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Tu me amarás

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Descripción

Tras una discusión con su mejor amiga, Tania se propone enamorar a uno de sus compañeros de clase, Johan, quien no tiene el menor interés en ella, por lo que se sirve de las r************* para contactarle, y demostrarle a Dalila que ella si tiene encanto femenino.

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Capítulo 1
– Fue raptada, separada de su hogar y ahora anda entre nosotras aprendiendo a descubrir sus mágicas habilidades. Y esa chica podría ser cualquiera de nosotros. Estos hechos ocurrieron hace aproximadamente 50 años por lo que se cree que ella debe tener bastante edad, sin embargo algunas versiones cuentan que aquella joven nunca envejeció realmente y está viviendo en una eterna juventud llena de inocencia e infantilismo pero siendo aun así una mujer astuta en sus actos. Y eso es todo ¿Qué te parece? – ¿En serio vas a decir eso en la exposición de mitología? –No tengo tiempo para algo diferente, trabajé toda la noche en el proyecto de historia del arte –dijo Tania mientras recogía sus libros de una de las mesas de la cafetería. –Pero eso que dijiste es demasiado… infantil, me refiero… ya sabes, esa historia que siempre estás contándonos –dijo Dalila con una expresión de angustia en coherencia con el tono de su voz. –“Van a reírse de ti otra vez” –dijeron ambas al unísono, demostrando que Tania ya conocía esta frase con anterioridad. –No me importa –dijo Tania con un tono poco convincente, mientras se dirigía a la entrada del comedor rumbo a su aula de clase. Tania desbloqueó su teléfono móvil y empezó a buscar imágenes para presentar en su exposición. – ¿En serio vas a presentar eso? –expresa Dalila con su voz de angustia, vergüenza y enojo mezclados. –No puedo permitir que hagas eso –añadió mientras la jalaba del brazo, desviándose hacia la biblioteca. El instituto Graham Wall, ocupaba un espacio de unos 200 m2 con un edificio de 3 pisos, y el patio de recreo. Por sus pasillos merodeaban muy pocos estudiantes en horas de clase, las cuales procuraban ser estrictas y puntuales; sin embargo ahora mismo estaban en el receso de la mitad de la jornada, y aunque no tenían permitido ingresar a las aulas, Dalila iba a dejar de lado su vergüenza para pedir favores o incomodar a las personas. –Que sepas que esto lo hago por nosotras Tania, por nuestro futuro dentro de estos muros –dijo mientras caminaban hacia su lugar de destino. Habían algunos otros jóvenes por los pasillos pero seguían estando muy vacíos a comparación de cómo se veían en los cambios de clase. –Podemos sacar más problemas que beneficios de estar aquí metidas Dalila, vámonos. Estaban recostadas tras una pared fijándose que uno de los profesores que hacían ronda no las viera. Sus cuerpos en estado de alerta y con el ritmo de su corazón acelerado se preparaban para correr a través del pasillo. –Vamos a la cuenta de tres. –No, no, no, ¡esto es tonto! –le dijo Tania susurrando, con una mezcla de disgusto y diversión en su voz. –1… 2… ¡Ya! – ¡Ya qué! –suspiró Tania mientras corría tras su amiga ahora más animada por la adrenalina de ser descubiertas. Aunque a Tania no le interesaba meterse en problemas; correr y jugar le llenaba el corazón de júbilo, así que sin importar el propósito de ir a la biblioteca, ahora estaba más interesada en el plan de su amiga. Atravesaron el pasillo con un trote suave para intentar pasar desapercibidas, sin embargo las zapatillas vino tinto se su uniforme golpeaban el suelo creando ruido como si un caballo de paso fino galopara por allí. De inmediato el profesor de turno se giró para verlas doblar la esquina rumbo a la biblioteca. – ¡Ey, niñas! No pueden ir hacia allá. Oyendo la advertencia, Tania y Dalila empezaron a reír ahora subiendo unos escalones hacia el segundo piso, dónde no se encontraba su destino pero podrían ocultarse unos minutos para despistar al maestro. Tania se adelantó unos cuantos pasos doblando hacía la izquierda, siguiendo la forma de los escalones que iba en forma de caracol amplio. – ¡Esperame Nía! –Le dijo Dalila con voz algo angustiada y cansada por el trote. – ¡Ay! –sollozó Tania desde el piso superior al que se encontraba Dalila. – ¡Sí! ¿Qué ocurre? –Y subió los escalones corriendo para averiguar qué le había ocurrido a su amiga, cuando unos chicos pasaron por su lado corriendo aún más rápido y le empujaron a un lado, haciendo que está chica replicara el quejido que había hecho su amiga. Los jóvenes iban riendo a carcajadas, bajando los escalones de dos en dos, aunque algunos otros estaban claramente angustiados. – ¡Oigan estúpidos! –les gritó Dalila a los ya alejados jóvenes, con el rostro sonrojado mientras levantaba su dorso del suelo. Al ver que sus insultos eran ya inútiles, volteó a ver a Tania recostada sobre un escalón mirando hacia un ventanal a la izquierda, finalizando los escalones. Desde su posición Dalila no veía lo mismo que su amiga así que sacudió su falda de cuadros grises y vino tintos y se acercó. –Nía, estás bie… ¡oh! Hola –añadió con sorpresa viendo al chico parado frente al ventanal mirando al patio. El muchacho no le devolvió el saludo con palabras sino con un gesto amigable y un esbozo de sonrisa bastante natural. –Hola… estoy bien, sí jeje –dramatizó Tania mientras se levantaba de manera teatral y se sacudía sus medias blancas que llegaban hasta la rodilla. –Hasta luego, debemos irnos… Vámonos ya Tania –la tomó del brazo y la jaló hacia el pasillo al lado opuesto del ventanal. – ¿A dónde se dirigen las señoritas? –dijo uno de los maestros que hacía ronda en el pasillo superior. –Al patio por su puesto, solo veníamos a… – ¿Y el jóven Johan tiene permiso para estar aquí? –interrumpió el profesor a Tania mirando al muchacho que estaba cerca al ventanal. –Tengo malestar, estoy esperando aquí, lejos del ruido… – ¿Y las señoritas por qué no se han ido? -Volvió a interrumpir el hombre. –Queríamos asegurarnos que nuestro amigo estuviera bien… –Hay cristales rotos en el aula de tecnología, profesor –Tania fue interrumpida nuevamente pero esta vez por la profesora Angélica. Tanto las chicas como el profesor se quedaron viendo fijamente hacia el final del pasillo y justo cuando las amigas pensaban emprender la huida el profesor las tomó del hombro. –No vaya a pensar que nosotras hicimos algo así profesor –sentenció Tania, mirando hacia el ventanal buscando un testigo, pero allí ya no había nadie. –Maldición… añadió Dalila.

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