Cosas del pasado

745 Palabras
―Tienes suerte de que el jefe no esté y que no han reportado emergencias, Joss. ¿Qué carajos te pasa? ―exigió saber Adam―. Es la primera vez en todos estos años que llegas tarde. ―No podía dormir, relájate, viejo ―respondió despreocupado. ―Me preocupas, Joseph. A muchos nos preocupas y más aún con tu terquedad. ―Anoche fui a visitar a Lina, estuvimos charlando, se me hizo noche, la invité a salir, me dijo que sí y no podía dormir por eso. Gracias por preguntar. ―¿Piensas en tener algo serio con ella? ―cuestionó con evidente molestia―. Porque con las decisiones que estás tomando dudo que sea algo de largo plazo. ―Okey, Adam. Estoy lidiando con esto a mi manera. ―Tu manera es egoísta, Joseph. No ilusiones a la chica en vano. ―¿Quién dice que la estoy ilusionando? ―Tus acciones, amigo. ¿Cuánto tiempo crees que le durará a ella la felicidad si no te tratas a tiempo? ―No quiero hablar más de esto, Adam. ―Pues tendrás que hacerlo tarde o temprano. Luisa hará una cena este fin de semana y espera que vayas. ―Ya tengo planes para el fin de semana. ―Pues haz tiempo. Luisa lo sabrá tarde o temprano, Joseph. No puedo seguir ocultándoselo y tú tampoco. ―Está bien, está bien. Haré algo de tiempo. ―Promételo. ―Adam, ¿desconfías en serio de mí? ―Su amigo le dedicó una mirada con sentencia, y supo que no estaba bromeando―. De acuerdo, lo prometo. Pero de ser posible, llevaré a Lina conmigo. ―Eso me encantaría que sucediera. Quiero conocerla y estoy seguro de que Luisa también. No pasó mucho y Coral, una de sus compañeras, entró a la estancia que usaban como comedor. ―¿Qué tal chicos? ¿Qué hacen? ―preguntó animada sentándose en la misma mesa con ellos. ―Esperando que entre alguna alerta, ¿qué hay de ti? ―inquirió Adam sin mucho interés. Lo hizo más bien por educación y no quedarse en silencio. ―Estuve de guardia anoche, estaba por ir a recoger mis cosas e irme a dormir un rato. ―¿Estuvo pesado? ―No mucho ―dijo fijando su mirada en Joseph que permanecía indiferente ante la chica―. Joseph, este sábado mis padres estarán de visita y me preguntaron por ti. ¿Quieres ir a comer? ―Lo siento, Coral. Ya tengo planes. ―¿Muy importantes? ―Luisa hará una cena y le pidió que fuera ―anunció Adam pensando que le estaba haciendo un favor a su amigo, pero fue todo lo contrario. ―Ah, perfecto. No hay problema entonces, la comida con mis papás es por la tarde. ―Lo siento, Coral. Ya tengo planes ―repitió. ―Entonces qué tal si cuando te desocupes, te hago compañía después si Adam y Luisa no tienen problema, claro. ―No puedo, Coral. Mis planes incluyen compañía. ―Oh, ya veo. ¿Y a qué hora te desocuparás? Es mi noche libre y me gustaría que pudiéramos hablar. ―Lo lamento, pero tal vez no me desocupe. Tengo una cita. ―No estarás hablando en serio, ¿o sí? ―Yo me voy a ver si ya llegó el jefe ―anunció Adam zafándose de una discusión indeseable. ―¿Hay algo de malo en eso? ―Terminamos hace cuatro meses, Joseph ¿y en serio ya estás buscando con quien acostarte? ―Coral, no te queda venir a reprocharme algo que para empezar no te concierne. Te recuerdo que tú fuiste la que metió a ese sujeto en mi apartamento, y en mi cama. Ni siquiera tuviste la decencia de hacer tus estupideces en otro lado. ―Joseph, me disculpaste por eso, ¿por qué vienes a sacarlo ahora? ―Porque no tienes derecho a meterte más en mi vida, Coral. Terminamos y debimos haberlo hecho desde hace mucho tiempo. No me cuestiones porque no tengo ninguna obligación de darte explicaciones ―sentenció y se levantó para salir del pequeño cuarto, pero se detuvo en la puerta―, y para tu información, no busco acostarme con ella. Es diferente a lo que tuve contigo. Puedes estar segura de eso. Ella se quedó molesta y reteniendo algunas lágrimas que amenazaban con ponerla vulnerable, apretó los puños y después se levantó para ir por sus cosas y retirarse.
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