Narra Javier.
Un ruido sale de alguna parte de la habitación, creo que de debajo de la cama. Dejo el regalo asqueroso que me dio el tipo sobre la cama. ¿A una chica le gustaría que le regalen un vestido largo hasta los tobillos? Creo que no. Parece de una monja.
Me fijo y allí estaba la computadora portátil de la chica. La abro para mirar que fue ese tono y resulta que tengo una solicitud de amistad ¡de mí mismo!
Qué bueno… espero que sirva de algo hablar con ella. ¿Ya habrá visto a mi amigo? Quiero decir… la gran Manson. Me río, así le puse a mi aparato reproductor. Suena tonto, pero es que ese día estaba aburrido.
Acepto la solicitud y cuando descubro que está conectada le mando un mensaje. Es tan raro hablarse a sí mismo.
“Hola, soy Javier.” Le escribo. Aguardo su respuesta.
“Hola, yo soy Marina. Creo que estás en mi cuerpo.”
“Y creo que tú estás en el mío. ¿Puedes decirme algo? ¿Cómo se te ocurre que te venga la regla justo ahora?”
“Eso no es mi culpa. Tú dime por qué tienes amigos tan sexys.”
“¿Mis amigos son sexys pero yo no?” Cuestiono.
“¡No puedo fijarme en ti porque soy yo! Es como estar enamorada de mí misma.” Responde.
“¿Qué tiene? Yo me amo… oye, ¿dónde vives? No tengo idea de dónde estoy”
“Vivo en Las Torres. ¿Y tú? Yo tampoco sé donde estoy.”
“¡Estoy en la otra punta de la ciudad!”
“No puedo creer cómo pasó esto. En serio. Si sigo en tu cuerpo voy a besar a Tobias siendo tú. No me hago responsable de mis actos.”
“¡NO! ¡Por favor Marina! Por lo que más quieras, ni se te ocurra hacer eso. Dios mío, se arruinaría mi carrera. Aparte hoy tuve que besar a ese chico que te gusta… que asco.”
“¿En serio? ¡OMG! ¡Te amo Javieeer!” Me río. Estas chicas son tan bipolares…
“Sí, así que ahora ni se te ocurra besar a mi amigo mientras estés en mi cuerpo. En fin, creo que tu mamá me está llamando para comer, hablamos más tarde.”
“Claro. Saludos.”
Apago la computadora y bajo a comer. Marina parece una buena chica, espero volver pronto a mi cuerpo para poder ser su amigo…
Lo único bueno que tiene estar en el organismo de ella es que su madre es una cocinera buenísima. Yo siempre como en lugares de comida rápida o cocino las cosas más fáciles. Lo lamento por ella, pero creo que su cuerpo engordará.
Ah, y otra cosa: tengo pensado hacerme un cambio de look…
Narra Marina.
Al otro día, cuando me levanto de esa cama dura, decido limpiar un poco el lugar e ir al supermercado para poner cosas ricas en la heladera. No sé qué le gustará a Javier, pero a mí me encanta cualquier tipo de comida, así que voy a comprar de todo. Lo que me gusta de éste chico es que es organizado y tiene papeles clavados en la pared para acordarse de lo que tiene que hacer. Hoy a las tres tengo entrenamiento en el gimnasio, ya veo como salen todos estos músculos o mejor dicho, como es que están empezando a salir.
También tengo que buscar cuanto salen los boletos hasta mi ciudad. El problema es que estoy demasiado lejos de allí. Entro un momento al f*******: y Javier está conectado, le hablo porque me cayó bastante bien… ¿o tal vez la personalidad no le cambió y sigue como yo? Esta situación me hace sentir tan confundida.
“Hola” escribo.
“Hola… ¿qué tal? Te propongo algo.” Contesta.
“Dime”
“¿Hacemos videollamada?”
Lo reconsidero un instante. Va a ser algo raro verme a mí misma a través de la cámara, pero va a ser más fácil hablar así con él.
“Está bien”
Apenas veo la pantalla, me asusto. Allí estoy yo, con los ojos bien abiertos, la boca entrecerrada. Más bien, esa es la expresión de Javier pero creo que yo estoy igual.
— Ho-hola –dice él con mi voz.
—Hola –la palabra sale de mi boca con un tono asustado– Esto es muy raro.
—Lo sé, pero eres hermoso –Javier, o sea mi cara, sonríe.
—¡No es divertido! Dios mío, me da miedo. ¿Cómo pasó esto?
— No tengo ni la menor idea, pero creo que al final me voy a acostumbrar… ¿cuánto crees que estará un pasaje de micro hasta allá?
— No lo sé… bastante caro.
—Pero no perdemos nada intentando vernos.
—Sí perdemos algo. Perdemos tiempo y dinero. ¿Qué si no pasa nada? Tenemos que investigar sobre esto… podríamos buscar personas que le pasa lo mismo que a nosotros…
—No creo que haya casos así –se ríe– No tengo idea de qué hacer pero igualmente investigar me parece lo más razonable.
—Sí… bueno, tú intenta seguir mi vida y yo intento seguir la tuya, ¿sí? Mientras vamos a averiguar cómo podemos volver a ser nosotros mismos. Y te dejo porque ya me estoy por ir al gimnasio…–digo.
—¡Quiero ir! Dios mío, si alguna chica te coquetea tú solo síguele la corriente, ¿está bien?
—¡No! No me quiero acostar con nadie.
—Por favoooor, es la única manera de que seas yo y que no levante sospechas –mi cara se transforma en la de un perrito muerto cuando se hace el que llora.
—Está bien… trataré. Nos vemos.
Dicho esto, corto la comunicación y salgo a entrenar.