Yo estaba muy confundido, pero no podía estar más tiempo en el hospital, ya que tal vez el próximo enfermero que cruzara por mi puerta, sería el siguiente en fallecer en increíble agonía por la creatura que era ahora, pero tenía que esperar a luna para que ella evitara esos posibles acontecimientos por lo que no podía salir de mi habitación, los días pasaron y luna aun no regresaba.
- ¿En donde estas Luna?…
Los enfermeros, médicos, y doctores, del hospital, entraban y me revisaban impresionados ante mis mejoras, mi cuerpo sabana de una forma extraordinaria y mi estado físico mejoraba de forma misteriosa, ellos estaban impactados, ya que después del accidente, mi cuerpo mejoraba, más que el de un humano normal.
El doctor Luis, un señor de aproximadamente sesenta años, era el hombre que se encargaba de mi estado de salud, él se impresionaba más que cualquiera, ya que su experiencia nunca lo había preparado ante mí y mientras me estaba analizando, él se sorprende de algo.
- Vaya, vaya, tu cuerpo esta sanando de forma satisfactoria, es impresionante como tu cuerpo se adapta y se auto repara.
- Supongo que no soy el primero en sanar de forma exitosa, ¿o si?
- Ha, no, no eres el único, pero nadie sobrevive a ocho balas en el pecho, y mucho menos se recupera por completo, supongo que eres un chico con suerte.
- Jamás he tenido suerte, recuerde lo que sucedió en el accidenté.
- Si, lose, pero, en todos mis años, nuca pude ver que un hombre se recuperara y mejorara tan rápido.
- Supongo que soy especial, es todo.
- Si, tomare muestras de sangre y las analizare probablemente posees defensas en tus glóbulos blancos, que podrían ser útiles a futuro.
- Como guste.
- Entendido, pero antes, te revisare el corazón para un chequeo de rutina.
El doctor Luis acerca su estetoscopio a mi pecho, y de una forma sutil, él se preocupa.
- Qué raro, tu corazón late muy despacio, como si fuera el corazón de un anciano de ochenta y cuatro años.
- No me digas, eso es malo.
- Claro que es malo, tu pulsación es lenta, casi al borde de no latir.
El doctor Luis, decide llamar a su enfermera para que lo ayudara.
- Juliana, necesito que prepares un quirófano para una intervención de electrocardiograma y una posible cirugía a corazón abierto y dile a Sánchez que ayude a preparar el paciente.
- Señor, Sánchez, no se ha visto en ningún lugar, se presume que desapareció.
- No puede ser, seguramente se fue de vacaciones con su familia.
- No lo sé, señor, no sé a presentado al trabajo en dos días.
- Rezaremos por él después, por ahora, debemos prepararnos para este joven.
- Si doctor Luis.
El doctor Luis y su enfermera, se retiran para prepararse de una posible cirugía.
- Prepararemos la sala de electrocardiograma, regresaré en un par de minutos, por favor no te muevas de este lugar, pronto vendrán y te cambiarán.
Cuando el doctor Luis y su enfermera, salieron por la puerta de mi habitación, me preocupe, yo ya no era humano, si ellos descubrían algo raro dentro de mí, seguirían investigándome afondo para responder sus preguntas y yo no quería eso, no quería estar sedado todo el tiempo, mientras experimentaba e investigaban mi cuerpo. Por esa razón tenía que escapar, pero no tenía mi ropa, no podía escapar del hospital en piyama.
Así que sin que nadie me viera, me escabullo hasta el almacén del hospital y tomo la ropa usada, de algún paciente enfermo.
- Perfecto, ahora podre marcharme, sin levantar sospechas.
Cuando me dirijo a la salida, mis ojos de forma repentina, comienzan hacer cosas raras, nuevamente podía ver a través de las personas, podía ver a través de sus ropas, de sus cuerpos, podía ver sus órganos, sus huesos, sus enfermedades y como no… también podía ver sus pecados.
- No ahora no…
Ver tantas cosas, hacía que mi cuerpo nuevamente reaccionara, tenía hambre y deseaba alimentarme desesperadamente de todos los pacientes y enfermeros del hospital, pero usando un gran control de voluntad, logre salir del hospital antes de cometer alguna atrocidad. Pero… eso no cambio nada, ya que, en la calle, todo comenzó a empeorar.
Las personas a por montón, caminaban cerca de mí como carne fresca siendo usada para molestar a un león hambriento, hombres y mujeres, adultos y ancianos, caminaban a centímetros de mí, permitiéndome observar cada suceso cruel que cometieron, desde trata de personas, hasta asesinatos y contrabando. Delitos y pecados de distintos niveles, algunos no tan malos, pero otros imperdonables, haciendo que mi cabeza, poco a poco se desvaneciera, mis instintos se alocaban y mi boca comenzó a babear como si fuera un perro hambriento; Mis manos comenzaron a temblar como si estuviera perdiendo la razón, y en pocos segundos nuevamente comencé a esparcir un poco de niebla negra.
- ¿Señor está bien?
- Amigo, ¿necesitas ayuda?
- ¿Por qué sale humo de su ropa?
Estaba perdiendo el control y gracias a eso atraía las miradas de todos transeúntes, por lo que, sin dudarlo, corro lo más rápido posible hasta un callejón, para así poder intentar controlar mis manos.
Mis palmas comenzaron a arder y el humo n***o que salía de ellas, comenzó a salir por todo mi cuerpo, como si yo fuera una locomotora, una antorcha que se calcinaba así mismo; si nada que hacer, grito desesperadamente.
- ¡Ya para!
Me estaba molestando y de repente, gracias a esa rabia que sentía por no controlar mis poderes, la niebla negra, se comprimió y se materializo en dos oscuras y afiladas dagas.
- ¿Pero qué?
No entendía porque podía crear armas, pero no solo poda crear armas, sino que también podía crear otros objetos, como navajas, hachas, entre otras cosas. Mi poder estaba completamente descontrolado y por alguna razón, la luz ultravioleta del sol, comenzó a lastimarme cual vampiro; estaba muy preocupado, no podía hacer nada, mis poderes al igual que la luz, poco a poco me debilitaban y creía que estaba al borde de perder el conocimiento, hasta que Luna nuevamente se aparece ante mí de una forma cada vez más increíble, parada en una pared, desafiando ya de por sí, las leyes más básicas de la gravedad.
- ¿Qué es lo que haces José?
- Luna, gracias al cielo, ¿Qué me está pasando?
- Nada, es normal, tus poderes sufren un ataque de ansiedad, es normal para un principiante.
- ¿mis poderes sufren un ataque de ansiedad?
- Si, es lo mismo que un perro hambriento en una fábrica de salchichas, aunque lo entrenes para no comerse la mercancía, sus instintos lo obligaran a hacerlo.
- Ósea que, aunque yo no hacer nada… mis instintos.
- Así es, tus instintos humanos te hacen sumiso, pero los instintos demoniacos, te obligaran a asesinar a las personas inocente o culpables, hasta saciar tus ansias de alimentarte.
- ¿puedes ayudarme?
- Claro, ven conmigo.
Luna, usando su magia demoniaca, usas sus poderes para crear un portal en la pared del oscuro callejón creando un hermoso vórtice rojizo de flameantes y bellas escarlatas.
- ¿Qué esperas? Ven…
- ¿Quieres que entre a esa cosa?
- Si, ¿o prefieres quedarte escondido, hasta que no puedas resistir más a tus impulsos malignos?
Ella tenía razón, no resistiría mucho más a mis infames llamados de asesinar personas, así que, sin más que desear, entre de inmediato al extraño y mágico portal, para poder escapar de entre la multitud y así evitar asesinar a más inocentes por mi culpa.