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2563 Palabras
Alguien tenia que romper ese incómodo silencio que amenazaba lentamente sobre mis nervios. Realmente no lo soportaba, y más aún cuando no sabía a dónde nos dirigíamos. Eso era obvio que a Corea. ¿Y como íbamos a llegar? En avión... supongo. Las dudas se fueron aplacando cuando ví la señal del aeropuerto. Ya conocía el camino pero por los nervios me había quedado un poco perdida. En un intento por sacar un tema de conversación produje un sonido con los labios, no sabía que clase de conversación sería más convencional, sin contra el hecho de que no sabía nada de él y que no era una persona accesible, me tenía atada de manos. —Sera mejor que vallamos en silencio—, supongo que noto mis torpes intentos. Sus facciones resaltaban sobre el reflejo del vidrio, que antipático. —¿Le puedo preguntar algo? —Comente, haciendo caso omiso a su plan. En el camino se me habían cruzado muchas ideas que no podía seguir conservando. Al punto de pensar que seria una buena opción que mi madre nos acompañará. Pero él seguía allí, con la mirada puesta sobre la ventana, ignorandome. —Solo hazlo —en el reflejo del vidrio se podía apreciar una expresión condescendiente. Me mordí la lengua y suspiré, no sabía cómo iba a reaccionar asique debía prepararme. Le conté la idea desde el principio hasta el final. En respuesta, me lanzó una mirada petulante. -Desde el principio el trato fue con usted, su madre nunca estuvo en mis planes, ¿Comprende? Además, supongo que su madre tiene un empleo el cual debe conservar. Tenia razón y eso me resulto un poco molesto, en especial porque yo simplemente había pensado en mi y no en el problema que le traería a mi madre. Solté un suspiro y recargue la espalda sobre el asiento, fastidiada. Por las señales podia ver que ya estábamos cerca, lo suficiente como para avistar la enorme contrucción, el aeropuerto. Ahora bien, en lugar de entrar al estacionamiento el chofer entro por otro sitio, la pista de despegue, anunciando de que el viaje no iba a ser en un simple avión de pasajeros, de a poco se iba haciendo notar un enorme Jet de color blanco. Se detuvo al lado. —Llegamos —se bajo del auto y no me esperó. Supongo que es cierto de lo que dicen de la gente adinerada, viajan en su propio mundo de lujos y privacidad. No sentía envidia pero, había cierto rencor por tomar todas las cosas de forma relajada y, dando por sentado que era muy normal el dejar subir a una extraña a su jet, mas aun, ayudarla con una enfermedad que hasta el momento no se ha hallado cura alguna. El viento choco contra mi piel, este estaba afectado por el calido funcionamiento de las turbinas de los demás aviones, acomodados en filas cerca de el enorme edificio. De a poco, podia asir de que unas nubes grises se iban tornando a mi al rededor dando un anuncio previsto de lo que me esperaba. ¿Aun había tiempo de arrepentirse? El chofer me ayudo con la maleta. Este erra mi último día en este lugar, con pocas esperanzas de regresar. Debía tomar el valor suficiente para dar el siguiente paso, el que definiría mi vida. Al mismo tiempo una frágil lagrima se resbalo por mi mejilla, la cual seque rápidamente. Lentamente me fui adentrando en aquella bestia alada, era increíble que la ingeniería aeronautica haya llegado tan lejos con sus creaciones tan avanzadas. Una vez dentro me tope con una par de hombres que vestían de n***o, sujetos que al parecer no había visto antes. Adentrándome lentamente en ese mar de hombres, camine por el pasillo hasta que llegue a donde estaba él sentado. Acto seguido me senté en el asiento de enfrente, lo que causo que me lanzara una mirada muy inquietante. Supongo que no le gustaba la idea de verme la cara, —pues se la va a tener que aguantar. Uno de los que vestía de n***o me lanzo una mirada altiva, y para mi sorpresa se trataba del mismo que le entrego los papeles en el hospital. ¿Que problema tenia contra mi? Aunque debía admitir que era muy sensual para mis gustos, esos labios carnosos y esas facciones viriles eran muy... «Concéntrate» Estaba tan concentrada que ni me enteré cuando el avión despegó. —Este es el contrato—, el señor Kris elevó una mano en hizo un chasquido con los dedos. Entonces el mismo hombre que me comía con la mirada, se puso de pie y se acercó a nosotros, dejando una planilla sobre la mesita que nos separaba, a ambos—. Y él es mi secretario, Joon—, lo señalo sin prestarle atención. Era más apuesto de cerca. —Si, ya me lo había informado—, hinqué el codo sobre el brazo de asiento, a la vez que acomodaba la mejilla sobre la palma de la mano. Sin despegar los ojos de