―¡Lina! ―llamó Henry alcanzando a la chica cuando estaba saliendo del trabajo.
Ella viró los ojos y se detuvo impaciente.
―No estoy para teatros, ni dramas ―aclaró cruzándose de brazos―. ¿Qué quieres Henry?
―Vamos, cariño. Solo quiero disculparme ―aseguró amistosamente.
―Disculpa aceptada. Hasta luego ―dijo cortante y siguió su camino, pero Henry se lo impidió adelantándose al paso para colocarse frente a ella.
―Vamos, Lina. Lo siento.
―Ya te escuché. ¿Algo más?
―Soy celoso, lo sabes.
―Sin motivo, porque no somos nada excepto amigos. No tienes derecho, Henry.
―Lina. Sabes lo mucho que me encantas ―dijo acortando el paso entre ellos con intención de besarla, pero ella colocó su mano sobre el pecho del oficial dejándolo sorprendido, pues las veces que se habían besado antes ella nunca lo había detenido―. ¿Qué ocurre?
―Henry, he sido honesta contigo y directa más de una vez, ¿por qué la insistencia? Hay muchas otras chicas que se mueren por ti, todas esas chicas con las que sales….
―No busco algo serio en ellas.
―¡Exacto! No buscas nada serio con ellas ni con nadie ―dijo ella retomando su camino con él siguiéndola.
―Error, preciosa. Contigo es diferente. Si me das el sí, te aseguro que paro con ese asunto.
―Manipulación, dulce manipulación, Henry. No. No es así como funciona. Lo siento.
―Entonces dime cómo.
―No es algo que tenga una especie de manual. Solamente haces las cosas porque te nacen, es decir… no puedes decir que vas a dejar de ver a esas chicas porque yo te lo pido, es algo que debes hacer porque quieres. Henry, en cuestiones del corazón, no es válido “Distraerte” con otras chicas porque simplemente no existe como opción.
―Bien, te demostraré que puedo hacer las cosas sin que me lo pidas.
―Lo dudo.
―¿Vas con Frank?
―¿Cómo lo sabes?
―Cuando vas con Frank, caminas lento.
―No puede ser…
―Tenía razón. Te conozco mejor que nadie, y no puedes negarlo.
―Algunas cosas, no te emociones.
En cuanto ambos llegaron al bar, se sentaron en la barra y Frank no tardó en servirles lo que acostumbraban beber.
―¿Cómo va todo con Ginger? ―preguntó el hombre que alguna vez fue el mejor amigo de su padre.
―Creo que bien. Me dejó un mensaje y con eso basta para saber que no está haciendo nada malo.
―Las veré entonces el fin de semana. Una ronda por la casa, ustedes lo saben.
―Gracias, Frank ―El hombre se acercó a atender a un par de hombres que solían estar casi todo el tiempo ahí conversando con el dueño.
―Dijo Dylan que no le ha respondido las llamadas.
―Al menos hace algo inteligente, que es no arruinar su trabajo atendiendo llamadas y distrayéndose con ellas.
―¿Trabaja toda la madrugada también? ―inquirió con ironía.
―No lo sé. Se queda allá, debo suponer que debe estar disponible para si algo se le ofrece al dueño de la casa.
―¿No era una familia?
―Lo es. Pero parece ser que solo el dueño permanece en casa, al menos durante las vacaciones de verano.
―Esperemos que sea un viejo cincuentón.
―¿Por qué?
―Tu hermana es joven y hermosa, dudo que se fije en un viejo cincuentón ―señaló bebiendo de su botella―. Si es un hombre joven y atractivo, todo el tiempo solos en casa… no es buena señal.
―Lina ―Ella volteó sobre su asiento en cuanto escucho su nombre y su sonrisa se amplió.
―Joseph, hola ―saludó emocionada sintiendo el calor recorrer su cuerpo cuando los labios de Joseph tocaron su mejilla a modo de saludo, acto que Henry no dejó pasar.
―Ehm, esperaba encontrarte aquí.
―Bueno, no tengo mucho qué hacer en casa. Siéntate ―ofreció el asiento vacío a un lado de ella―. ¡Frank!
―¿Amigo tuyo, Lina? ―preguntó el hombre mayor aún con la evidente respuesta y notando el rostro malhumorado de Henry.
―Así, es. Frank, él es Joseph ―presentó―, él es Frank, mi gran querido amigo que es como un padre para mí.
―¿Y de dónde se conocen? ―inquirió el hombre con curiosidad.
―Es sobrino de Travis ―anunció ella muy alegre.
―Cariño ―intervino Henry―. Creo que tu amigo puede hablar por sí mismo ¿no?
Lina lo miró con desaprobación, pero Joseph no le tomó importancia.
―Travis tenía problemas con el apartamento arriba del Betsy’s y para evitar que se siga deteriorando, me pidió que lo habitara. Estaba buscando un apartamento para mudarme.
―Vaya, pensé que era una bodega ―agregó el hombre mayor.
―Lo mismo le dije ―coincidió Lina.
―¿Tu trabajo de bombero no te da para alquilar un apartamento, amigo? ―cuestionó Henry, Frank negó con la cabeza. Lina no podía creer la que le estaba armando Henry.
―¡Así que bombero! ―exclamó con admiración el dueño del bar.
―Sí, de la estación norte.
―¿Y te vienes hasta la zona sur? ―cuestionó Henry.
―Basta Henry ―intervino Lina.
―No, tranquila ―calmó Joseph―. Quería un cambio en mi rutina.
―Eso incluye nuevos amigos, supongo. O amigas ―especificó con mala intención Henry.
―No exactamente. Pero los cambios son buenos.
―De eso hablábamos Lina y yo hace unos momentos ―señaló el oficial―, ¿cierto cariño?
―Así es ―confirmó Lina―. Los cambios que deben ser porque quieres y no porque alguien más te lo pida.
―Vamos, cariño. Te voy a demostrar que te equivocas, solo es cuestión de tiempo para que lo notes.
―Lo dudo, pero da tu mejor esfuerzo.
―¿Qué te sirvo, Joseph? ―preguntó Frank.
―Una cerveza, por favor.
Una vez que dejó la botella de cerveza sobre la barra, se retiró Frank.
―¿Qué tal de trabajo hoy? ―inquirió Lina.
―Sí, queremos escuchar tus anécdotas de bombero ayudando a la comunidad ―Ella negó con la cabeza suspirando con exasperación.
―Estuvo bien. Tardamos casi todo el turno en sacar a una chica de una alcantarilla por la que cayó.
―Increíble la forma en que arriesgan sus vidas ―masculló Henry, y Lina no lo soportó más, así que se levantó.
―Ya vuelvo Joseph ―avisó y tomó de la mano a Henry para caminar al pasillo de los baños.
―¿Qué sucede? ―preguntó el oficial sin comprender que ella estaba molesta.
―¡No! ¡¿Qué carajos te sucede a ti?! ―cuestionó molesta conteniendo las ganas de gritarle.
―¿Disculpa?
―Has estado atacando a Joseph desde que llegó.
―¿Necesita que tú lo defiendas?
―No precisamente. Simplemente que veo tu comportamiento y me fastidia, Henry. ¿Por qué lo haces?
―Porque ese tipo está que babea por ti. No soporto ver cómo te mira.
―Ese es tu maldito problema. Llegué hasta aquí, Henry ―determinó y volvió a la barra tomando sus cosas―. ¡Frank, regreso al rato!
El hombre asintió y Lina tomó a Joseph de la mano para salir con él del bar.
―¿Qué sucede? ―preguntó confundido una vez que estuvieron afuera.
―Es él, está tratando de crear problemas ―explicó―. Y me siento avergonzada por ello.
―En todo caso tendría que ser él quien se sienta avergonzado, no tú. A demás… no deberías darle importancia. Es claro que está celoso.
―Es insoportable a veces.
―Si te sientes mejor saliendo de ahí, no hay problema. Pero no le pagamos a Frank.
―Descuida, seguro que él entiende. Podemos regresar mañana, o después.
―De acuerdo.