El atentado

378 Palabras
―Oye preciosa ―llamó Joseph tras entrar a la habitación de Lina―. Tómalo con calma. ―Ellos creen que pueden hacer las cosas y después no pasará nada, pero no piensan en el resultado, Joseph. ―Sí, bueno ―Se sentó a un lado de ella en la cama―. Tal vez sí han pensado en el resultado y solo quieren arriesgarse. Dicen que el que no arriesga no gana. Cariño, no puedes controlar sus vidas. Ellos ya están grandes y creo que, deberías ocuparte de ti nada más. En lo que tú necesitas. ―Son mis hermanos, Joseph. ―Exactamente eso, Lina. Tus hermanos, no tus hijos. No te sientas responsable por ellos si ya has dado lo que pudiste. Sus decisiones no son tu culpa. Deja de creer eso. Escucha, hace un mes vino un neurólogo que es amigo de mi médico de cabecera, me recomendó ir con él y lo hice. ―¿Y entonces? ¿Qué te dijo? ―Necesitaba hacerme algunos estudios y fui a verlo, pero fue un chequeo rápido, ya que me rehusaba a hacerlo, llegué tarde y él tenía alguna cita de donde venía o algo así. ―Joseph… ―Pero mañana está en Sparkle, y me gustaría que me acompañaras a verlo. ―Pero por supuesto. ¿Cuándo y a qué hora? ―En un rato… ¿Cómo en unas siete horas más? ―Tú en serio eres una completa sorpresa ―acusó sin más remedio que reír. ―Me iré entonces, y paso por ti en un rato para ir. ―De acuerdo ―Ambos salieron de la habitación y encontraron a Dean en la puerta despidiéndose de Ginger. ―Lina, Dean ya se va ―anunció con tristeza. ―Yo también me voy ―dijo Joseph acercándose a Ginger para dejar un beso en su mejilla―. Pórtate bien. ―Eso trato de hacer. ―Te veo en un rato ―dijo a Lina dejando un beso en sus labios, ella sintió y suspiró. ―Lamento todas las molestias y el lío que hemos hecho, Lina. Es un gusto poder conocerte ―mencionó Dean. ―Solo espero que ninguno se arrepienta de todo eso, y que su riesgo haya valido la pena.
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