Nómada.

2022 Palabras
Dalila, tienes que contenerte. Mi mirada no puede evitar recorrer cada facción del rostro que tanto había anhelado volver a ver, mientras que sus azulados ojos se incrustan en mí. Trae el semblante serio y sus labios en línea recta no muestran ninguna señal de que vayan a curvarse. Está de pie en la distancia, con una postura impasible, no con aquel aire de alegría que siempre irradiaba a pesar de mis insultos. Más bien, luce como un volcán a punto de erupcionar. Antes, su cara se tornaba relajada con tan solo verme, las comisuras de su boca se extendían a pleno y me brindaba una cálida sonrisa. Sus párpados se achinaban y sus pupilas rebosaban de un brillo indiscutible, demostrando que se sentía realmente feliz por encontrarse conmigo. La forma en la que me mira ahora es tan diferente que me hiere por mucho. Volteo de nuevo hacia el lado opuesto, dándole la espalda, para impedir que su mirada siga sosteniendo la mía. —Jordan, ¿en qué momento llegaste? —Marina se aproxima a él—. No escuché tus pasos ni el ruido de la puerta. La voz de Jordan no es expulsada de sus labios, sino que permanece en silencio. Marina le resta importancia al escuchar que el timbre de la casa vuelve a sonar. —¡Deben ser los demás! Voy a recibirlos —expone ella—. Jordan, ayuda a Dalila a descargar las botellas. ¡Ah! Les prohíbo iniciar una pelea o los echaré a ambos, es una amenaza —advierte con seriedad, pero con un toque de humor. Luego, abandona la cocina. Procuro fingir que la presencia de Jordan no tiene ningún efecto sobre mí, por lo tanto, continúo quitando las cervezas de la caja, lo cual me resulta bastante complejo, ya que todo mi cuerpo es un terremoto irremediable. Hay demasiado ruido en el exterior, voces y risas que forman ecos que podría jurar que alcanza cada rincón de esta residencia; sin embargo, mi audición solo está concentrada en los pasos del chico que se aproxima lentamente a mi espalda. En cuanto se halla lo suficientemente cerca, se detiene. Consigo oír incluso su intensa respiración, pero me esfuerzo en no demostrar que el simple hecho de notar su sombra en el suelo, altera todos mis sentidos. Me mantengo firme y sigo en lo mío, ignorando que su figura está justo detrás de mí. Finalmente, luego de tanto tiempo de no haber escuchado aquella voz que me hacía vibrar, sale disparado de su boca para realizar un cuestionamiento que me deja perpleja por completo. —¿Es verdad lo que dijiste hace un rato? ¿Vas a volver con tu ex-novio? Elevo ambas cejas debido a la impresión, mientras se generan en mi mente una gran cantidad de preguntas. ¿Me escuchó decirlo? ¿Porqué quiere saberlo? ¿A qué viene esa interrogante? ¿Qué le importa? ¿Porqué cree que tiene el derecho siquiera de preguntar? A decir verdad, me resulta tan absurdo que decido no contestar. ¡No tiene ningún sentido! —¿No vas a responder? —insiste. Estoy empezando a sentirme bajo presión, pero opto por pensar que no tengo la obligación de darle explicaciones. Si cree que regresaré con Diego, puede seguir de ese modo. De todas formas, él escogió quitarme de su vida. Doy vuelta hacia su dirección pero no lo miro al rostro, sino que tengo la intención de pasar al costado y salir de la cocina, dejándolo solo y con sus dudas. Sin embargo, en cuanto camino para marcharme, me toma del brazo y me jala hacia atrás, haciéndome retroceder. Su actitud me deja bastante desconcertada, a tal punto de que me paralizo ante su agarre. —Dime, Dalila —impone—. ¿Vas a regresar con Diego? Lo observo con detenimiento, notando su expresión sombría, lo que me indica que no se trata de ninguna broma suya. —No tengo que decirte nada... —manifiesto, intentando zafarme de su mano, pero no me lo permite. —¿Serías capaz de volver con el tipo que te engañó con tu mejor amiga? —frunce el ceño, demostrando disgusto. —Ese es un problema únicamente mío —estiro mi brazo de un estirón y paso de él. —¿No tienes miedo... De que descubra que ya has estado con otro hombre? Aquello hace que me detenga, originándose un enorme signo de interrogación sobre mi cabeza. Volteo hacia su posición y frunzo el ceño. —¿De qué estas hablando? —cuestiono, con una clara expresión confundida. Jordan incrusta los ojos en mí y vuelve a acercarse. —Aunque quieras mentirle y trates de fingir que sigues siendo una chica... virginal, notará que en realidad ya te has entregado a alguien más. Bueno, a menos que sea tan idiota como para no darse cuenta —se coloca delante de mí, con una postura intimidante—. Ya no eres la misma que conoció. ¿Qué demonios le ocurre? ¿Porqué está diciéndome todo esto? Está comenzando a irritarme. —Sean cual sea las circunstancias, sabré cómo manejarlo —expreso con convicción. Una vez más, le doy la espalda para dirigirme hacia la puerta; sin embargo, me toma de la mano y me estira hacia él para aferrarme con sus brazos. —Escúchame con atención, Dalila —su mirada penetra la mía—. Jamás permitiré que te entregues a otro hombre... —¡¿Qué estás haciendo?! ¡Suéltame! —cierto miedo empieza a invadirme, no de Jordan, sino de cualquier persona que entre por la puerta de la cocina y nos encuentre de esta manera. —Nunca podrás sentir con él lo que sentiste conmigo... Tú eres y siempre serás solamente mía. He de admitir que sus palabras mencionadas con tanta seguridad me sacuden en gran manera. Mi corazón se estremece ante tal afirmación y sus ojos no parecen mentir, sino que expresan firmeza y determinación. Sus fuertes brazos están rodeándome, situación que pensé que no volvería a ocurrir en el futuro. De verdad estaba lista para rendirme, para obligarme a comprender que Jordan jamás sería para mí y que no valía la pena continuar esperándolo. Así que, ¿porqué está haciendo todo esto tan de repente? —Suéltame, por favor —sueno casi como si le estuviera rogando. —¿Porqué? ¿Porqué ahora me pides que te suelte? Si no pasó mucho tiempo desde aquella vez que me suplicabas que me sumergiera dentro de ti... —¡Suéltame, Jordan! —lo empujo con todas mis fuerzas, logrando alejarlo de mí. Me mira petrificado y perplejo, quizás porque no esperaba esa reacción de mi parte. —Vaya... Es la primera vez que dices mi nombre, ¿ya no soy "Ray" para ti? —cuestiona con una profunda decepción en su tono de voz. —Tú no mereces ser llamado de esa manera —adjudico. Se siguen escuchando voces en el exterior, aparentemente Marina está muy ocupada recibiendo a los estudiantes y por esa razón no ha vuelto. —¿Él vendrá? —pregunta de repente—. ¿Diego estará aquí? ¿Qué tal si me dispongo a decírselo justo esta noche? Que, en realidad, soy el único dueño de tu piel... Suelto una risa amarga y burlesca al mismo tiempo, mientras mis ojos se humedecen poco a poco. —Adelante, hazlo. Díselo si es lo que quieres —lo desafío—. ¡Ah! Puedes aprovechar y comentárselo también a Marina, estoy segura de que le encantará saberlo. Su expresión se torna aún más seria, siendo incapaz de responder a mi reto. —De verdad no te entiendo —confieso—. Fuiste tú el que decidió echarme de su vida sin darme una sola explicación; y ahora estás aquí, alardeando y asumiendo que soy de tu propiedad. ¿Te das cuenta de lo absurdo que es? —reclamo. —¿No te llamo por unos días y tú te lanzas a los brazos de otro? —regaña. —Fueron semanas sin saber de ti —esclarezco—. ¿Pero sabes qué? Ya no me importa. Haz lo que quieras con tu vida que yo haré lo mismo. —¿Regresarás con Diego solo para vengarte de mí? —supone. —¿Porqué tomaría venganza de esa manera? No actúes como la víctima y hazte responsable de tus propias acciones. —¿Crees que solo buscaba lastimarte? —Quizás no, pero ya comprendí tus verdaderas intenciones —asumo. —No sé a qué te refieres... —¡Acéptalo! Te acercaste a mí con un objetivo, te esforzaste arduamente para conseguirlo, ¿y sabes qué? ¡Genial! Lo hiciste, Jordan. Y ya que lograste tu propósito, puedes dejarme en paz. —No es para nada lo que tú te imaginas... —De todas maneras, ya no quiero saberlo. Si pensaste que me quedaría cruzada de brazos, entrando en una profunda depresión solo por haber tenido sexo contigo, te equivocaste, y muy mal —declaro—. Tengo derecho a hacer lo que se me da la gana, tal y como tú lo estás haciendo. Antes de que diga alguna otra cosa o intente jalarme de nuevo, salgo rápidamente de la cocina, chocando con Marina al cruzar el umbral. —¡Wow! ¿Qué pasa? —cuestiona perpleja al notarme alterada. —Me largo —escupo, atravesando la sala para llegar a la puerta principal. —¿P-Pero porqué? Pensé que te quedarías... —No dije que me quedaría y menos si ese cretino está aquí —refunfuño, refiriéndome a Jordan. —Tch, ¿otra vez pelearon? —pasea los dedos entre sus cobrizos mechones de pelo. —Será mejor que no respiremos del mismo aire, Marina —establezco. Al abrir la puerta de la entrada, me encuentro con Diego a punto de tocar el timbre. —Oh, estás aquí —dice con asombro. —Así es pero ya me voy... —salgo de la casa, en lo que su voz me detiene. —¿Porqué no te quedas? —cuestiona. Al girar hacia su dirección, veo a Jordan a lo lejos, quien me observa conversando con Diego. —No, no es una buena idea —manifiesto—. ¿Tú... Tú podrías... Llevarme a mi casa? Aquella solicitud lo deja bastante sorprendido, sin embargo, accede y asiente con la cabeza. Agito la mano en el aire, despidiéndome de Marina en la distancia. Luego, Diego camina conmigo y nos acercamos a su motocicleta. Subimos y nos marchamos. Durante el trayecto, no puedo dejar de pensar en lo que ocurrió con Jordan. No podía creerlo ni entenderlo. ¿Porqué actuaba como si yo le importara? ¡Fue él el que se hizo a un lado! Agh, todo este enredo me causa un intenso dolor en la sien. Sin embargo, si este es uno de sus juegos, no estoy dispuesta a ceder. Ya no más. Estoy cansada y harta de lo mismo, y me queda claro que no puedo esperar nada de Jordan. Adora su libertad y no lo obligaría a abandonarla. Si realmente sintiera algo por mí, las circunstancias hubieran sido distintas. No hay razones para sentir pena por él. Es un nómada sin remedio y le encanta esa vida. No soy quien para juzgar los gustos de los demás, pero no me forzaré a adaptarme a su manera de vivir solo para complacerlo. Finalmente, llegamos frente a la acera de mi residencia. —Gracias por traerme —expreso mientras me bajo de la moto. —Solo fui porque pensé que te encontraría allí, ya que no respondiste al texto que te envié —expone. —Ah, lo siento... Estaba ayudando a Marina con unas cajas, pero después... —apareció Jordan. —No te preocupes. De todos modos, sirvió de algo haber ido —suelta una risita. —¿Porqué no regresas? Estoy segura de que tus amigos asistirán... —Sí, es probable. Tal vez me lo piense en el camino —levanta el dedo pulgar. —Está bien —le brindo una sonrisa—. Cuídate. Me despido de él y lo veo partir.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR