¿Y ahora? ¿Qué es lo que debo hacer?
Sufrí de constantes dolores de cabeza por haberme sometido a interminables cavilaciones. No dejaba de pensar en lo mismo, es decir, en la propuesta de Jordan.
Ni siquiera entendí qué es lo que quiso insinuar con que se entregaría a mí, ¿qué se supone que significa? Además, no mencionó que tendríamos una relación, solo me pidió que lo pensara. Pues, es lo que estoy haciendo, pero no llego a ninguna conclusión.
No puedo negar que también siento miedo, pues toda la confianza que le tenía se hizo añicos luego de su inesperada huida.
¿Y si en realidad solo quiere usarme hasta mi partida? ¿Si todas aquellas palabras bonitas fueron simplemente una carnada? ¿Qué pasará si accediera a estar con él, pero en cuanto se aburra de mí, me deseche como un trapo viejo?
“¿De verdad creíste en todo lo que te dije en aquel entonces? Solo lo hice para que aflojaras, pero ya me cansé de ti. Eres una ingenua, Dalila. No tienes noción de nada en este mundo”, imaginé a Jordan hablando de ese modo, denotando pura frialdad.
¡Agh! ¡No te adelantes a los hechos! No puedes ver el futuro, no sabes si eso ocurrirá. Es producto de tu imaginación, no te dejes llevar por tus divagues.
Es de tarde cuando me encamino al instituto para el primer encuentro del año con las chicas del ateneo. Nos hallamos sentadas en el piso de la cancha, ubicadas en ronda. No tendremos un entrenamiento como tal, sino que se tocarán diversos puntos importantes, como por ejemplo:
—La indumentaria —señala Micaela—. La que utilizamos para los torneos están muy gastados, deberíamos realizar un diseño nuevo.
—¿Y de dónde quitaremos el dinero? —pregunta Valeria, una de las jugadoras—. Sabes que el presupuesto para el ateneo de vóleibol es una miseria comparado con el de los demás.
—Es cuestión de conversar con el comité deportivo —expone Micaela.
—Podríamos solicitar un aumento —sugiero—. Hemos participado en varios campeonatos, y además, ganamos un trofeo, ¿no? Nos lo merecemos —digo con convicción.
—Muy bien. Encárgate tú, Dalila —apunta Micaela.
—¿Y-Yo? —la miro sorprendida—. No conozco a nadie del comité.
—Acércate a la presidenta del centro de estudiantes. Conoces a Gala, ¿cierto? Ella te indicará lo que debes hacer.
—¿Pero porqué tengo que hacerlo yo? —refunfuño.
—Algo me dice que podrás convencer a los del comité sobre el aumento del presupuesto —guiña un ojo.
Suelto aire de resignación y me arrepiento por haber hablado. Debí quedarme callada.
Tras platicar acerca de otros temas como los próximos torneos y las prácticas, la reunión se termina y nos levantamos del piso. En ese momento, veo a Santiago ingresando a la cancha, junto con Diego.
Santi se aproxima a Paloma para saludarla, mientras que Diego se acerca a mí.
—¿Qué tal el encuentro? —pregunta, sonriendo.
—Aburrido —desato una risita—. ¿Y ustedes? ¿También tuvieron una reunión?
—No en realidad. Solo acompañé a Santiago a la biblioteca, pero sabía que mi hermana estaría aquí, por eso decidió venir —señala.
—Ya veo...
De pronto, Paloma corre hacia nosotros, trayendo a Santiago de la mano.
—Oye, Dalila. La otra noche no fuiste a la fiesta que se organizó en la casa de Marina —refunfuña.
—No estaba de humor. Marina me hizo trabajar bastante, ¿no te lo dijo? —arqueo una ceja.
—Oh, sí. Lo mencionó. Sin embargo, ya que no asististe a aquel evento, no te escaparás de esta —me observa con la mirada traviesa.
—¿A qué te refieres? —pregunto confundida.
—Haremos una reunión en tu casa, ya lo hemos decidido —expone ella.
—¿Organizaron una reunión en mi casa sin incluirme? —rio por lo absurdo que suena.
—Si te lo hubiéramos dicho, te habrías negado como siempre —se encoje de hombros.
Muevo la cabeza de un costado a otro, sin dejar de sonreír.
—Bien. ¿Cuándo se hará esa dichosa reunión? —cuestiono.
—Hoy mismo, ahora —manifiesta.
—¿A-Ahora?
—¡Vamos a tu casa! —exclama.
Diego y Santiago solo permanecen callados, pues saben perfectamente que no hay nada que puedan hacer para salvarme.
Paloma se aleja con Santiago siguiéndola, y no puedo evitar echar una risita al ver que no se despegan ni un segundo. A decir verdad, aquello ya no me afecta como antes. Honestamente, espero que les vaya muy bien en su relación.
Salgo de la cancha y espero a los demás, en lo que Diego se aproxima.
—Mi hermana me mencionó algo sobre esto, pero no pensé que lo llevaría a cabo —sonríe.
—¿Así que te invitó? ¿Le dijiste que tú y yo estamos en buenos términos? —pregunto, curiosa.
—Tenía que hacerlo, para que ya no me excluyera de reuniones como esta —insinúa—. Sé que fueron a visitarte en navidad, me hubiera gustado ir.
Navidad... No puedo recordar navidad o año nuevo sin que Jordan aparezca en mi mente.
—Habría sido interesante verte vestido de Santa Claus —comento, a lo que suelta una risa.
En ese entonces, escucho una voz mencionar mi nombre a mi espalda.
—Dalila... —pronuncia.
Doy vuelta hacia su dirección, notando que se trata de Ámbar. Me pongo feliz cada vez que la tengo cerca, pues nunca olvido todo lo que siempre hace por mí. Sin embargo, su expresión me desconcierta. Tiene el semblante serio y el ceño fruncido. ¿Qué le pasa?
—H-Hola, Ámbar... —saludo inquieta.
Su mirada se dirige a Diego, luego regresa a mí, pero no dice una palabra.
—Yo... Iré adentro para averiguar porqué se demoran tanto —señala él, a lo que asiento.
Una vez que se aleja de nosotras, me aproximo a Ámbar.
—¿Estás bien? —pregunto, colocando la mano en su hombro.
—Tú pareces estar muy bien —insinúa.
Aquello me deja perpleja y la miro confundida.
—No entiendo...
—¿Qué te traes con Diego? —cuestiona sin tapujos.
—Solo estábamos hablando...
—¿Desde cuándo son tan cercanos? Hasta donde sabía, lo odiabas —asevera.
—Oh... Lo siento, no te lo había dicho pero Diego y yo ya lo hemos arreglado —expongo—. Ya no le guardo ningún rencor, por lo tanto, no tengo inconveniente en platicar con él.
—¿Ah, sí? —su tez demuestra que no se lo traga—. Supongo que sabrás lo que haces.
Da media vuelta y comienza a caminar, en lo que acelero los pasos y me coloco frente a ella.
—Espera un segundo. ¿Estás enfadada? —cuestiono.
—Para nada —desvía la vista para no encontrarse con la mía.
—¿Estás segura? Porque a mí me parece lo contrario.
—Te estás imaginando cosas, eso es todo.
Debo admitir que su actitud me sorprende debido a que nunca me había hablado con tanta frialdad.
—De acuerdo. Si es verdad que no estás enojada, entonces ven conmigo a casa —propongo—. Haremos una pequeña reunión junto a Paloma y los demás, me gustaría que estuvieras presente —suavizo la voz.
—Marina también estará, ¿no? Sabes que no es buena idea que estemos en el mismo sitio —argumenta.
—Será en mi domicilio así que no permitiré que nadie trate de fastidiarte —aseguro.
—Yo preferiría evitar la fatiga, Dalila.
Su respuesta parece sólida, por lo que decido no continuar insistiendo.
—Está bien. No te obligaré a ir, pero al menos caminemos juntas hasta la casa —sugiero.
—¿No irás con tus amigos?
—Les diré que se adelanten mientras tú y yo nos vamos a pie. ¿Trato?
Cierra los ojos y deja escapar un suspiro, luego asiente con la cabeza.
Me encargo de mencionarles a los demás que me iré caminando con Ámbar, a lo que aceptan sin chistar.
Durante el trayecto, permanece callada y patea unas que otras piedras que encuentra en el camino.
Este silencio me incomoda por mucho, así que elijo romper el hielo.
—¿C-Cómo te ha ido en las clases? Ya eres una estudiante del tercer año —expongo.
—Normal —responde cortante.
—¿No te sientes diferente?
—En absoluto.
—¿No te alegra estar a un paso de terminar la preparatoria?
—Da lo mismo.
Con el último hilo de paciencia, la tomo del brazo y la fuerzo a mirarme al rostro.
—¿Porqué no me dices qué te ocurre, eh? ¿Hasta cuándo seguirás con esa actitud?
—No sé de qué estás hablando —quita su brazo de un estirón.
—Fingir no te sale nada bien, es evidente que algo te está molestando. Lo que no comprendo es porqué intentas guardártelo.
—No tiene caso... —trata de continuar su camino, pero ubico mi mano en su hombro para detenerla.
—No seas injusta y no esperes que lo adivine. ¿A qué le temes? Dímelo directamente —desafío.
Respira profundo y rasca su cabeza, alborotando su pelo.
