En este momento estaba arrepentida de no haberle contado la verdad, aun qué tarde o temprano se iba a enterar. La conocía muy bien como para dudar de ello. «Mejor tarde que nunca»
—Oh, muchas gracias por haber traído a mí hija al hospital—, estaba muy agradecida y esto no lo podía comprender el Señor Lee, después de todo, él había sido parte del accidente y a quien se estaba inculpando.
Algo que me supo muy amargo en ese instante.
—No le agradezcas demasiado —murmuré de mala gana.
Pero mi madre seguía insistiendo. Y esto lo confundía a un más, hasta que por fin reaccionó;
—¿Me permitiría hablar a solas con su hija? —Aquellas palabras me turbaron esparciendo un grito interior, «no» no quería estar a solas con él, no otra vez.
Entre titubeos mi madre aceptó.
—Por supuesto—, con tranquilidad camino hacia la puerta y antes de cerrarla me dedicó una sonrisa.
Mientras que por mi, había un gran arrepentimiento debido a la mentira que le expliqué, todo por tomar una ventaja del asunto. Espero que esto no me lleve a problemas más grandes que el ocurrido, después de todo, él estaba aquí una vez más. Tal vez sea una buena señal.
—¿Qué hace aquí? —le replique sin mirarle a la cara. La mejor manera de averiguar sus verdaderas intenciones era haciéndome la difícil. Solo espero que funcione, no soy una buena actriz.
—Quería saber cómo seguía —su voz desganada y viril capto mi atención, llevándome a posar mis ojos sobre los suyos. Mala opción, sus perlas negras me quitaron la cubierta que trataba de conversar, llenando mi estómago de un insólito cosquilleo.
—Es- estoy bien—, desvíe la vista y levante el brazo izquierdo que poseía el suero—. Mí madre no sabe que fue lo que sucedió realmente, aún que no dudo que se entere muy pronto—, comente con disgusto.
—Ah, por eso fue tan amable —inquirio anonadado, esperando unos segundos, intentando de comprender el por qué—. Tu enfermedad... —Lo interrumpí antes.
—Mi enfermedad no tiene lógica ni explicación, no puedo tocar a los hombres y punto—, que preguntarán me ponía tensa y me molestaba.
—Noto que por tu forma de cortar la conversación, no le gusta hablar sobre ello—. Se cruzó de brazos, resignado.
Qué bueno que lo noto.
—¿Que viene a decirme ahora? —me crucé de brazos e imite su expresión.
—Necesito que hable con los reporteros, si lo hace... Le ayudaré, no tengo mas que ofrecer—, sin más que agregar comenzó a caminar hacia la puerta, sin siquiera escuchar mí respuesta. E incluso relentizo sus pasos, un movimiento muy astuto de su parte. —¡Espere! —Se detuvo antes de abrir la puerta. Juro que sentí una sonrisa de satisfacción venir de su parte, aún cuando no podía ver su rostro. Si hubiera querido que hablara con los reporteros la mejor opción era ofrecer eso de primer plano, que lo dijera justo ahora era muy competente. «Ya se» —fue Maxima, ¿Verdad? ¿Que le dijo?
Al voltear ladeó mínimamente la cabeza tratando de deducirlo. Por la sonrisa ladina que adquirió, desmaraño las obvias deducciones. «Maxima desgraciada», te adelantaste.
—Supongo que ese era su nombre...
Apreté los dientes oyendolos rechinar, ¿En serio él podía ayudarme? Máxima era muy astuta, pero ¿realmente podía confiar? Cerré los ojos y apreté los puños sintiendo la aguja que traía en el brazo, debajo de mi piel. Había un mar de prejuicios y dudas recorriendo por mi pobre cerebro, el orgullo también era acarreado por todo.
—Esta... Bien... —precione los labios ahogando las palabras—. Ne- necesito... Su... —abri los ojos y solté un suspiro rendida, «ok» —Lo ayudaré si usted me ayuda.
Esto jamás iba a acabar si me negaba, ambos íbamos a ganar. Al igual que mi tío, ahora era yo la convencida y sobornada. «Tan amargo». Aún así, les iba a demostrar que no me había rendido, no quiero darle la razón a Máxima, me niego a aceptarlo.
—Es un trato.
