tenía un problema, el cuerpo sin vida del enfermero, aún seguía en mi habitación, el cual aún estaba invadido por la niebla negra que había expulsado por las palmas de mis manos. -          Ay no…   Corro de inmediato, y abro todas las ventanas de mi habitación para ventilar el lugar del humo n***o que había expulsado… pero después de que el humo se esparciera por las ventanas, aun no sabía qué hacer con el cadáver, no recordaba muy bien como lo había matado, y no sabía muy bien qué hacer, no tenía excusa alguna para lo que había hecho. -          No, puede ser, me llevarán a la cárcel por esto… Estaba afligido por lo que había sucedió, pero… En ese momento de agobio, luna, de forma sobrenatural aparece por medio de un portal rojizo como las llamas de color carmesí. Ella no parecía impresionada por lo que había hecho, más bien solo fue sarcástica y burlona. -          oh vaya, con que si lo maste, haha, nada mal, al menos no lo destripaste o algo. -          No pude controlarme detuve su corazón con la niebla, humo o la cosa que salía de mis manos. -          Mm, vaya, vaya, no te preocupes, al fin y al cabo, este hombre, tenía que pagar por sus actos, e incluso con su vida. Luna revisa el cadáver del pobre enfermero y nota que la sustancia negra, la cual yo absorbí, ya no estaba. -          Mm, al final absorbiste sus pecados, nada mal, veo que no me equivoque. -          ¿De qué hablas? Ósea que ya sabias lo que iba a pasar. -          Si, todos los aspirantes a DEMONIOHUMANOS, pasan por una prueba, la cual determina si son actos para el trabajo. -          ¿Matar personas? -          En efecto, tú y yo estamos destinados a matar humanos, humanos malos los cuales merecen ser castigados, tu prueba consistía en asesinar a este enfermero, absorber su malicia y sus pecados y resistir a los instintos mas nefastos dignos de un demonio. -          Pero… yo caí, lo maté, sentía que mi poder me dominaba, deseaba mascarar a cuanto se me cruzará. -          Y lo hiciste, ¿mataste a alguien más, aparte de este enfermero? -          No, iba hacerlo, pero, la voz de un ser amado me detuvo, hizo que recobrara mi humanidad. Luna, suspira aliviada, como si se alegrara de lo que sucedió. -          Haa, que alivio, me alegra que no calleras en tus instintos demoniacos, porque si hubieras matado a más personas, yo tendría que haberte eliminado. -          ¿Qué? -          Nada… regresare pronto, tu, descansa, tu cuerpo es frágil y tu mente también, mantente en control y no causaras problemas. Luna al decir esas palabras, desaparece como por arte de magia, llevándose el cadáver, del enfermero, dejando solo una leve niebla roja la cual se desvanece en segundos. En que me había metido; había asesinado y mi cuerpo ya no era humano, ¿Qué podía hacer? Llamar a la policía no sería una buena idea, nadie me creería por lo que había pasando, aunque quisiera entregarme, o contarle alguien sobre Luna y los acontecimientos turbios y macabros, no podía hacerlo ya que nadie me creería, pero sinceramente, quería usar mis dones para vengar la muerte de mi hija, así que sin más, regrese a mi camilla y espere a que la chica de capucha roja de ojos rojos y labios color escarlata, regresara, ya que luna era la única, con la que podía contar de ahora en adelante.
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