Como tantas noches, las cuatro estaban en el dormitorio de María. Era la única que vivía sola. Sus padres contaban con un departamento en el centro de la ciudad y como era hija única no tuvieron problemas en dárselo. Aunque su madre la extrañaba demasiado y solía llamarla e incluso visitarla con frecuencia, ella se sentía a gusto allí
-Contanos de nuevo, desde el principio, Clari.- volvió a decirle Ana con su habitual impaciencia para conocer una historia con todos sus detalles.
-Ya les dije, no hay mucho para contar. Fue él quien me vino a buscar, él le dijo al guardia que estaba conmigo, me ofreció un lugar en el escenario para verlo y me pidió que lo esperara.- dijo aún con lágrimas en los ojos.
-Si hasta me…- comenzó a decir mientras pasaba su mano por aquella mejilla que Esteban había acariciado.
-Pero seguro entendí mal.- dijo negando con la cabeza mientras se obligaba a apartar la mano de su rostro.
-No, no entendiste mal Clari, ¿Pero que dijo cuando lo fuiste a buscar?- preguntó María mientras se sacaba el maquillaje con aquella costosa crema que le había regalado su madre.
-Vi todo el show desde el costado, hasta crucé varias miradas con él e incluso me sonrió.- dijo comenzando a llorar de nuevo.
-Pero cuando terminaron de tocar, el escenario se llenó de gente. Lo perdí de vista por un largo rato. Casi me voy para buscarlas, cuando el bajista me vio y me indicó que se iban a un bar. Estaban terminado de cargar los instrumentos y yo lo seguí hasta la salida trasera.- Clara hizo una pausa, como si se avergonzara de lo que estaba por contar.
- ¿Y lo viste? - le preguntó Ana ansiosa.
Clara asitnió con la cabeza y comenzó a llorar con más intensidad.
-No sólo lo vi, lo escuché y eso fue peor.- dijo mientras tomaba el pañuelo que le ofrecía Rosa y se sonaba la nariz.
-Estaba con una chica en su falda, era una morocha demasiado delgada que lo abrazaba y le hacía algo en su oreja. - dijo con desagrado.
-El bajista le preguntó si su amiga iba con ellos y él pareció no entenderle. “La de tetas grandes que estaba en el escenario” le dijo y Esteban se rió. “Pobre, cree que la voy a invitar, pero ya tengo compañía”, le dijo justo cuando el conductor bajó la ventana y nuestras caras se encontraron. - les contó Clara volviendo a sonar su nariz.
-¡Qué idiota! - dijo Ana dándole un golpe a la mesa.
-Chicas, nunca me sentí tan humillada, me sostuvo la mirada, ni siquiera quiso disculparse y como si quisiera demostrarme algo más se puso a besar a ese escarbadientes con patas.- dijo Clara dejando que sus lágrimas asalten sus mejillas.
-No sé que le ves a ese sucio de pelo largo.- le dijo Rosa intentando quitarle importancia a aquel hecho.
-Rose, por favor. No ves que está mal.- le señaló María, mientras le acercaba un vaso de agua a Clara.
-Sólo digo la verdad.- dijo Rosa.
-Ese chico no vale tus lágrimas, Clari. Sos linda, inteligente y demasiado buena. Olvidate de ese rockero sin talento. Por cierto, su música es un asco.- agregó Rosa mientras intentaba acomodarse el cabello rizado.
Ana y María suspiraron.
-En eso último si tiene razón. La banda apesta.- dijo Ana, logrando que Clara por fin se riera y dejara de llorar por un rato.
Al verla sonreír Rosa lo hizo también. Quería a Clara. Las quería a las tres, pero Clara era tan inocente, que a veces sentía que necesitaba ser protegida. Estaba perdida en aquellos pensamientos cuando Ana la sorprendió.
-Rose, no pienses que te salvas de contarnos de tu príncipe azul.- le dijo divertida.
Y Rosa fingió indiferencia.
-No sé de quién hablas.- les dijo con su mirada esquiva.
-Vamos, Rose, bailaste toda la noche con un príncipe y no nos vas a contar nada.- le dijo María.
-¿Tan guapo era?- preguntó Clara mientras continuaba sonando su nariz.
-¡No sabes! Y no dejaba de mirar a Rose.- dijo María con genuino entusiasmo.
Rosa volvió a mirarlas y supo que tenía que hablar.
-Se llama Mariano y estudia economía.- dijo con su fingida forma de restarle importancia a las cosas.
Las tres gritaron con alegría y Rosa ya no pudo detenerse.
Les contó de sus hermosas palabras, de su intento de besarla y de sus gestos tan delicados como insinuantes. Les contó de sus ojos eclipsantes, de su piel suave y de su cabello sedoso. Parecía estar describiendo al hombre perfecto. Por eso, esa noche, cuando apoyó la cabeza en la almohada no pudo dormir.
Aquel era un príncipe azul, el que había estado esperando desde que podía recordarlo, entonces ¿por qué su cuerpo no sentía lo que debía? ¿Acaso había algo mal con ella? ¿Cómo podía no despertar la pasión de la que tanto había leído? ¿Cómo aquel llamado de Ana había sonado a rescate? Y sobre todo ¿Cómo haría para rechazar al hombre perfecto?.