Joon, sonreí, algo que no le resultó muy agradable. Así que, volví mi atención sobre Kris. —Tienes que firmar este contrato—, dejo el contratop sobre la mesita junto con una lapicera. —Primero debo leerlo —lo levanté y le hecho una ojeada. Debía asegurarme de lo que estaba por firmar, en especial si no sabía con que clase de persona iba a trabajar. No era tonta para no saber algo tan importante, pase casi toda mi vida viendo películas de crímenes y drama. Y sabía que a un contrato se le debía leer hasta la letra pequeña. —Son las reglas para vivir conmigo —declaro sin dudarlo. —¿Que? —Respondi atónita, es que... ¿Que más podrías responder a eso? Estaba confundida—, ¿Vivir con usted? —Eso no me lo esperaba, y tampoco me sentiría a gusto, ¿Por que tendría que vivir con él? ¿A caso Corea no era lo suficientemente grande? Titubeé y mi sonrisa desconcertada, desapareció—. ¿Por que tengo que vivir con usted? — En respuesta, se cruzó de piernas y miró por la ventanilla. Al parecer era una manera de ignorar a las personas, o una costumbre bastante irritable. —Es más seguro que vivas conmigo. Corea es muy conocida por está llena de personas que no les interesa lo que hacen los demás. Igualmente, la cantidad de acosadores que van detrás de niñas solitarias. —¿Niña? Yo no soy una niña, puedo defenderme sola—. En definitiva aquello no lo convenció del todo, en especial al ver que sonaba muy confiada con ello. Para concluir me lanzó una mirada penetrante. —No solo eso... Las noticias vuelan en Corea y no tardarán demasiado en enterarse de lo que sucedió en París. Si la tengo conmigo, no abra problemas. Los reporteros no la buscarán. ¿Por que cree que la llevo conmigo? —No me dio tiempo a responder y, no lo necesitaba—. Iba a ser muy fácil que los reporteros la convencieran para que hablara, si no la encuentran estará ayudándome. Al menos, hasta que las cosas se apacigüen estará oculta en mi casa. Me sujete la cabeza intentando de asimilar toda la información, al parecer el vuelo me estaba afectando. Me sentía un poco cansada. —Haber, haber, haber —levante la mano para frenarlo, llamando su atención—. Me está diciendo que voy a vivir con usted, y de paso que estaré oculta, ¿A qué se refiere con oculta? —baje mi mano y espere. —Me refiero a que estará encerrada dentro de mi residencia, no podrá ir a conocer la ciudad de Seúl como una simple turista. De esta manera nadie sabrá que está conmigo, y los reporteros no tendrán ninguna historia que contar—. Me quedé boquiabierta. Me estaba negando mi libertad y de paso, me iba a mantener encerrada en su residencia. Al borde de perder el juicio, fruncí el ceño y mis manos se apretaron en un puño. —Eso es inhumano —replique indignada—. ¿Me mantendrá encerrada solo para su conveniencia? —Mis gritos resonaron en todo el Jet, para terminar con una sonrisa irónica—. Ah, ya veo. Después de todo debí suponerlo, me saco del hospital solo para encerrarme en otro lugar. Solo para que los paparazzi, que cabe recordar, tomaron varias fotos de ambos en plena huída no me encuentren—. Deje el papel todo estrujado sobre la mesa y me crucé de brazos tratando de calmarme. —Lo de ayudarla era verdad, yo siempre cumplo mis palabras. Tengo a varios expertos que podrán revisarla en la comodidad de mi hogar, así no tendremos problemas con los reporteros. Y con lo que sucedió en París... estoy seguro de que su tío sabrá cómo arreglarlo. Aún así, no quería estar encerrada. Y por supuesto, a saber por su sonrisa de satisfacción, daba por hecho de que todo lo tenía planeado. —Aun así... creo que mantenerme encerrada... —murmuré muy bajo, pero para que él escuchará. —Por el momento es lo más seguro. Además, hay muchas personas detrás de mí, personas que harán lo que sea para verme en la calle—. Su satisfactorio sonrisa se fue difuminando hasta tornarse desganada y afligida, ahora su atención estaba sobre aquella ventanilla. Su mirada perdida en las limpias nubes me lo decían todo, se captaba una sutil sensación de soledad rondando en su alrededor, como si hubiera estado solo en el mundo. Había un pequeño brillo en sus ojos que se reflejaba por los rayos de sol. Él me iba a ayudar, lo notaba en su mirada, pero la idea de estar encerrada... no me gustaba mucho. Además él dijo que esto sería solo por el momento, tal vez... después cambie de opinión, no estaré para siempre a su lado, ¿Verdad? Esto solo era un principio para ayudarnos a ambos, luego que pase todo podre volver a París con mi madre y todo será distinto. Al menos si encontramos la cura. A medida que las horas iban avanzando mi cuerpo se iba anestesiando. Además, que el sujeto que tenia en frente