—Hablaré con los reporteros —agache la cabeza resignada—, ¿Qué debo hacer? —Si esto era un trato debía cumplirlo.
Comenzó ha hurgar dentro de su saco, extrayendo de él un celular. Marco y se lo llevó a la oreja, posando la atención sobre mi.
—Tráelo —comento y colgó, regresando el aparato a su lugar.
No fueron ni treinta segundos que, por la puerta entró un hombre joven: de cabello oscuro, ojos rasgados y color chocolate, junto con unos labios carnosos, piel bronceada y cuerpo fornido, era de apariencia más grande que el señor Kris. Incluso su mandíbula era cuadrada y viril. Muy apuesto, pero con una mirada turbia y seria.
Por su apariencia de traje gris, supongo que era su Secretario. Le entrego un bulto de hojas y se marchó, para mí sorpresa, antes de que cerrará la puerta me lanzó una mirada asesina, de tal forma que mi cuerpo se tensó. ¿A caso todos ellos eran así? Listos para fulminar en la primera mirada y muy apuestos.
—Supongo... —susurre para mí.
¿Hay oportunidad para arrepentirse? ¿Quién era ese tipo?
—Él es Joon—, emanó al ver que no apartaba la vista de la puerta, «¿A caso era psíquico?» —Estas son algunas de las preguntas que le harán—. Me entrego las hojas y espero a que las mirará.
Vasilante, le eché una ojeada. Las preguntas traían sus respuestas en la parte de abajo, solo había un problema. Inquirí una sonrisa irónica y deslizando cada una de las hojas, esa sensación de ironía y hastío me invadieron. Deje los papeles sobre mi regazo y lo observé.
—¿Quiere que diga esto? —replique.
—Si —expreso sin vasilar y esa expresión tallada se plasmó nuevamente.
En ese instante, el clima soleado que me rodeaba se había envuelto en una nube oscura y turbia, la causa, lo que estaba escrita en aquel papel. A penas lo conocía y debía ponerlo en un pedestal en cada respuesta, era realmente egoísta. Nunca que hubiera escrito un tipo de aclaracion sobre lo sucedido, al menos esa mentira sería creíble.
—¿Cree que se creerán esto? —Me crucé de brazos molesta e insatisfecha—. ¿Por qué debería hacerlo? —lo mire desafiante.
—Por que así es el trato, esas respuestas son puras palabras —se excuso como si no fuera tan importante. En parte tenia razón, eran puras palabras vacías en mi boca, pero, eran tan desagradables que mi lengua podía sentir el sabor amargo y detestable.Comenzó a rodearme llegando hasta la zona de la ventana.
—Estas palabras no son puras, son falsas y ególatras —me daba asco tener que sujetar aquel papel, entre mis manos.
—Hace mucho drama por unas pocas palabras, eso no ayudará a que esto se resuelva —me miraba como si todo tuviera sentido y razones aceptables. Mientras que para mi seguía siendo una estupides—. ¿Quiere que la ayude realmente? —me dio la espalda para poder mirar por la ventana.
—No sé si confiar en usted —le di otra ojeada a las preguntas. Las dudas no se apartaban de mi mente.
—A las palabras se las lleva el viento, dame hechos y yo haré lo mismo—. Mientras más viejos más sabiduría. Este era, mientras más viejo más odioso.
Tenía una gran inquietud cargando sobre mí pecho, ¿Que tan confiable era? De repente, la puerta se abrió y mí madre entro con la expresión más aterradora del mundo, aquélla que ponía al enfureserse mas de lo normal. Algo era seguro, ella ya lo sabía todo. Uno de los hombres vestidos de traje, entro y la sujetó fuertemente para que no avanzara.
—¡Haste a un lado! ¡Voy a destrozar a ese monstruo! —encolerizada e indomable trataba de soltarse del agarre del guardia, quien se había parado en el medio como escudo.
Mi madre no pudo avanzar más de tres pasos, aquel guardia era realmente fuerte. Si intentaba pasarse la agarraba por la cintura.
—¡Mamá! —trate de llamar su atención y calmarla, no quería que se zegara de ira—. ¡Mamá! —volví a gritarle, esta vez con éxito logré llamar su atención y calmarla—. Mamá, está todo bien, ya estoy bien.
—¿Cómo se atreve a estar aquí? —volvió a dirigirle la mirada al señor Kris.
—Yo pagaré la cuota del hospital y ayudaré a su hija a buscar la cura para su enfermedad—, coloco las manos detrás de la espalda y camino hacia mí madre. Con total seguridad se le paró enfrenté—. Ya olvidamos el accidente, estoy en una tregua con su hija —hablaba tan tranquilo y seguro de sí mismo, como si todo ya se hubiese arreglado.
—¿Eso es cierto? —Paso su mirada, de él a mi. Para calmarla acentí rápidamente. No quería que mí madre se enfermara de alguna cosa rara, era mejor dejarla fuera de esto—. Quiero hablar a solas con mí hija—, podía ver el fuego saliendo de sus ojos.
—Sueltala —ordeno al guardaespaldas, y salieron ambos de la sala.
Mí madre se apresuró a llegar a mí lado y sujetarme las manos.
—¿Que es esto? ¿Que estás haciendo? —nunca la había visto tan preocupada—. ¿Y si es una trampa? ¿Que harás entonces?.
—Estará todo bien —moví sus manos con cariño—. No te preocupes—, sacudí mis palmas de forma juguetona.
—Pero no lo conocemos. Y si te...
Ni siquiera yo estaba segura de mi desición, pero debía intentarlo. De lo contrario, siempre me quedaré en una casa y un hospital tratando de sobrevivir, eso no es vivir... y quiero vivir.
—Todo estará bien. Si fuera mala persona no me habría traído al hospital, y no pagaría la cuenta del hospital. Y más aún, no se ofrecería a ayudarme. Mamá, se que te preocupa, pero... —no sabía si decirle esto o no, ¿Cómo decirle para que no le afecte?—. Ya soy mayor... Me dijistes que ya debía comenzar a salir sola, y eso incluye tomar mis propias decisiones.
—Ahora me lamento el habertelo dicho. No quiero que salgas lastimada.
—Y no lo haré —la abracé—. Todo estará bien.Debía mostrarme segura y convencida de mi decisión, de otras mi madre nunca estaría tranquila. ¿Que otra cosa podría pasarme?
Para mí sorpresa, el señor Kris llegó minutos después que mi madre abandonará la habitación. Junto con él entraron dos hombres con vestimenta casual, y cámaras un poco grandes como para ser unos simples reporteros, pues traían la placa de prensa colgando del cuello.
Ok, el momento de hablar con ellos había llegado.
Minutos después llegaron dos chicas con la misma placa colgando del cuello.
—Iremos en vivo —comento uno de los hombres, llamando la atención de el señor Kris quien lo observó con sospechas. Una de las chicas me coloco un pequeño micrófono en el cuello del camisón. Luego levantó el pulgar señalándole al de la cámara que todo, ya estaba listo—. Te daremos unos minutos para que te prepáres.
Al oír aquellas palabras un sudor frío recorrió mi espina dorzal y mi cuerpo se llenó de temblores, tantos que se me hacía difícil mantener el papel quieto.
Tratando de ignorar el solo hecho de que tenia todas las miradas sobre mi, intente concentrarme. Una de las preguntas captó mi atención; ¿Que había sucedido en la oficina del CEO Lee Kris? La respuesta me sorprendió aún más.
Levanté levemente la vista para verlo a él y luego la baje.
Al parecer, al llevarme a la oficina me dió emergencias por adelantado, ahora sabía la razón del punto rojo en mi brazo. Secuelas de haber recibido suero.
¿Realmente esto había sucedido? No sabía que creer, algunas preguntas tenía respuestas falsas, ¿Está era una de ellas? Aunque tenía pruebas con el punto rojo.
—Ok, comenzamos en treinta —anuncio el otro hombre que estaba detrás del que portaba la cámara, sacándome de mis pensamientos.
Los nervios aumentaron llenado mis manos de sudor. Sumado a esto, el señor Kris no despegaba la mirada de sobre mí en ningún momento. Los treinta minutos pasaron lentamente, hasta que el conteo comenzó.
—Tres, dos, uno —incluso la chica que se sentó a mi lado para hacer las preguntas, hizo el conteo con los dedos—. Hola, y buenos días para todos. Como todos los días les traemos las noticias del día. Y el día de hoy estamos en vivo con la señorita Katy Blue.
