Es una tarde fresca de otoño comienza a quedar atrás el calor del verano pero aun quedan vestigios de la temporada, algunos turistas todavía quedan en la zona y las playas ofrecen un poco de trópico a los visitantes y locales, en una casa blanca de techos de tejas rojas cercana se encuentran dos ancianos disfrutando del aire fresco en el área techada del patio es su sitio especial para relajarse, pensar y recordar, cuantos momentos vividos en familia con hijos y nietos, cuántas alegrías y también momentos de esperanza.
Se siente como la brisa marina como hace que los árboles y las campanas de viento que adornan una esquina de la casa creen un fondo musical armonioso.
-Abuelitos-. Se escucha la voz de unos niños que corren apresurados hacia los ancianos.
-Mis preciosos-, dice Carolina.
-Hijos que grandes están-, les saluda Jesús.
-Sabes abu Carlos quería ir a buscar caracoles en la orilla-.
-Sí tata, mañana podemos ir y así Daniela me deja de molestar, todo el camino para acá no ha parado de hablar de eso-.
-A ver y ¿dónde están p**i y mami?-.
-Están bajando unas cosas que compraron en el super para el cumpleaños del abuelo-.
-Que lindos siempre con sus detalles, ya preparé muchas cosas pero no está de más-.
-Y mis tíos ¿cuando vienen con mis primos?-.
-Deben estar por llegar amor-.
-Que chevere voy a tener con quien jugar, mis primos Julio y Julian son una nota-.
-Yo también voy a poder jugar a las muñecas con mi prima Karina, yuppy-.
Carolina disfrutaba muchísimo cuando venían sus hijos y nietos a la casa vivían en la ciudad y siempre regresaban a casa en los cumpleaños y vacaciones, eran momentos especiales atesorados en su corazón y su mente, atrás quedaron las tristezas y dificultades, eran años para disfrutar el amor y unión que tenían entre todos.
Y allí venía el amor de su vida, lo más catire(rubio) de mamá, uno de sus más grandes logros, siempre con esa sonrisa sincera que lo ilumina todo, alto delgado pero de porte fuerte gracias a su trabajo.
-Bendición Papá Feliz cumpleaños-.
-Gracias hijo, tú siempre llegando temprano y tan atento-.
-Para nada papá te mereces eso y más-.
-Hola mi amor,¿Cómo estás mi ángel?, y tú ¿Cómo estás Valeria?-.
-Bien mamá extrañándote sabes que a veces no podemos venir con frecuencia por mi trabajo-.
-Bueno hijo ese siempre fue tu sueño, ser defensa civil, cuando eras pequeño nos volvíamos locos con las sirenas, siempre veías videos de policías y ambulancias en youtube, solías volverte loco al ver pasar a los bomberos-.
-Y usted como esta señora Carolina, yo bien usted sabe entre los niños y el trabajo, pero allí le traje la sorpresa que hablamos por teléfono ayer, y felicidades señor Jesús que Dios lo bendiga con mucha salud-.
-Pues vamos Valeria a organizar la mesa y las cosas mientras los hombres hablan un poco, ¿te parece?.
-Claro vamos antes que lleguen los demás-.
Colocan en la mesa platos venezolanos como pasticho, tequeños, mini empanadas, ensalada de gallina y otras exquisiteces. No puede faltar para acompañar la torta de cunpleaños el repectivo quesillo y gelatina.
Y allí viene Andrés con Zafiro y la pequeña Karina, también Isabel con Jorge, Javier y Julian, la familia Diaz en tres generaciones que bendición.
-Hola mamá bendición, Andrés y yo nos pusimos de acuerdo para venir todos juntos-.
-Bendición Caro, como va todo y ¿mi papa?-.
-Cuñi, pero que linda estas ese Santi se nota que te tiene feliz-.
-Sabes que tu hermano es un amor y con los niños ni se diga-.
-Abuelita-, gritaron los niños.
-Dios los bendiga a todos, si quieren vayan al patio a ver a papá Jesús mientras terminamos aquí
En días como estos la casa se llenaba de sonidos, ricos olores a comida, alegría y buena vibra, dependiendo de sus compromisos a veces se quedaban y rememoraban viejos tiempos veían películas y comían juntos, otras solo visitaban una horas y luego se iban.
-Vengan chicos, todos a comer-.
-Se sentaron los niños en una pequeña mesa que tenían dispuesta para ellos en el mismo salón y los adultos en otra-.
Como siempre sucedía cuando se reunían no paraban de hablar de las experiencias pasadas y también de lo que hacían cada uno, trabajos, niños y colegio eran los temas más frecuentes.
Isabel se había convertido en abogado en una prestigiosa firma y allí había conocido a su esposo, les iba muy bien habían comprado una casa, tenían dos niños hermosos de siete años y a pesar de que su parto había sido de gemelos, todo había salido bien, ella siendo la primera en tener hijos y Carolina podía recordar a flor de piel todo el miedo y angustia que sintió por mucho que sabía que no tiene porque repetirse la historia de su hermano igual sentía mucho miedo pero gracias a Dios todo había salido bien y estuvo una temporada viviendo con ella para ayudarla y había disfrutado a través de su hija lo que no vivió ella que era una maternidad feliz.
Luego estaba Andres que había logrado trabajar como ingeniero mecánico en una ensambladora prestigiosa y que en una noche de disfrute con sus compañeros había conocido el amor de mano de una ingeniero en sistema hasta su nombre era enigmático, Zafiro que venía de una familia adinerada no se la puso fácil pero al final triunfó el amor solo habían tenido una pequeña que llamaron como a su tia Isabel pues Andrés solía decir que le recordaba a su hermana la terrible.
Y luego estaba Santiago que había logrado convertirse en defensa civil, algo que si bien no era prestigioso para él tenía mucho más valor pues podía ayudar a las personas y hasta salvarlas, así había conocido a su esposa una maestra que al regresar del trabajo había encontrado a su mamá en una situación crítica pues por unas fuertes lluvias un árbol se había caído y la había dejado atrapada, tratando de calmarla comenzaron a hablar y ahora estaban aquí con dos preciosos niños.
Compartieron, comieron, rieron, bailaron y la pasaron memorable como siempre que se juntaban, en un momento Carolina se apartó un poco del grupo y sentada en su sillón veía toda la escena como si de un espectador se tratará, cuanto había pasado desde que solo eran unos niños y que como madre se cuestionaba tantas cosas.
Allí estaban sus hijos habían crecido y habían realizado sus sueños, tenían familia y trabajos que amaban, todo lo ocurrido en el pasado solo había forjado el camino para este presente y uno de sus mayores maestros había Santiago que le había hecho apreciar la vida de otra manera, los detalles, los pequeños logros, el amor y la unión familiar.
La llegada de su último hijo les había llenado de amor y también de orgullo, su hijo era un luchador, un guerrero incansable que no se había dejado vencer por la adversidad ni por un terrible diagnóstico, de la mano de su fe en Dios habían logrado superar muchos obstáculos.
Se había convertido en un hombre capaz de luchar sus propias batallas, cuidar una familia, ser feliz y hacer el bien, cuánto amor se respiraba en aquel lugar.
Carolina se sentía feliz y completa, para ella se había realizado su más grande sueño que era ver a sus hijos felices e independientes, sentía que su trabajo había terminado y ahora mismo si Dios la llamaba iría en paz.