Celosa

764 Palabras
―Lina, iré a la casa de Dean para presentar la renuncia y volveré ―avisó Ginger al ver a Lina con su uniforme saliendo de la habitación. ―De acuerdo, tú sabes lo que haces ―respondió aguantando las ganas de regañarla. ―¿Qué te sucede? ―cuestionó su hermana sin comprender exactamente por qué no estaba haciendo un escándalo. ―Nada. Voy a acompañar a Joseph con el médico y me iré a trabajar. Cuídate ―dijo y se acercó para dejar un beso en la mejilla de su hermana, pero a Ginger le extrañó el que mencionara un médico. ―Espera, Lina. ¿Qué médico? ¿Qué está pasando? ¿Qué sucedió anoche? ―Bueno, ¿recuerdas que te platiqué en una ocasión cómo conocí a Joseph? ―Tuvo un desmayo. ―Sí. Pues no era un desmayo solamente por presión laboral o algo parecido. Padece un tumor cerebral que no se ha atendido y que anoche empeoró porque le está afectando la vista. Travis me llamó por eso. ―No, no. Eso está muy mal. ¿Por qué no te dijo nada? ―Porque no se sentía listo. Lo acompañaré ahora con un neurólogo, que va a evaluar su caso. ―Vale. Avísame qué sucede. ―Sí. Cuídate y has las cosas bien ―dijo y entonces se fue, para entonces, Joseph iba llegando al edificio. ―No pudiste dormir, ¿cierto? ―preguntó ella al ver que el hombre lucía unas ojeras muy marcadas. ―No, en realidad no pude. Anoche pasaron cosas que quería recordar una y otra vez ―confesó abrazando a Lina, ella se puso nerviosa y no lo pudo ocultar. ―Sí, bueno. Pero debiste descansar algo ―dijo evadiendo la mirada de Joseph. ―¿Qué pasa? ―preguntó sonriente al verla nerviosa. ―Tú… me pones muy nerviosa ―Él sonrió complaciente al escucharla. ―Acostúmbrate entonces. ―Mejor vámonos ―pidió y mientras él la miraba consciente de lo que provocaba en ella, caminaron hasta la avenida para tomar un taxi que los llevó al hospital Una vez en el nosocomio, se dirigieron al pasillo del consultorio del amigo de Joseph. ―Señorita, buenos días ―saludó a la chica que se encontraba fuera del consultorio atendiendo las citas y que, no desaprovechó la oportunidad para coquetear con él sin importar que Lina lo acompañaba―. Tengo cita con el doctor Monaghan. ―Sí, Joseph Broussard ¿cierto? ―Así es. ―Si gustas tomar asiento, en un momento te atiende. Si gustas te puedo traer un café en lo que esperas. ―No será necesario, pero gracias. ―Lo que necesites, solo pídelo y con gusto lo haré ―ofreció enroscando un mechón de su cabello en el dedo. Joseph por su parte, tomó la mano de Lina y se sentó junto a ella en las sillas de la sala de espera. ―Le falta mostrarte el escote ―mencionó ella demostrando que le había molestado la actitud de la chica. ―Me gustan tus celos ―dijo él cerca de su oído. ―No estoy celosa. No tengo por qué estarlo. ―Me parece que sí. ―¡Joseph! ―exclamó con gusto el médico que salió a despedir a una paciente. Joseph se levantó con Lina y ambos entraron al consultorio―. Así que traes compañía, era hora de que dejaras de portarte como un niño ―dijo en cuanto los tres tomaron asiento. ―No empieces por favor. Max, ella es Lina, mi novia ―Lina sintió calor en su cuerpo al escucharlo. ―Vaya, mucho mejor. Así tienes manera de sentar cabeza. ¿Estás al tanto de lo que este tonto tiene, Lina? ―Justo anoche me enteré ―mencionó y entonces Max los miró a ambos por un momento, después se dirigió a Lina. ―Este chico testarudo se ve que tiene un problema mayor ―dijo riéndose en referencia de que se notaba enamorado―. Así que, Lina ¿puedo pedirte un favor? ―Claro, ¿qué es? ―Si este testarudo se comienza a comportar como un niño nuevamente, termina con él porque no vale la pena. ―Eso no va a ser necesario. Estoy aquí ¿no? ―intervino Joseph haciéndose notar. ―La pregunta no es si estás, sino si quieres estar. ―Por ella quiero estar aquí, así que, no te atrevas a dejarme, Lina. ―No creo que sea necesario llegar a esos extremos. ―Bien, entonces vamos. Mi colega nos espera en el tercer piso.
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