3

897 Palabras
Narra Javier Después del concierto, Ana dijo que su novio la estaba esperando y que el chico “que me gusta” me estaba mirando mucho, así que me obligó a acercarme a él. Lo peor de todo es que coqueteé demasiado bien, por eso me besó. Nunca en mi vida besé a un chico. Lo sentí asquerosamente feo, pero en mis pensamientos sabía muy dentro mío que la chica estaba enamorada de él, así que hice lo posible por no matar sus sueños para cuando vuelva a estar en su cuerpo. Le tuve que seguir el beso y sentí que iba a vomitar en cualquier momento. Ahora el chico me llama a cada rato para decirme te quiero o que me quiere volver a ver. Lo que menos quiero es tener relaciones con éste chico, lo saco de una patada si insinúa algo cuando estoy en este cuerpo. Extraño mi vida de mujeriego, salir por las noches, despertarme con alguna chica en la mañana… y ahora no me levanto con una chica, sino que SOY una chica. ¿Si me suicido en este cuerpo, vuelvo a mi cuerpo anterior? Tal vez. Pero la chica se moriría. O quizás se muere el cuerpo y mi alma se queda vagando por ahí, como un alma en pena. Y la chica se queda para siempre encerrada en mi cuerpo y va a tener que convivir toda su vida con eso. Tengo que encontrar la forma de volver a mi vida… ni siquiera sé donde estoy, así que no puedo irme a buscar en la nada ni tampoco recuerdo ninguno de los números telefónicos. Estoy seguro que estoy muy lejos de mí mismo y que me va a costar mucho volver a verme. Ana me dejó en mi casa unas horas después de volver del concierto así que fui a ducharme, me sentía todo pegajoso y más porque a esta chica se le ocurrió estar en sus días cuando cambiamos de cuerpo. Ahora entiendo perfectamente su incomodidad, pero todavía no comprendo por qué se ponen tan histéricas. No es gran cosa. Oh, no. Hoy tenía un ensayo con mi banda, ¿qué habrá pasado? ¿Se habrán dado cuenta? Espero que la chica no haya arruinado mi carrera ni mi amistad. —¡Marina! –dice un hombre. Lo miro– ¿No me vas a saludar? ¿Quién será? ¿Será su papá, su tío, algún amigo…? —Hola –digo, con voz inocente. —¿Así nomás me saludas? Soy tu padre, vengo de un viaje de negocios que duró dos meses… ¿y me saludas tan secamente? –lanzo una carcajada, mi risa parece campanitas. Abrazo a mi papá. —Te extrañé –digo, y me aclaro la voz. —Yo igual hijita. Te traje un regalo, espero que te guste… Narra Marina. Cuando terminamos de ensayar, nos dirigimos a un bar a tomar algo. El de ojos azules, cuyo nombre es Tobias, va a mi lado y siento un hormigueo en mi estómago por su aproximación. ¿Javier será gay y ya estaba enamorado de él antes o yo soy la loca? Cualquiera puede sentirse atraído por esos ojos… Nos sentamos en una mesa y pedimos cervezas para tomar. —Oye… –me dice Luciano, el petisito– Esa chica de allá te está mirando mucho. Giro mi cabeza prácticamente 180 grados, fiel al estilo de la exorcista. —No me gusta –contesto y le doy un trago a mi cerveza, que está un asco. Ellos se miran extrañados. —¿Estás bien? –pregunta Tobias, mirándome a los ojos. Me derrito. —Sí, estoy bien. Solo estoy un poco cansada… cansado –nunca voy a acostumbrarme a estar en un cuerpo de hombre. —Javi, si te pasaste al otro bando puedes decirnos. Es decir, si eres gay…–dice Luciano. Todos se ríen y yo trato de reír naturalmente. Me sorprendo a escuchar que mi carcajada es linda. —Chicos, en serio, no soy gay –trato de salvar al pobre chico, le cago su vida sino–. Solo… bueno, estoy cansado. Me estoy tomando un descanso de las chicas. —¿Estás enamorado? –cuestiona ahora Agustín. Niego con la cabeza. —No. No lo sé... ¿Tengo red social? –interrogo con tono interesado, quizás me pueda encontrar. —Sí, tienes f*******:. ¿No te acuerdas tu contraseña? —La verdad que no. —Qué raro, si tú siempre lo usas…–contesta Luciano– Ya te acordarás, a lo mejor tienes la contraseña guardada. —Sí, seguramente –miro la hora–. Es tarde, ya me voy. ¿Quién me lleva? —¿Estás bien, amigo? –pregunta Tobias, mirándome preocupado. Su voz es tan sexy. Le sonrío coqueta pero después me acuerdo que soy hombre y me pongo seria otra vez. —Sí, ya dije que estoy cansado. Quiero irme a dormir. —Está bien, yo te llevo –dice el de trasero grande. Me muerdo el labio y ellos se miran entre sí. Me levanto a la misma vez que él. — Chau chicos –digo. — Chau –contestan al unísono. Bueno… cuando llegue a la casa de Javier –mi nueva casa– me buscaré en la red social, quizás pueda contactar conmigo misma… Espero que él sea lo suficientemente inteligente como para aceptarme.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR