Habían pasado varios días después de lo sucedido. Las personas trataban de llevar una vida normal, pero había algo que mantenía presente los hechos. Lina trataba de acoplarse a su ritmo de vida que llevaba, pero cada vez que recordaba a su hermano, su alma se quebraba. De pronto se culpaba pensando que ella podía haberlo detenido, pero la realidad era que por mucho que ella intentara hacer, no iba a conseguir mucho si Braulio se destacaba por hacer lo que siempre quería; Ginger era aún más manejable. Y aun así ni a ella podía controlar. Lina tenía que trabajar y dejar sola a su hermana en casa; en una ocasión la encontró completamente borracha, pues había ido a ver a Dean, pero Marian la había echado de la casa. ―No es posible que todavía estés aquí metida, Ginger ―regañó Lina al llegar