—¿Acaso... Diego y tú... Planean volver? —pregunta.
Levanto las cejas de la impresión y separo ligeramente los labios.
—¿Qué te hace pensar eso?
—Se veían realmente íntimos hace un rato —establece.
—Pues no es nada de lo que tú crees, solo platicábamos de asuntos triviales —manifiesto.
—¿En serio? —su semblante se relaja poco a poco.
—No tengo razón para mentirte —alego.
—Pero tú... ¿Aún lo quieres? —cuestiona intrigada.
—Desde hace tiempo que ya no siento nada por él, Ámbar. Ni siquiera odio —expongo.
—Sin embargo, tú podrías volver a enamorarte —supone.
—Eso es imposible, no sucederá porque... —porque ya estoy enamorada de otro—. P-Porque nuestro tiempo ya pasó.
—¿Estás segura de que no quedan chispas? —insiste.
—¿Cuántas veces harás que lo repita? —coloco las manos en las caderas.
Lleva los dedos en la barbilla con la mirada al suelo, mientras que su expresión se torna pensativa.
—¿Y si él... Te pidiera otra oportunidad? —agrega.
—No creo que ocurra tal cosa —digo con una mueca de desagrado.
—¿Qué le responderás, Dalila? —persiste.
—Pues que no, evidentemente —declaro.
Su mirada adquiere un brillo de alivio y, finalmente, consigo que vuelva a sonreír.
—Es todo lo que quería oír —expresa.
Retomamos nuestro sendero, en lo que no puedo dejar de pensar en su reciente actitud.
—¿Estabas tan inquieta por eso? —cuestiono, intrigada.
—Solo... No quiero que te lastimen de nuevo.
—No tienes que preocuparte tanto por mí —le resto importancia.
—Eso dices, pero luego me llamas para que vaya a tu casa y me pides que beba contigo —suelta una risa.
—¡Oye! ¡Eso fue un golpe bajo! —finjo indignación.
Tras llegar a mi casa, nos despedimos en la acera y ella continúa caminando para ir a la suya.
Al entrar, veo que los demás ya se encuentran allí debido a que habían tomado un taxi.
Pensé que se trataría de una reunión entre amigos del instituto, pero me di cuenta de que no era el caso al percatarme de que Jordan también había venido.
Tch, esto no me lo esperaba.
Me aproximo a ellos, quienes están sentados en el sofá, y los saludo. Me obligo a brindar una sonrisa aunque sea falsa, pues la presencia de Jordan me incomoda.
Dijo que aguardaría a que lo buscara, así que, ¿qué hace aquí?
Como el único espacio sobrante es al lado de Diego, me acomodo a su costado, escena que no le agrada para nada a Jordan. Puedo deducirlo por su manera de mirarme, entornando los ojos como si me estuviese regañando en su mente.
Elijo no prestar atención a las llamas de cólera que lo rodea. No tiene el derecho de hacer reclamo alguno, pues está precisamente sentado al lado de Marina.
Micaela propone divertirnos con juegos de mesa, pero yo no dispongo de ellos.
Me dirijo al estudio y pregunto a Gustavo si podría prestarme uno, a lo que accede con gusto, entregándome un paquete de cartas. Empezamos a jugar y procuro olvidar que Jordan está a una cierta distancia, pero delante de mí.
Soltamos unas risas y nos volvemos bastante competitivos, lo que lo hace más interesante y ameno. Transcurren las horas y el cielo se torna oscuro sin que lo notáramos. Los primeros en marcharse son Paloma y Santiago, luego los sigue Micaela. Así fue como Jordan, Diego y Marina son los últimos en quedarse.
Continuamos el juego, haciéndolo en equipo. Dos contra dos. Efectivamente, Marina y Jordan son mis oponentes.
Diego y yo les tomamos ventaja, ganando en cada partida, así que chocamos las manos en señal de triunfo.
De pronto, un celular comienza a sonar, el cual pertenece a Marina. Ella lo extrae del bolsillo y se dirige a la cocina para tomar la llamada.
Mientras tanto, ordeno las cartas para la siguiente ronda.
—Ustedes se ven muy bien juntos —suelta Jordan, lo cual me petrifica.
—¿Tú crees? —pregunta Diego.
—Por supuesto. Hacen una linda pareja —fuerza una sonrisa.
Le fulmino con la mirada y aprieto los dientes. ¿Qué se supone que está haciendo?
—Sin embargo, te sugiero que tengas cuidado —agrega Jordan.
—¿Disculpa? —Diego frunce el ceño, observándolo confundido.
—Como todos sabemos, tú la engañaste con su mejor amiga, lo cual destrozó su corazón —expone sin tapujos, incomodándonos a ambos—. Dalila no está tan mal en apariencia, por lo tanto, quizás tenga a unos chicos detrás de ella. Si opta por regresar contigo, es probable que sea con la intención de pagarte con la misma moneda —insinúa.
Mi mandíbula se desprende y cae hasta el suelo, en lo que mis oídos no dan crédito a lo que acababan de escuchar.
¡¿Acaso está demente?!
—Dalila no sería capaz de hacer una bajeza como esa —intercede Diego.
—¿Cómo puedes estar tan seguro? —procura que Diego entre en dudas, pero no lo logra.
—Ella no es como yo, ni como tú, ni como nadie que haya conocido —establece.
Jordan le brinda una sonrisa torcida —o más bien, retorcida— mientras que el silencio se apodera del ambiente y la tensión deambula en el aire.
Aparentemente, Jordan quiso dar una respuesta a lo que mencionó Diego, pero Marina regresa de la cocina justo en aquel segundo.
—Muy bien, ¿dónde nos quedamos? —señala sin tener ni la menor idea de lo que acaba de pasar.
Definitivamente, el comentario provocador de Jordan se encargó de aniquilar mis ganas de seguir jugando, así que solo deseaba que todos se marcharan. En especial el rubio de ojos azules que terminó arruinando la atmósfera junto con mi buen humor.
—Lo siento, chicos. Ya se hizo muy tarde, será mejor que vuelvan a casa —establezco, poniéndome de pie.
—Pero quería seguir jugando —gimotea Marina.
—Les prometo que lo repetiremos, pero por esta vez, ya ha sido suficiente —procuro ser lo más amable posible sin que se me note la rabia.
—Nos hemos quedado más de lo necesario —expone Diego—. Debemos dejarla descansar.
Se levantan del sofá, en lo que los acompaño a la puerta. Marina y Jordan salen primero, en tanto que Diego se detiene en el umbral.
—Eso... Ha sido un poco extraño, ¿no crees? —apunta, refiriéndose al comentario de Jordan.
—No le prestes atención, ¿de acuerdo? Solo dice disparates —refunfuño.
—Sé que tú no harías lo que insinuó, aunque me lo mereciera —masajea su nunca.
—Olvida las palabras de Jordan, no tienen importancia ni beneficio alguno —declaro, a lo que asiente con la cabeza.
Se despide agitando la mano en el aire y baja del pórtico, a lo que cierro la puerta.
[...]
Marina y Jordan esperan al taxi en la acera, en donde Diego decide aprovechar para aclarar cierto dilema.
—Oye —suelta, dirigiéndose a Jordan—. ¿A qué vino lo que dijiste hace un rato?
—¿De qué hablas? —Jordan guarda las manos en los bolsillos.
—¿Porqué insinuaste que Dalila regresaría conmigo solo para vengarse de mí? —cuestiona sin titubear.
—Jordan, ¿en serio dijiste eso? —Marina entra en la conversación, demostrando asombro.
Jordan sonríe y mueve la cabeza de un costado a otro.
—No lo tomes personal, simplemente buscaba molestarla —inventa.
—Pues lograste eso y más —gruñe Diego.
—Lo superará —Jordan se enconge de hombros, tratando de salirse con la suya y ocultando el verdadero motivo por el que mencionó aquello. La realidad era que se estaba muriendo de celos.
—No deberías entrometerte en los asuntos personales de los demás —refunfuña Diego.
—¿Acaso te molestó que expusiera los hechos del pasado? —señala Jordan, refiriéndose a la infidelidad de Diego.
—Estás equivocado. Lo que me irritó fue lo mucho que incomodaste a Dalila por relacionarla conmigo de nuevo —expresa.
Jordan pestañea repetidas veces y eleva ambas cejas.
—¿Ustedes... No están pensando en volver? —pregunta casi por impulso.
—Entre nosotros ya no hay ninguna posibilidad aunque yo lo deseara —confiesa—. Sin embargo, estamos en muy buenos términos y no permitiré que se arruine por una tontería tuya, te lo advierto.
El corazón de Jordan, el cual se encontraba inquieto debido a la incertidumbre, finalmente consigue la calma.
—Diego, por favor. No hagamos un problema mayor de algo pequeño, ¿de acuerdo? —intercede Marina.
—Solo quería asegurarme de que le quedara claro mi posición —alerta—. Espero que nos hayamos entendido.
Diego comienza a caminar, alejándose de las siluetas de ambos.
—Escucha, Jordan. Sé que Dalila no te agrada, pero deberías tener más cuidado con lo que dices —reprocha Marina.
Mientras tanto, Jordan no podía pensar en nada más. Lo único que le importaba era encontrar la manera de volver a ver a Dalila cuanto antes, y más después de saber que entre Diego y ella, no hay nada en absoluto.