Derribar el miedo.

3195 Palabras
Intenté, con todas mis fuerzas, ignorar lo sucedido aquella noche, sin embargo, no conseguí dejar de darle vueltas a lo mismo. Aunque procuraba interpretar la actitud de Jordan, solo me enredaba cada vez más. Se tragó con mucha facilidad el cuento de que regresaría con Diego y tuvo el descaro de recriminármelo. ¿A qué vino todo eso? No comprendía para nada el motivo de sus reclamos. Me miraba enfadado como si hubiese cometido algún error, como si le debiera algo luego de que desapareció sin ninguna justificación. ¡Argh! ¡Es que de tan solo pensarlo me da mucho coraje! ¿Quién se cree que es? ¿Acaso considera que todas las mujeres deben ser únicamente para él? ¿Porqué puede estar con otra pero yo no puedo estar con otro chico? A decir verdad, lo último mencionado no es el problema. De todos modos, no hay forma de que retome mi relación con Diego. Sin embargo, me da tanta rabia el hecho de que tuvo la desfachatez de reprochármelo. “Tú eres y siempre serás solamente mía...” ¡Pero si no lo soy! Y ni aunque hubiese querido serlo, no tendría oportunidad ya que él me lanzó al bote de basura tras unos minutos de haberse acostado conmigo. He estado rezongando sobre ello durante los últimos días, y precisamente ahora, me encuentro refunfuñando para mis adentros mientras me tomo una ducha. Me envuelvo con una toalla y salgo del baño sin imaginar lo que hallaría en mi habitación. Camino hacia mi cama, y al estar a punto de tirar la toalla sobre esta, cierta silueta tocando mis pertenencias ubicadas por encima del mueble me da un gran susto. Trago aire de un golpe y me quedo observándolo, con los ojos desorbitados y el corazón palpitando tan fuerte que pareciera que atravesaría mi pecho. El loco parado frente a mi mueble, quien está mirándome en este momento, es Jordan. —¿Qué...? ¿Cómo...? —no consigo formular mis preguntas debido a la impresión. —Di ligeros toques al cristal varias veces pero nadie me atendió —expone, apuntando a la ventana—. Probé si podía deslizarla y ¡bingo! —sonríe—. Deberías ponerle seguro en la próxima vez... No aparenta estar con el mismo temperamento de la otra noche, sino que luce relajado. En cambio, yo traigo la sangre hasta el cerebro e hirviendo en mis arterias. —Jordan, sal de aquí inmediatamente —impongo. Me esfuerzo en no alzar la voz, ya que sería contraproducente armar un alboroto y que Gustavo lo encontrara en mi cuarto. —¿Así es como recibes a tus visitas? —se mofa y no estoy segura de si se refiere a que lo estoy echando o al hecho de estar desnuda, envuelta con una toalla. —Te dije que te salgas —repito. —He venido para hablar contigo y no me iré sin que me escuches —establece, aproximándose a mí. —Pues llamaré a la policía —me dirijo a donde se encuentra mi celular y finjo marcar un número, a lo que me lo arrebata de las manos. —Tú no harás nada —indica. —Devuélvemelo —ordeno. Se fija en mi móvil y luego regresa la vista en mi rostro. —Te he llamado, pero me envía directo al buzón —expone. —Ya no tengo el mismo número —procuro quitárselo, sin embargo, lo esquiva y lo eleva más alto. —¿Qué? ¿Cambiaste de número solo para que no pudiera contactarte? —Piensa lo que quieras —refunfuño. No puedo moverme demasiado ya que la toalla podría caerse, así que me cruzo de brazos y le fulmino con la mirada. —¿No tienes a nadie más a quien molestar? ¿Acaso Marina no te presta atención? —insinúo. —No estoy aquí para hablar de Marina, sino de ti y de mí —manifiesta. —No creo que haya mucho que decir... —Dalila, no seas necia. Solo... Haz un esfuerzo y escúchame. Giro los ojos y suelto un suspiro de resignación. —Voy a vestirme y luego volveré para... "hablar" —hago una mueca de desagrado. Tomo mis prendas y me encamino al baño, en lo que oigo que desata una risa burlona. —No tienes porqué esconderte, no tienes nada que no haya visto. Vuelvo a rodar los ojos e ignoro sus palabras. Tras vestirme, regreso a la habitación, en lo que lo veo sentado al borde de la cama. Me coloco frente al espejo y peino mis mechones de pelo, mientras que Jordan observa mi reflejo. No puedo negar que su presencia remueve mi interior, así que es bastante complicado tener que disimular que no causa ningún impacto en mí. Dejo el cepillo sobre el escritorio y volteo hacia él, recuesto mi espalda por el mueble y me cruzo de brazos. —¿Y bien? —digo, arqueando una ceja. Se levanta de la cama e intenta aproximarse, pero le pongo un alto. —Puedes decirme lo que sea desde donde estás —gruño. —¿Porqué te empeñas en alejarme? —Te recuerdo que el primero en hacerlo fuiste tú —resalto. —Escucha, sé que estás enojada, pero... —¿Porqué demonios estaría enojada? —soy consciente de que debería dejarlo hablar, pero cada palabra que pronuncia simplemente me irrita—. Dime, Jordan. ¿Porqué me enfadaría contigo? Quiero decir, tú solo insististe tanto por estar cerca y me llenaste de frases bonitas para lograr acostarte conmigo, y segundos después de terminar, quisiste que me largara —expongo con furia—. Por supuesto, conseguiste tu objetivo así que ya no te servía para nada... —empiezo a caminar en medio de la habitación. —Las cosas no fueron así, ¿porqué no me dejas aclarártelo? —Porque ya lo entendí todo y no hay razón para que pierdas el tiempo —regaño. —Estás equivocada, estás sacando conclusiones por tu propia cuenta y créeme, todas son desacertadas... —¡¿Y qué otra cosa querías que hiciera, eh?! —empujo su torso—. ¡Desapareciste! No recibí un solo mensaje tuyo, no volviste a buscarme, más bien decidiste buscar a Marina de nuevo para seguir como si nada hubiese pasado —mi mirada se cristaliza y mi voz comienza a romperse—. ¡Te lo dije, Jordan! ¡Te dejé en claro que no quería ser tu amiga con derecho y me engañaste! ¡Me hiciste creer que tenías sentimientos hacia mí cuando nunca fue así! —Te repetiré lo que dije la noche en que estuvimos juntos, Dalila. Desde que te conozco, nunca te he mentido —asevera. —Imagino que por ese motivo estamos ahora en esta situación, porque siempre fuiste sincero —menciono con sarcasmo, mientras seco las pequeñas gotas de lágrimas que se habían derramado. —Yo sé que... Sé que te habré hecho sentir muy mal al no volver a contactarte, pero... —¿Pero qué? ¿Pero qué, Jordan? —camino hacia él, apretando los puños—. Para ti fue suficiente estar conmigo una sola vez para después echarme de tu vida. Claro, acostarte con la mojigata de la estudiante de intercambio es un gran trofeo, ¿no? —Jamás te vi de esa manera... —Pues es lo que me hiciste pensar luego de descubrir que mantenías el contacto con Marina —expongo—. Dime una cosa. Me echaste de tu departamento para irte con ella, ¿cierto? —Para empezar, no te eché de mi departamento... —¡Te fuiste a encontrarte con Marina! ¡Acéptalo! —¡No es así! —reacciona, tomándome de los brazos con firmeza—. ¡Deja de decir tonterías y escúchame, por favor! Lo miro fijamente con la respiración agitada, pues mi rabia había alterado todos mis sentidos. Mi piel percibe su tacto y siento que mi cuerpo se debilita ante él, que quisiera olvidarme de mi obstinado orgullo por un momento y simplemente abrazarlo, confesándole lo mucho que lo he extrañado. Mis pensamientos se ven interrumpidos cuando escucho que alguien toca la puerta de mi habitación. —¿Dalila? ¿Estás con alguien allí dentro? —es la voz de Gustavo, quien intenta abrir la puerta, pero afortunadamente le había puesto seguro. Jordan me libera, en lo que aclaro la garganta y me acerco a la entrada. —¿Gustavo? ¿Qué sucede? —pregunto. —Oí voces —señala. —E-Estoy viendo una película... Desde mi celular. N-No creí que se escuchaba tan fuerte —invento. —¿En serio? Sonaban muy real... ¿Estás acompañada? —No, no. Estoy sola, muy sola —los nervios están atacándome y no me dejan pensar con claridad—. S-Si no te molesta, me gustaría continuar con la película... —Oh, claro. De acuerdo —finaliza. Escucho que sus pasos se alejan de a poco y logro tranquilizarme. Eso estuvo demasiado cerca. —Una película, ¿eh? —suelta Jordan—. Es gracioso porque todo esto en verdad se parece a un drama de televisión... —Solo... Di lo que tengas que decir y vete, por favor —sostengo. Vuelve a caminar para acercarse a mí, pero ya no lo detengo, así que se coloca en frente. —Quisiera... Que te saques de la cabeza que fui a buscar a Marina justo después de haber estado contigo, porque no fue así —manifiesta. —¿Me vas a negar que te acostaste con ella en aquel lapso en que no me llamaste? —cuestiono con ironía. —Desde que te tuve entre mis brazos, no he estado con ninguna otra chica, Dalila —asegura—. A decir verdad, no estuve con nadie más desde antes de aquella fiesta del vaquero en año nuevo... —¿Y tú piensas que me lo voy a creer tan fácilmente? —regaño. —Estoy siendo honesto, nunca te he mentido y puedo jurarlo por quien quieras —establece. —No tienes que jurarme nada. Además, ¿porqué te importa tanto lo que piense? Tú siempre has sido una persona libre de hacer lo que se le plazca... —Me importa porque me importas tú. Mis oídos no dan crédito a lo que acababan de escuchar, pero debo admitir que me paralicé. Con unas simples palabras, Jordan era capaz de domar a la fiera que se originaba debido a mi cólera. Desvío la mirada y me esfuerzo para no dejarme llevar. Es un experto y yo soy una ingenua, así que debo tener el doble de cuidado. —Es curioso que digas eso después de hacerme a un lado... —No te hice a un lado, Dalila. Yo solo... —respira profundo—. Huí. —¿Huiste? ¿A qué te refieres? —frunzo el ceño y vuelvo a mirarlo. —Tú sabes que me interesaste desde el inicio, desde que te vi en el salón de música. Me resultaste atractiva y dulce, aunque en lugar de llamar tu atención, solo hice que te alejaras. Sin embargo, al lograr que me dieras una oportunidad de ser amigos, simplemente no me resistí a tu manera de ser. Me gustabas tú y la forma en que me hacías sentir. Contigo nunca me vi atado a nada, al contrario, era libre incluso cuando estábamos juntos. En ningún momento percibí que me rodearas con tus cadenas ni que intentabas cortarme las alas, me aceptaste como soy y me acompañaste en todas las aventuras que te propuse, escuchaste mi historia sin juzgarme y me transmitiste la tranquilidad que jamás había sentido con nadie más que contigo —da unos pasos para acortar la poca distancia que queda entre nosotros—. Aquella noche en que te entregaste a mí, el hecho de descubrir que tu piel estaba intacta y que era el primero en recorrerla, me hizo sentir... Extraño. No podía llamarle solo sexo a lo que hicimos en mi cama, Dalila. Sin darme cuenta, te estaba entregando una parte de mi alma y no lo pude tolerar. Estaba asustado. Si me quedaba un segundo más a tu lado después de haber tenido intimidad, sentía que iba a perderme a mí mismo por querer dártelo todo. Mis ojos se colmaron de lágrimas, las cuales se derraman en cada parpadeo. Trago saliva mientras analizo lo que Jordan acaba de expresar. No estoy segura de si está diciendo la verdad, sin embargo, ¿porqué se empeñaría tanto en que le creyera si de verdad no le importara mi persona? La calidez con la que articula esas palabras derrite a mi corazón y me lleva a perder la determinación. No sé si tendré la fuerza para seguir rechazándolo. —Yo... Yo nunca te habría lastimado, Jordan... —manifiesto. —Lo sé. Sé que tus sentimientos son genuinos y que habrías hecho todo lo posible para verme bien siempre —sostiene—. Sin embargo, admito que el miedo continúa consumiéndome, porque no tienes idea de cómo soy cuando una chica me gusta mucho más de lo que imaginé. Me convierto en alguien diferente y no precisamente para bien. Tiendo a ser... Posesivo. Celoso. Insaciable en todos los sentidos —confiesa—. ¿Crees que haber estado lejos de ti fue fácil para mí? Para nada, Dalila. Te llevé al único lugar que consideraba mi escape, pero tu aroma se quedó flotando en el aire e impregnada entre mis sábanas. Fue casi imposible contenerme y no deseaba asustarte con mis ansias de tenerte, de que aquella noche te quedaras a dormir en mis brazos y que hiciéramos el amor en la mañana. Pensé que... distanciándome y dejando que pasara el tiempo, volvería a ser el mismo de antes, pero aquello no sucedió, porque te metiste incluso por debajo de mi piel y te instalaste en lo más profundo de mi corazón —me toma de los brazos con suavidad e inclina su rostro hacia el mío—. Perdóname por hacerte creer que ya no me importabas, cuando lo cierto es que estoy completamente cautivado por tu personalidad... Y por tu cuerpo. Mi cerebro comienza a chispear, como si fuera a estallar en cualquier momento. A pesar de todo lo que hemos compartido, nunca imaginé que Jordan estaría hablándome de este modo. —Casi me vuelvo loco cuando te escuché decir que regresarías con Diego, pero no puedes hacer eso, Dalila, porque tú ya no lo quieres. Sé que es a mí a quien quieres —indica, totalmente convencido—. Sé que soy un cobarde que corrió de ti en cuanto se sintió vulnerable, pero... Solo... Solo dame tiempo, por favor. ¿Tiempo? Es lo que menos tengo. Cada día que pasa, mi estancia se hace más corta. ¿Hasta cuándo tendré que esperar? Además, yo también he experimentado los celos, lo cual es una sensación bastante desagradable desde mi perspectiva. No quisiera tener que lidiar con ello mientras Jordan pone en orden sus ideas. —No lo sé, Jordan. Tú... Tú estás con Marina... —Marina no significa nada para mí —establece—. Me refiero a... Nada especial ni romántico. Es una buena amiga, es divertida y comprensiva, pero no es a quien quiero a mi lado. —¿Y ella? ¿Qué sabes de sus sentimientos? —cuestiono, preocupada. —Sé que también me ve solo como un amigo —asume—. Escucha, la conozco desde hace varios años y fue la única persona que me dio consuelo cuando mis padres se marcharon. Traté de ser fuerte, pero me derrumbé. La partida de mis padres no fue fácil de sobrellevar, pero tenía que hacerlo porque quedarme fue mi decisión. Sin embargo, Marina fue quien me apoyó. Prometí que siempre... Sería su amigo. —Quizás deberías reconsiderarlo —sugiero. —¿Pero porqué me estás diciendo eso? —se exaspera—. ¿O es que acaso te sigue interesando Diego y quieres deshacerte de mí? —No quiero lastimar a nadie, Jordan —señalo—. Yo... Estaba dispuesta a enfrentar lo que sea si esa noche te hubieras armado de valor para decirme todo esto. Pero en el período en que decidiste desaparecer, tuve el tiempo suficiente para pensar en cada detalle. Para ser honesta, tengo la intuición de que Marina te quiere... —¡No me quiere, Dalila! —procura persuadirme—. Pregúntaselo si tienes dudas, su respuesta confirmará mis palabras. —Aún así, será mejor que dejemos las cosas como están... —¡Me niego! —exclama—. Fui un idiota y egoísta y me arrepiento de no haber sido más valiente en aquel entonces, pero todavía estamos a tiempo de remediarlo —insiste. —¿Crees que es así de sencillo? ¿Que solo hagamos lo que tú deseas hacer? ¿Que aguarde en silencio cuando te alejas y que te acepte como si nada cuando regresas? —mi orgullo se encarga de hablar por mí—. ¡Pues no es así! —lo empujo para apartarlo—. Además, ya solo me quedan unos meses aquí... —Estamos perdiendo el tiempo discutiendo en lugar de aprovecharlo... —¿Quieres que me convierta en tu amante hasta que me vaya? —¡Quiero que seas mía! —esclarece—. No soportaría verte en los brazos de alguien más... Y no asumas que todo terminará una vez que llegue tu momento de partir, porque iré tras tuyo a donde sea que vayas. Lo que está insinuando Jordan es impensable. Sumando a ello, hay algo que aún no logro comprender. ¿Cambió de opinión solo al creer que volvería con Diego? Y si no me hubiera oído, ¿todo seguiría igual? Reconozco que desearía lanzarme sobre él, decirle que nos olvidemos de lo demás y que estemos juntos, pero mi dignidad latente en mi interior no me lo permite. Al recordar los días en que me sumí en llanto por extrañarlo, la ira regresa. —Dices que quieres que sea tuya, pero ni siquiera puedes asimilarlo, Jordan. Es por esa razón que me pides tiempo —alego—. No voy a presionarte a adaptarte a circunstancias a la que no estás acostumbrado, pero tampoco cederé a tus caprichos. —Estás... Siendo muy injusta... —Solo tomo decisiones acorde a la situación. Permanece mirándome fijamente, como si creyera que manteniéndose firme ante mí, conseguirá que cambie de parecer. —No lo aceptaré, Dalila —declara—. No aceptaré ninguna negativa esta noche, porque sé que te estás dejando llevar por tu enojo, pero no es lo que realmente quieres. Así que... Cuando estés completamente segura de tu posición, búscame. —¿Porqué te buscaría si terminarías pidiéndome más tiempo? Ya que tienes tanto miedo de enamorarte... —Te prometo que... Si accedes a darnos una oportunidad, derribaré aquel miedo y me entregaré por completo a ti. Gira en dirección opuesta y se aproxima a la ventana, la desliza y brinca por encima del borde. Vuelve a escrutarme pero no se demora mucho en ello, sino que se despide con la mirada y se marcha.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR