18. ¡Te odio!
La sentencia está hecha y la ambición desmedida ahora mismo empieza a cobrar sus primeros castigos, Hellen se siente en una jaula de oro incapaz de hacer algo más que rabiar por el lugar y la situación en la que está y es que no es nada fácil para nadie huir de un pasado que ahora la alcanza cuando la decisión de alquilar su vientre aparentemente le tenía que dar una mejor vida, las lamentaciones están demás y la encrucijada es tan enorme como la incertidumbre y el lujo que la rodea pero no hay mucho que hacer.
—Decir la verdad y tener confianza en esta gente es imposible— se dice a sí misma caminando en la oscuridad del bello jardín que hay en la mansión— nadie me va a creer, además no soy una víctima, yo lo mate— sigue con el peso de la reflexión pero se esconde rápido cuando ve a Sandra y Bennett compartiendo en su propio mundo.
—Me haces la mujer más feliz— abraza la rubia a su novio de tantos años— cada día a tu lado han sido los más maravillosos, gracias por nunca dejarme.
—No hay nada en el mundo que haga que yo pueda dejarte— la besa— yo te amo Sandy, tu eres la mujer de mi vida, contigo todo es mejor— profesa su amor con tranquilidad, sintiendo paz y amor como cada vez que están juntos.
—Quiero que me hagas el amor— sorprende Sandra a su pareja que la mira con picardía— quiero estar en tus brazos, te amo y te necesito como el mismo aire Bennett.
—Tus deseos son míos.
La besa el pelinegro tomando su delicado cuerpo en brazos y yendo así hasta la habitación que comparten cada vez que están juntos, Sandra es una mujer muy bella y pocas veces suele ser tan directa pero la felicidad que siente la hace actuar con pasión, los besos suben de tono y las ganas de amarse los acompañan cuando el banquero la desnuda con delicadeza, soltando su cabello que siempre está muy bien peinado, sus manos amasando su cuerpo la hacen arquear suplicando más cuando la boca del hombre besa sus pechos, su delicado cuello y busca con manos torpes un preservativo haciendo que Sandra lo mire extrañada.
—Eres tan hermosa— sus manos bajan a su trasero con cuidado pero ella ya no está tan dispuesta— ¿amor?.
—¿Porque el preservativo?— se aleja haciendo que la magia del momento se rompa por completo— ¿No me quieres sentir, no me quieres tocar?— reclama con absoluta molestia ante un Bennett que está totalmente desconcertado— ¿Piensas que soy de cristal o que diablos te pasa?— lo grita al punto que lo empuja— eres un estúpido.
—¿Estás loca?, !Joder Sandra!, te estoy cuidando ya que tú no lo haces.
—¿Y para que me voy a cuidar si no puedo tener un solo niño?— los ojos se le llenan de lágrimas y la garganta se le cierra por el dolor que siente— ¿De qué me estás cuidando si no puedo darte un solo hijo mío?— se viste nerviosa sacando toda la frustración que lleva con ella— odio esto, odio que no pueda disfrutar mi vida como quiero, te odio a ti porque sabes que soy una mujer incapaz de darte un hijo.
El estado de shock repentino de Sandra no solo preocupa a su prometido si no también lo lastima pues es la primera vez que Sandra dice que lo odia dándose cuenta de inmediato de las palabras tan duras que ha usado y el impacto que tiene en los ojos de Bennett que no puede decir nada más que mirarla.
—Mi amor, yo no quería, Ben escúchame— sus labios tiemblan intentando acercarse a él que se aleja en cada paso— Ben, lo siento, yo no…
—¿Tu me odias?— sus ojos cristalizados le dicen cuánto le afecta lo que ha escuchado— ¿Me odias por querer cuidarte?, por no querer que sufras más, por no querer poner tu salud física y emocional en riesgo, ¿Me odias por eso?— la grita sin medirse— ! ¡Contéstame!.
—No me grites— solloza pero ni eso aplaca la ira del magnate— yo he sufrido mucho
—¿Crees que yo no?— se ríe molesto pasando las manos por su cara con impaciencia— perdiste y no fuiste la única, yo también los perdí, también me duele y nunca jamás te lo he echado en cara.
—Porque es mi culpa.
—Sandra, piensa lo que te dé la gana— la paciencia y el buen humor se acabó— yo nunca te he culpado, jamás te he reclamado, sería un animal si te reclamará por sufrir, en cambio tu dices que me odias— se limpia la lágrima que sale de él— me odias.
—No te odio, lo siento es que ha pasado tan poco tiempo, yo quería a mis bebés.
—¿Y crees que yo no?— sigue gritando— pero también te quiero a ti y quiero que estés bien, eres tu y solo tu— la señala— quien se vive presionando por tener un hijo, tu, tu padre y el mío y has dejado que todos decidan cuando tú salud debería ser lo más importante, sin embargo yo siempre he estado ahí, al jodido pie del cañón pero al final ya veo que no importa una mierda— la molestia es gigante en el— solo te importa complacer a todos cuando soy yo— se golpea el pecho— somos tu y yo los que deberíamos estar bien, pero no… tu solo quieres que tu padre te diga que eres la mejor hija porque lo obedeces, eligieron a Hellen sin consultarme nada, he aceptado para hacerte feliz, !Todo!— continúa más que molesto dejando sin palabras a la pintora pues es como si el Bennett que tuviera al frente fuese alguien desconocido— ¡Estoy harto!.
—Ya basta Ben, deja de hablarme así, yo solo pienso en los dos, en qué seamos felices mientras tú siempre eres el magnate calculador que podría ser un poco más sensible y amarme sin barreras.
—Yo te amo sin barreras Sandra, las barreras aquí las pones tu y yo estoy harto de esa mierda— suspira cansado y molesto haciendo que sus ojos se abren con sorpresa.
—¿Estás cansado de esta mujer que no te puede dar un hijo verdad?.
—Estoy cansado de la mujer a la que intentó complacer en todo y nunca puedo, después de todo y ante todo lo que hemos pasado, resulta que me odias— bufa molesto— yo nunca te he obligado a nada en cambio tu a mi si, yo si estaba dispuesto a renunciar a todo por estar a tu lado, solo contigo.