no era el mejor para sacar conversaciones. Al final, el cansancio se apoderó de mí dejándome totalmente noquiada. Para cuando desperté detecte que el jet ya no estaba en movimiento, de hecho ya no se podían ver las nubes blancas ni el cielo azul, ¿Ya habíamos llegado? Observe mi alrededor, si, como había supuesto el avión había aterrizado, pues no se movía. Incluso, el señor Kris estaba durmiendo sin siquiera importarle el solo hecho de que ya habíamos llegado. Ahora que lo veía sin alguna incomodidad podia apreciar sus delicadas facciones, tenia un par de cejas bastante envidiables. —Disculpe —una voz masculina me saco de mi estimada evaluación a su lindo rostro. Se trataba de uno de los hombres que estaba sentado detrás de todos, casi en el final. Se puso irguió y camino hacia mi, sin hacer mucho ruido—, sería mejor que se cambiara en la habitación, el clima de Corea es bastante frío—, mis ojos pasaron del sujeto a el señor Kris, quien al parecer no iba a levantarse por un buen rato. —¿Donde esta mi maleta? —Lo seguí hasta la supuesta habitación en el fondo del Jet. —Sobre la cama encontrara un conjunto de ropa —me quedé algo extrañada, ¿De dónde lo habían sacado y por que? Yo tenía mi ropa. Confundida, entre dentro de la habitación cerrando la puerta detrás mio. Era un poco pequeña pero, me que de sorprendida al notar un hermoso conjunto: de color rojo con n***o, unos jeans junto con una musculosa y una blusa de cuello, un saco bastante largo y pesado, de rojo fuego. No tarde mucho en ponerme aquellas prendas y salir de aquel pequeño lugar. Aunque no sabia la razón de la ropa nueva, supuse que no se trataba de un regalo. En mi divagacion me tope con la figura del señor Kris, quien ya no estaba sentado. —Por aquí señorita —la puerta de salida estaba abierta. En cuanto la cruce un gélido viento me carcomido los huesos. El hombre tenía razón. Me abrace a mi misma tratando de lograr la calor que necesitaba, y a la vez que intentaba que el saco no saliera volando, me lo había colocado por encima sin pasar los brazos por las mangas. Mala idea. Con extremo cuidado baje las escaleras y mire a mí alrededor, era mas que claro que no se trataba de París, ya lo habíamos dejado atrás. Algo admirada por encontrarme con el enorme aeropuerto de Seúl, baje la vista detectando un auto gris perlado, reposando sobre él estaba el señor Kris. Ahora tenía unos lentes de Sol oscuros, abrió la puerta de atrás cediendome el paso, algo que hice sin reservas. Hacia demasiado frío. Ya en el auto el silencio se coló en el aire. —¿Por que la ropa nueva? —no me fije en el, simplemente quería escuchar su respuesta, además estaba bastante entretenida con esta nueva ciudad. —Supuse que no habías traído ropa tan abrigada —su voz gangosa fue la único que se escuchó en el corto espacio que había entre los dos. —Gracias —no tenía más para decirle, pero—, firme el contrato. No por que confíe en usted, si no por que confío en mi—, lo observe de soslayo alcanzando a divisar una cohibida sonrisa de su parte. Todo en Corea era y se veía muy actualizado, pantallas por doquier, tanta gente de aquí para allá cómo si fueran corrientes de ríos. «Ah, a eso era a lo que se refería», gente que no se interesa en ti. Contemplaba la sola idea de que todas esa personas tenían unas visas atareadas y que tarde o temprano llegarían a sus hogares para relajarse y, uno que otros para seguir trabajando. Tan solo tardamos unos treinta minutos, hasta que llegamos a un enorme portón de color n***o, el cual al cruzarlo un hermoso paisaje lleno de césped y pequeñas arboledas cuadradas se plasmaron en mis ojos. Mientras avanzábamos, una enorme mansión comenzó a visualizarse. El camino llegaba hasta el frente de la enorme contrucción, en donde, podías dar vuelta al rededor de una gran fuente. Al bajar el lugar se percibía mas grande de lo admirado. Incluso en todo el rededor estaba lleno de flores, rosas para ser mas exactos, rosas rojas. —¿Se quedará mirando o va a entrar? —la voz del señor Kris arruinó el hermosos paisaje. Estaba anocheciendo así que el clima estaba más frío, rápidamente le seguí por las escaleras hasta la entrada. La puerta era bastante alta y de un color marrón oscuro—, entre —abrió la puerta y me cedió el paso. Sumado a esto, tan solo fue cosa de cruzar la puerta y, todo lo que estaba dentro deslumbraba lujosidad y delicadeza. En frente del enorme pasillo había una ancha escalera que llevaba al segundo piso, mientras que del techo caía un hermoso candelabro. De la nada una señora mayor se acercó a nosotros e hizo una pequeña reverencia.
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