Cómo era de esperarse hicieron muchas preguntas, la mayoría estaban escritas en el papel, por lo que no fue difícil responderlas. Mientras que el señor Lee estaba detrás de las cámaras, con la espalda pegada a la pared y los brazos cruzados, inundando la habitación de seriedad y mal gesto.
—El CEO Kris es bastante admirable por haberla ayudado, y haberla traído al hospital. Nuestras redes están llenas de preguntas de los espectadores, y algunos se preguntan si sus respuestas han sido manipuladas. ¿Podríamos saber su opinión? —La entrevistadora cambio su expresión, «era una pregunta manipulada» quería saber la verdad. Lee se despegó de la pared y sus brazos cayeron a sus costados, ahora se veía más preocupado.
Me quedé paralizada, debía responder, ¿Por qué había venido esa pregunta tan obvia? Era el momento, debía decir una mentira o la verdad. Solté un suspiro y miré a las cámaras.
—Las respuesta son sinceras, y no hay ninguna manipulada —sonrei con nervios y observé al Señor Kris. Entonces un extraño silenció inundó mí mente. Sus ojos se veían muy hermosos, oscuros e intimidantes, pero con un tono intrigante, como si se tratara de un cofre cerrado y sumergido en las profundidades del océano, imposible de descifrar y abrir.
—¿Que nos dice de las escenas capturadas por nuestras cámaras? —Saco una tablet de algún remoto lugar y me la entregó. Al verlas me quedé en Shock, eran las fotos que tomaron los periodistas cuando irrumpieron en la habitación.
—Esto... —me quedé perpleja mirando a el Señor Kris. Un eco lejano inundó mi mente, mientras me hundía en un silenció mental. No estaba lista para esto, mi falsa actuación se quebró.
—¿Realmente no está siendo intimidada? Después de todo, se dice que la llevó a su oficina, ¿Tomo fotos vergonzosas de usted? ¿La tiene amenazada? —El bombardeo de preguntas me habían dejado en blanco y turbada.
—La entrevista termino —la voz del CEO apenas era audible.
Cuándo pude reaccionar ya era demasiado tarde, no había ningún reportero a la vista, se habían ido. «Lo arruiné» adiós a la esperanza de aquella ayuda, nunca iba a recuperarme. Supongo que tendré que vivir así por el resto de mi vida.
—Enserio... Lo siento —comente al borde de las lágrimas.
Lo mire y él camino hacia mi extendiendo la mano con mi celular color holográfico.
—Despídete de tu madre ahora mismo —un escalofríos subió por mi cuerpo y me sentí palidecer. Su mano quedó extendida frente a mi, mis manos estaban paralizadas, aún que quisiera no me obedecían.
—¿Por qué? —¿Sera una señal de que acabará con mi vida? ¿Por qué me pidió despedirme? Lo mire con temor. Su expresión sería y dura me encogieron el estómago.
—Nos vamos hoy, no pienses nada descabellado—, los nervios descendieron un poco, no me iba a matar.
«¿Espera, que?»
—Espera, ¿Irnos? ¿Hoy? ¿A dónde? —Demande, casi ahogandome en cada pregunta. En vista de que no lo iba a agarrar, me lanzo el celular sobre las piernas. Y yo, con un gran temblor en mis manos tome el pequeño aparato.
—Si, ahora, a Corea. Después de que enfocarán tu pálida cara, todos los reporteros llegarán en minutos. Ahora de pie—, me saco las sábanas de encima y comenzó a buscar algo en el alrededor. Me levanté de la camilla dejando que el piso frío me despavilara.
Aún me sentía débil y no comprendía que estaba haciendo.
—No puedo irme ahora, mi madre se molestaría mucho —comence a seguirlo con la mirada, mientras que el celular era estrujado por mis manos—. Además, nunca acordamos de que iría a Corea.
—Por eso el celular —abrió unos cajones y encontró lo que buscaba, de dónde saco unas gasas y regreso a mi, rápidamente—. Extienda la mano —algo distraída por su extraño comportamiento, me negué a obedecerle—. ¡Ahora! —me encogí del susto.
Al mismo tiempo, uno de los guardaespaldas entro por la puerta, se veía bastante agitado.
—Llegaron —declaro llevando una mano a su oído. El Señor Kris me miró de reojo y sus ojos se oscurecieron.
