19. Cercanía caliente

1407 Palabras
—Ya no quiero hablar contigo. —Yo tampoco Sandra, yo tampoco quiero hablar contigo, después de todo en esto se resume toda nuestra historia, cuando pasa algo malo en lugar de comunicarnos, terminas llorando y yo haciendo lo que te da la gana y eso no va a seguir así, si querer cuidarte es malo para ti, lo lamento porque no puedo hacer más— habla poniéndose los zapatos, sin camisa necesitando tomar aire— si no te dejas ayudar, no puedo hacer más. —No necesito tu ayuda si no tu amor y tener a mi bebé en mis brazos— sigue la rubia ante la sonrisa cansada de su novio— pero definitivamente por ahora no quiero verte. —Como quieras— sale de la habitación riéndose sin dejar de llorar y cruzándose en el camino a Hellen a quien ignora por lo mal que se siente mientras él se queda en la puerta de la recamara viendo cómo ella se va y la otra llega. —¿Pasó algo?— la voz y los ojos de la mujer embarazada lo hacen dejar de mirar la escalera para verla a ella— lo siento, ella se veía muy mal. —No te metas— dice molesto haciendo que Hellen se de cuenta de su mal humor y camine hacia su habitación— lo lamento— camina hacia ella— tu no tienes la culpa de esta mierda. —¿Quieres hablar?— preguntó la joven que lejos de sentirse ofendida por su trato tiene curiosidad por saber lo que pasó— es decir sólo si quieres, tu papá tiene razón cuando dice que un hombro a veces sirve— comenta nerviosa y no termina de hablar cuando el banquero la abraza dejando sacar su frustración diciendo que está cansado, pegando su piel en las manos nerviosas de Hellen que abraza su espalda ancha, bien formada y lo escucha yendo juntos a la habitación de ella caminando uno al lado del otro. —Simplemente no puedo entender cómo es que ella puede decir todo eso, me odia, Sandra me odia— habla señalando su pecho mientras se sienta en el mueble— me dijo que me odiaba. —Eso es imposible— Hellen no lo puede creer— ella te ama, ustedes se aman de una manera que yo nunca he visto— y no miente. —Ella me lo dijo, pero si no me crees está bien, para las personas al parecer los hombres no tienen derecho a sentir— se pone de pie molesto sintiendo la mano de ella tocando la suya. —No he dicho eso, admito que me es totalmente nuevo ver tantas cosas incluyendo los sentimientos pero yo no estoy diciendo que no te creo, me sorprende— y no dice más ya que ella los vio irse muy apasionados del jardín— ustedes siempre están unidos y han pasado por cosas tan tristes— lo dice cayendo en cuenta por primera vez que su relación con Dennis no es ni parecida— ella no te puede odiar, ustedes son como una pareja de cuentos. —Los cuentos no existen— dice respirando hondo y mirando los ojos marrones tan bonitos— creí que era negros— le habla arreglando un mechon suelto de su cabello— pero no lo son. —¿De qué hablas?— pregunta sintiendo una electricidad que recorre su cuerpo cuando su mano acaricia su cabello— Bennett. —Tus ojos, desde que te conocí ví mucha oscuridad en ellos— habla sin dejar de mirarla— al punto de creer que eran negros, pero ahora— sus manos viajan inconscientes por sus pómulos sin despegarse el uno del otro— ya veo que no, son marrones, un marrón especial— se ríe como si nada— dicen que las mujeres embarazadas tienen un brillo especial, ¿Lo sabías?. —No— casi tartamudea mirando los labios del hombre alto y sin camisa que tiene enfrente— no creo en eso, mis ojos siempre han sido así— se aleja tomando aire diciendo nuevamente que Sandra no lo odia— no puede haber sido tan malo. —Lo fue— responde más serio tomando en cuenta que estaba demasiado cerca— Sandra cree que de alguna manera la culpo por la muerte de nuestros hijos y no es así, ni ella ni nadie tienen la culpa, estoy realmente cansado, no trabajo en paz por esto, su padre y el mío son un gran problema en nuestra relación pero no son lo único, quizá yo mismo lo soy, no estoy diciendo que soy perfecto pero trato de ser comprensivo, paciente con ella, cuidarla porque así debe ser pero no puedo si no me deja, si un día me dice que es la mujer más feliz del mundo a mi lado y al otro me dice que me odia— se estresa más— ¡Joder también lo lamento!, no hay un maldito día en el que no me culpe por no haber estado más pendiente, por ese último embarazo porque eso no debió pasar, nosotros ya sabíamos que Sandra no puede tener hijos, yo creí que se estaba cuidando pero no y eso solo me demuestra lo que no he querido ver hace mucho tiempo. —¿De qué hablas?— pregunta no solo intrigada si no sorprendida por la euforia con la que el pasivo hombre habla. —Mi relación ya no es la de antes— dice con pena sentándose otra vez en el mueble grande de la habitación— estoy totalmente agotado— habla ante la sorpresa de ella— nunca quise renunciar al sueño de tener un hijo pero me resigne, no estuve de acuerdo del todo con lo de la inseminación— sigue sintiendo frío por lo que Hellen cierra la ventana que tenía abierta— pero aún así lo hice y cuando todo se confirmó, joder me sentí tan bien, tengo miedo pero me sentí feliz de ver esa ecografía, me muero por escuchar sus latidos y pensé que eso solucionaría muchas cosas pero no es así. —Un hijo no es la solución a los problemas— dice Hellen sin poder evitar llorar— ¡Dios mío qué pasa conmigo!— reniega ante la sorpresa de Bennett— no puedo dejar de llorar— busca unos pañuelos ante la mirada tierna del banquero— continúa, yo te escucho— le dice secando sus lágrimas— lo siento mucho, anda te escucho. —¡Dios mío!— la cara del banquero ha cambiado por completo para reírse ante Hellen que le dice que no es gracioso— lo es, claro que lo es— se ríe más fuerte acomodando sus pies en el puff— yo no lloro, eso es de débiles— la remeda haciendo que lo mire mal— soy demasiado fuerte para eso, soy de hierro— se mofa con picardía— eres una llorona, el bebé te está poniendo muy hormonal. —No es verdad— le refuta sin reír y secando sus mejillas— no te burles— le lanza un cojín arrepintiéndose en el segundo— lo siento. —Deberías— habla serio pero le devuelve el acto con gracia mirando de reojo su reacción y riendo con mucha alegría— vamos ya deja de ser tan amargada— le arroja otro cojín antes de que Hellen reaccione que le dan en la cara— deberías madurar— le arroja otro sin opción a que se defienda haciendo todo muy divertido y empezando a jugar como un par de adolescentes— tu empezaste— le dice cuando la ve de pie. —Eres un tonto. La divertida guerra de almohadas empieza usando todo lo que pueden y no lastime a ninguno de los dos, la adrenalina y diversión que puede parecer infantil pero sublime ante los ojos de dos almas heridas que encuentran sin darse cuenta un poco de consuelo el uno en el otro, Hellen siendo una mujer frívola y amargada se trepa como una guerrera en el filo del mueble mientras el banquero no necesita de nada porque es bastante alto mientras se ríe de su estatura, ambos juegan, ríen y se retan y es solo un mal movimiento de ella lo que los pone alerta cuando casi cae y él la sostiene con fuerza terminando encima de ella. —Oh Dios…
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR