Mi hija había sido asesinada por un grupo de sicarios que solo buscaban venganza, yo había muerto en terrible sufrimiento y en mi muerte, conocí a una hermosa mujer de ojos rojizos y labios color escarlata, la cual me ofreció un trato, regresar a la vida, no como humano ni como hombre, sino más bien como un monstruo, un demonio de sangre fría de alma oscura sedienta de venganza, pero aunque mi alama fue quien cerro el trato con esa chica de capucha roja, mi cuerpo y mi mente no lo recordaban con perfecta claridad, no tenía idea en lo que me había convertido, no recordaba muchas cosas, mi cabeza era todo un embrolló, no recordaba muy bien que mi hija murió incinerada dentro del auto mientras que yo solo era el saco de golpear de aquellos criminales disfrazados de conejos.
Vanesa se incomodó, su piel se tornó pálido, cuando le pregunte donde estaba mi hija, ella no quería decirlo, ya que sabía lo duro que me afectaría la noticia, pero no podía ocultarlo, ella tenía que decírmelo, aunque mi corazón se partiera a la mitad con unas simples y crueles frases…
- Isabela, no está aquí.
- ¿Dónde está? Hoy no tendría clases…
- No eso, no está en clases, tampoco en casa.
Mi pecho dejo de latir, sabía lo que diría.
- José, Isabela, esta… muerta.
Una punzada me golpea en el pecho, como si mis pulmones dejaran de respirar al escuchar eso. Yo no lo acepte y creía que era una broma, una simple broma de mal gusto, odiaba cuando Vanesa decías esas palabras.
- Deja de jugar Vanesa, ¡crees que es tiempo para chistes!
Vanesa se sentía mal, ella sabía cuánto amaba a mi hija y confesarme que falle en mi papel como protector, la devastaba, pero ella actuaba fuerte ya que, quería ser fuerte por mí.
- Es verdad José, ella murió en el accidente, sus restos fueron sepultados hace tres días, mientras aun tu estabas en coma.
Vanesa comienza a llorar frente a mí, no pudo resistirlo, al fin y al cabo, ella también era como la madre adoptiva de isabela, y su corazón, al igual que el mío, se partió en un millón de pedazos como una simple copa de cristal.
- No… no… no mientas, no mi hija.
Me sentía impactado, quería levantarme, quería salir del hospital, pero, mi cuerpo, y mis piernas no respondían como debía, me sentía débil y mareado, pero sobre todo impactado; Vanesa toma mis brazos y en medio de lágrimas, me pide no levante de mi camilla.
- No te levante, aun estas muy mal, necesitas reposar.
- Lo que necesito, es largarme, mi hija no está muerta.
- Y sigues negándolo, sé que es duro, pero siempre me tendrás a mí.
Vanesa, me abraza con todas sus fuerzas, demostrando que me apoyaba en mi duro momento, pero, yo no podía sentir tristeza, yo por alguna razón no pude llorar, ni una lagrima salía de mi ojo; Quería llorar, quería desahogarme, pero no podía, simplemente no lo lograba, como si algo fallara dentro de mí. solo sentía emociones negativas, ira, desesperación, odio, miedo y rencor, quería hacer las cosas que nadie se atrevería, pero mi cambio, no era solo emocional, si no también físico, y Vanesa es la primera en notarlo.
Mis ojos, sufrieron cambios y mi pelo también, mis pupilas pasaron de ser, marrones, a uno más oscuras, y mi cabello castaño como un buen café por las mañanas, paso a ser oscuro como la noche eterna.
- José, te noto más distinto, como si no fuera es mismo.
- Deje de ser el mismo, cuando me contaste lo del accidente, no entiendo como pudiste ser tan cruel.
- ¿querías que te lo ocultara? Ahora crees que yo tengo algo de culpa.
- Creo que todo el mundo tiene algo de culpa, Vanesa.
- Pero…
- Quiero que te largues de mi habitación
Vanesa me consoló y me alentó, pero yo solo podía sentir odio, deseaba desquitarme con ella aun sin ella tuviera algo que ver; Así que la insulté, la culpé y la eché de mi habitación, no tenía control sobre mis emociones, tampoco de mis acciones, por esa razón, Vanesa se aterro, y solo se marchó viéndome como si fuera un nuevo hombre uno muy distinto a su querido amigo.
No sabía que era lo que me pasaba, mi ira, mi cabeza, mi cuerpo, y alama, todo parecía distinto, como si una fuerza oscura dentro de mí me impulsara a actuar y pensar de manera maligna.
Cuando Vanesa se fue dolida por culpa mía, la “chica de capucha roja” se aparece en mi habitación y de forma sarcástica, me felicita por tratar mal a la única mujer que siempre estuvo a mi lado todos estos años.
- Qué bonito es ver una amistad rompiéndose en miles de pesados.
Yo me sorprendí, me impacte cuando la vía saliendo de la nada, pero por alguna extraña y aterradora razón, no me asusté, como si ella fuera algo a lo que ya estaría acostumbrado. Esa linda chica, se me hacía familiar y sabía que ella era la respuesta, a todos mis interrogantes.
- ¿Cómo entraste de esa forma?
- Ah, eso, cosas de demonios, ya te acostumbraras.
- ¿Qué eres tú?
- Soy una amiga, es todo, ¿acaso no puedo saludar a mis amigos?
- Jamás te había visto, ¿Quién eres tú?
- Awww, al menos dime hola, ¿Por qué eres tan frio?, ni que estuvieras muerto
La demonio de capucha roja, era una mujer muy sarcástica, ella se presentó dándome su nombre junto con una breve explicación.
- Yo soy Luna, una DEMONIOHUMANA, una cazadora de monstruos, y tú eres mi creación.
- ¿De que estas hablando? ¿DEMONIOHUMANA? ¿Qué es eso?
- Desde tiempos antiguos, los demonios hicieron pactos con el hombre, ya sea por cosas materiales o hacerlos más fuertes a cambio de sus almas, pero durante los siglos de antaño, algunos humanos, resultaron ser más fuertes y astutos que los demonios, crenado así las razas cazadoras, con poderes más allá de la comprensión humana y espiritual, en resumen, tú y yo, poseemos poderes que nos darna la ventaja, ante cualquier adversario.
- Entonces, eso quiere decir que tú, y yo…
- Así es, ahora eres un cazador, un ser descendiente de un ser oscuro, el trato que hicimos, consiste en recuperar a tu hija de la muerte, a cambió de que me ayudes con algunas cosas.
¿De que hablaba esta mujer? ¿Cómo logro entrar en mi habitación? Tenía un montón de dudas sobre esta chica de apariencia inofensiva, pero la mas grande pregunta que me hacía, era ¿Por qué sentía temor ante ella?