—Tu mano —negué nuevamente con la cabeza, y con gran velocidad sujeto mi mano y me enrolló la muñeca con las gasas. Solté un débil gemido debido a el piquete de su tacto.
Ahora sabía para que quería las gasas. Me sujeto por la parte cubierta por las gasas, y me saco el suero de un jalón en seco.
—¡Ay! ¿Que le sucede? —grite. Pudo haberme lastimado una vena o peor. Me jaló nuevamente, pero ahora hacia la puerta. El guardaespaldas la abrió y salimos por el pasillo a paso veloz. Nos detuvimos enfrente del ascensor—. ¿A dónde me lleva? —Por mucho que me esforzara, no me miró y simplemente entramos al ascensor, en cuanto se abrieron las puertas.
No entendía absolutamente nada, y no podía soltarme de su agarre era demasiado fuerte como para poder hacerlo. Tenia miedo, ¿Me estaba secuestrando? Aun que, para eso tendría que ir en contra de mi voluntad y poner resistencia, algo que no estaba haciendo.
En ese instante en el que las puertas se iban cerrando noté unos ojos claros que se clavaban sobre mi, desparramando una electricidad sobre mi cuerpo. Su expresión me carcomía el alma. La mirada de una madre confundida se clavaba en mis pupilas.
De pronto, un cuerpo se interpuso entre ambas obstruyendo antes de que las puertas pudieran hacerlo.
—Esto es una locura —emane en un suspiro, al borde de perder la cordura.
Noté que su mano seguía sobre mi muñeca las gasas habían funcionado y, ahora íbamos directo hacia a bajo, los pisos se iban acortando uno por uno hasta que se abrieron las puertas.
De a poco, las luces cegadoras comenzaron a hacerse presentes, amenazando con dejarme ciega. Fue hay que deduje que la mano de Kris eran más calidas que los rayos de sol en un amanecer. Pues su mano se ajustaba sobre mi muñeca a medida que las puertas se abrían, —en cámara lenta cabe decir—, y el sonido de las cámaras rebotaban sobre las paredes, inundando mi cuerpo de temor. Inconcientemente di dos pasos hacia atrás pegándo mi espalda contra la pared del ascensor.
Al notarlo me miró de soslayo y por unos mini segundos nuestras miradas se encontraron, sentí como sus cálidos dedos se entrelazaron con los míos. Fue entonces que mi corazón comenzó a latir con fuerza y todo a mi alrededor se volvió en cámara lenta.
Ignorando todo lo que me inundaba en ese momento, un sorpresivo jalón me saco de dentro del ascensor. Pasamos por entremedio de todos los periodistas que eran retenidos por los guardaespaldas.
No me había percatado de mis pies descalzos hasta que comencé a correr y se me congelaron por el gélido piso, llevandome a casi caer, de no ser por el señor Kris quien me agarró con más fuerza, habría terminado de cara en el suelo.
Como pudimos entramos dentro de un auto n***o. Dejando el tormento de las luces detrás nuestro, desapareciendo a medida que avanzamos.
Ambos estábamos un poco agitados, cosa que concluyó al recordar que estábamos tomados de las manos. Automáticamente, me soltó y como si nada hubiera pasado fijo el rostro hacia la ventana, ignorandome en su totalidad.
Mire mi mano, la cual, estaba bastante roja pero, no había ningún dolor, solo un suave calor que subía por mi brazo, se sentía extraño pero... agradable, una sensación nueva. No dije nada y me dispuse a mirar por la ventana, necesitaba mis cosas si iba a irme a otro lado.
Pero sobre todo, no entendía por que mi mano no habia sufrido causa alguna, el calor habia quedado estante sobre mi piel, lo único que pude sentir en ese momento fue a mi corazón acelerándose y un mar de sensaciones, ¿Sera algún tipo de bloqueo? Imposible.
No tenia tiempo para pensar en eso, ahora tenia un asunto mas importante.
—¿Enserio me llevará con usted? —dije en casi un susurro, sin apartar la mirada de la ventana.
—Si —fue lo único que dijo, tan distante y desinteresado.
—¿No me dará opciones? —volvi a replantear.
—No —nuevamente sin interés.
—Al menos, déjeme pasar a buscar mis cosas —la paciencia se me acabó, voltie a mirarlo con el ceño fruncido. Necesitaba lo mío y eso nadie me lo iba a quitar—. Al menos déjeme recoger mis cosas, ya que no podré despedirme de mi madre personalmente. ¡Incluso esto podría ser secuestro! —gruñi, a lo que él ni siquiera sé inmutó.
—Iremos por sus pertenencias, y de ahí iremos al aeropuerto —su atención fija en algún punto fuera de la ventana le daba un carácter serio. Una victoria que me supo a fracaso, iba a tener lo que quería, pero no podría despedirme de mi madre personalmente.
Al llegar a casa me baje rápidamente y entre por la parte trasera de la casa, no tenía llaves, ni zapatillas así que la mejor opción era la ventana que daba con la lavandería. Por alguna razón el CEO iba detrás mío.
—¿Por qué me sigue? ¿Iré por mis cosas y volveré? —Insistí mientras intentaba abrir la ventana—. ¡Rayos! Está cerrada—. Era raro que estuviera cerrada, la mayoría de las veces mi madre la dejaba abierta para que los gatos callejeros entrarán a comer. No sé por qué, pero le obsesionan los gatos y como no podía tener uno, acogía a los menos favorecidos.
—Muevete —mis pies se habían entumecido nuevamente, así que me moví lentamente. El CEO se colocó de orilla y ni siquiera me dejó terminar;
—¿Qué va a ha...? —de un codazo rompió la ventana, solté un fuerte suspiro y por poco me desmayo—, ¿Qué hizo? Mi madre va a matarme —exclame alterada al borde del colapso.
—Cuando lo noté no estará aquí—, abrió la ventana y entro primero. Había vidrios por todo el piso, no podía entrar—. Vamos—, movio su mano para que entrara por la ventana. Al parecer, no había notado que me había sacado del hospital descalza.
—Estoy descalza, no puedo. Abra la puerta —le señale la puerta que estaba al lado. Escuché el cerrojo y la puerta se abrió.
Busque rápidamente todo lo necesario y lo metí dentro de una maleta. Las zapatillas fueron lo primero que me puse. La computadora y la tablet fueron lo segundo, y la ropa por lo último junto con documentos.
No sé por qué le estoy siguiendo la jugada, debo haberme vuelto loca.
Cerré la maleta y baje rápidamente hasta el primer piso, el CEO estaba mirando las fotos que posaban sobre la chimenea. Se quedó absorto en una de ellas, una en la que estabamos mi madre y yo en la torre Isfel.
—Esa fue la primera foto que nos tomamos, luego de que llegue a París. Me adoptaron a los tres años.
—Ya tiene todo —dijo girando a verme. Asentí algo preocupada.
—¿Y si a mi madre le pasa algo?¿Y si ella ya no quiere verme? —mi voz temblorosa era lo único que se escuchaba en la pequeña sala. Las lagrimas amenazaban con salir.
—Entonces significa que no te quiere —paso por mi lado y salió de la sala dejándome con una gran punzada en el pecho—. Vámonos, se hace tarde.
Con todas las emociones a flor de piel mire a mi alrededor, y tras un gran suspiro me dispuse a abandonar aquella pequeña casa que había sido mi hogar todos estos años.
Subí al auto, y poniéndolo en marcha salimos hacia el aeropuerto.
Mi celular se había quedado sobre el asiento, ¿En qué momento lo había traído conmigo? Lo levanté y marque a mi madre, sonó y sonó pero nadie contestó enviándome al buzón de voz.
—Mama—, el CEO me miró y me encogí en la puerta para que él no escuchará mi mensaje—. Lo siento, espero que puedas perdóname. Estoy haciendo lo que me dijiste, si me curó podré vivir como tu querías. Enserio lo siento. Y adiós—. Corte, mientras las lágrimas volvían borrosa mi visión, el CEO saco un pañuelo y lo extendió frente a mi—. No lo necesitó—, de repente el auto paso un bache y mi cabeza se estrelló contra el vidrio, un sonido bastante fuerte inundó el auto y mis oídos.
—Creo que lo necesitarás —bufo. Me lance a llorar como si no hubiera un mañana mientras, me sovaba la cabeza, me había dolido mucho—. Si sigue llorando nos va a ahogar—, amenazó bastante irritado.
Le tocó el hombro al chófer para que se apurara.