HELLEN
—De verdad estoy bien.
Le digo y trato de convencerlo a él pero también debería hacer algo por mi, sin embargo, lo único que hago es quedarme estática sintiendo lo agitado y preocupado que está, su cuerpo me está distrayendo porque está encima de mi, un hombre y no cualquiera, el es guapo, grande, poderoso y yo me niego por completo a hacer la voluntad de un cerdo como James Smith, me armo de valor que se que tengo y aunque la mano de Bennett en mi vientre preguntando si estoy bien me genera un cosquilleo extraño insisto en que estoy bien y le pido que se quite.
—De verdad estoy bien, por favor cálmate más bien me estás aplastando— intento mantener la calma pero la forma en la que su pecho salta me da realmente pena— estoy bien, ni siquiera me golpeé— mi mano va a su pecho tratando de hacer algo para que sus ojos llenos de miedo vean la realidad— Bennett— casi suspiro cuando su mano sigue calentando mi estómago y me regaño por pensar cosas fuera de lugar, más en un momento así.
—Lo siento— se disculpa poniéndose de pie bastante incómodo— me dirás que soy un paranoico ridículo pero por un segundo yo— me mira avergonzado y también tengo vergüenza— temí lo peor.
—Te juro que estoy bien, el bebé está bien— tocó mi vientre y me siento tan rara que la quitó de inmediato— quizá…
—Lo mejor es que me vaya y descanses.
Me dice saliendo de la habitación y no tengo como ni decirle que no lo haga, la cabeza me está dando vueltas y no precisamente por el embarazo aunque empiezo a caer un poco más en cuenta que estoy embarazada y las cadenas de 9 meses teniendo a esta criatura dentro de mi lejos de darme tranquilidad me la han quitado aunque tal vez nunca la tuve y reniego conmigo por tener el corazón acelerado aún sintiendo las manos de ese hombre sobre el lugar donde crece su hijo.
—Su hijo Hellen, déjate de estupideces— me cubro de pies a cabeza— este es su hijo y de ella mientras que para mí es el seguro de mi libertad y largarme muy lejos de todo— juro que quiero llorar pero no— ya basta de lágrimas ok— le hablo a mi panza plana— lo único que me voy a atrever a decirte es que ser débiles no es una opción, ese infeliz hombre quiere destruir hasta a su hija, ¿Sabes porque?, porque ella es débil, y si tú eres igual no serás feliz— sigo hablando y el sueño inmenso que siento me hace poner la cabeza en la almohada y no se ni cuando pero ya amaneció y alguien toca la puerta.
—Adelante— siento que me faltan más horas de sueño pero se me espanta en un segundo cuando veo quién es— ¿Qué haces aquí?— me levanto por inercia— ¿Pasó algo?— Me arreglo el pelo porque debo parecer una loca.
—Eso es lo que quiero saber— me dice el pelinegro bien vestido que viene con el desayuno— debes de comer, la abuela dice que el sueño en una mujer embarazada es normal y sobre ayer— me pone de vuelta y media…
—No pasó nada— respondo a la defensiva— nosotros todo bien.
—¿Nosotros?— me mira extrañado— osea si claro eso es obvio pero estoy hablando del bebé— siento que me quema la cara por estúpida— por favor come y alístate, quiero que revisemos que todo esté en orden.
—No tengo ni 24 horas fuera del hospital, todo está bien— hablo pero no puedo dejar de mirar los huevos con jamón.
—Por favor come y nos vamos— me dice con seriedad pero al mismo tiempo se ríe porque parezco muerta de hambre— yo quisiera disculparme por mi actitud de ayer— me toma por sorpresa— mi efusividad fue totalmente fuera de lugar y no quisiera que mi preocupación por el bebé— se rasca la cabeza sin saber qué decir— es decir no quiero que se malinterprete, es que.
—No hay porque, obviamente aquí solo importa el bebé, él está bien pero si quieres que vayamos al médico para que estés tranquilo, lo haremos— hablo claro con un hueco en el estómago— me cambio y nos vamos.
Hablo haciendo que se vaya, si quiere decir algo más no es necesario porque todo es obvio, me parece patético que su suegro espere que lo seduzca cuando pronto tendré una barriga gigante, las náuseas me atacan de tanto en tanto, me odio a mi misma por ser un problema andante como decía mi madre y ese hombre vive enamorado de la mujer de su vida como siempre la llama.
—Estoy lista— avisó y subo al auto viendo que tiene la intención de abrirme la puerta— tranquilo estoy embarazada, no en coma— respiro hondo y me voy al asiento de atrás en un completo silencio incómodo sobre todo cuando en ocasiones sus ojos y los míos chocan por el retrovisor— ¿Realmente sigues usando ese perfume?— me tapo la nariz queriendo vomitar— Dios.
—¿Sigues con eso?.
—Qué quieres que haga, no lo hago por molestar pero es así.
—Ayer tenía el mismo perfume, estuve encima de ti y no dijiste nada— dice irritado haciendo que la cara me queme y él mismo se da cuenta de lo que dice por lo que se disculpa— hemos llegado.
Y bajamos del auto caminando hacia la clínica, solo basta decir quien es para que lo atiendan de inmediato indicando que su médico está en un piso diferente por lo que tenemos que ir allá, tres pisos más y con lo mucho que odio los ascensores no me queda otra más que subir de mala gana al aparato cerrado y me quiero morir cuando mi mala suerte es tanta que está cosa prácticamente nos hace saltar y se detiene haciendo todo muy oscuro.
—¡No, no no!— me desespero mientras escucho que me pide que me calme— yo no quiero estar encerrada, sácame de aquí— golpeó la puerta pero no sirve— no, todo está oscuro, está muy oscuro— siento que me falta el aire y no quiero nada más que salir— sácame de aquí.
—Escúchame por favor, Hellen cálmate, es solo un desperfecto en minutos, se va a solucionar— lo escucho y siento sus manos sobre mis brazos pero tengo mucho frío— por favor estás helada, escúchame— veo su ansiedad pero solo se que estoy encerrada y quiero salir.
—Tengo frío, déjame yo solo quiero salir— lloro e intento moverme, quiero salir, no entiendo porque las puertas no se abre— abre, abre, me quiero ir, no quiero me lastimen por favor, déjame salir, me quiero ir, déjame…