Mis amigas se habían reunido durante el mes anterior y he recibido sus invitaciones, sin embargo, no he acudido a ninguna. No porque no quisiese pasar el tiempo con ellas, sino porque, en ocasiones, coincidía con mis salidas con Jordan.
Por supuesto, no tardaron en hacer sus reproches.
En medio de una videollamada conjunta con Paloma, Marina y Micaela, se encargan de transmitir su indignación al rechazar sus propuestas.
—¿Qué sucede contigo, Dalila? ¿Acaso tienes nuevas amigas? ¿Ya no nos quieres? —gimotea Paloma.
—¡No! Quiero decir, no es eso... —respondo, sentada frente a mi escritorio, con el celular en la mano.
—Paloma, dale un respiro. Cuando regresemos a clases, estoy segura de que no te despegarás de Dalila... —asume Marina.
—Pues, el año anterior pasaba más tiempo con Soraya que con cualquiera de nosotras —rememora Paloma, a lo que giro los ojos hacia atrás, soltando un bufido.
—Argh, ¿porqué la mencionas? —refunfuño.
—Dalila tiene razón, ¿porqué invocas a esa arpía? —sostiene Mica.
—Debo admitir que me impresiona lo rencorosa que puedes ser... —opina Marina.
—¿Y tú no? —arqueo una ceja—. No has podido hacer las paces con Ámbar —señalo.
—Tch, mejor hablemos de otra cosa —regaña ella, lo que nos lleva a las demás a desatar unas risas.
—Por cierto, Dalila —pronuncia Paloma— quizás deberías visitar a Marina, está bastante deprimida —expone.
—¿En serio? —demuestro incredulidad.
—No es verdad, no le prestes atención —se defiende Marina.
—¿Pero qué está sucediendo? —pregunto, intrigada.
—No ha sabido nada del tonto de Jordan durante todo enero —manifiesta Paloma.
—¿Qué dices? —agrando los ojos de la impresión.
—Es así, pero no estoy deprimida —Marina rueda los ojos—. No es la primera vez que sucede, además Jordan no tiene porqué decirme nada —justifica.
—Es lo que quieres hacernos creer, sin embargo, cuando me lo comentaste, lo hiciste demostrando tristeza —revela Paloma.
—Estaba preocupada, creí que le había ocurrido algo. Pero ya dejé de pensar en ello —expone Marina.
—Esa relación ni siquiera tiene sentido... —opina Mica—. ¿Y si te ignoró en todo el mes por andar detrás de otra chica?
Uf. Micaela nunca tiene filtros en sus palabras.
Marina aparta la mirada de la cámara, manteniéndose en silencio, como buscando una respuesta dentro de sí.
—De todos modos... —suspira—. No puedo detenerlo.
—Entonces búscate a otro chico y diviértete también —insinúa Mica, a lo que Marina se echa a reír.
—No es tan simple, pero no es una mala idea —bromea.
Comienzo a sentirme incómoda con la conversación.
¿Debería confesarles que he estado viendo a Jordan?
Sin embargo, no creo tener el valor para hacerlo. No entiendo porqué, pero el temor me invade cuando me imagino platicando con Marina sobre esto.
“Tenemos prohibido que se genere algún sentimiento romántico entre los dos. Si eso sucede, todo se terminará.”
Existe la posibilidad de que Marina esté ocultando sus sentimientos para no perder a Jordan.
Si las circunstancias se dan de esa manera, la situación se torna complicada. Durante este lapso que he compartido con él, se han generado en mi interior ciertas... Emociones, las cuales son difíciles de ignorar.
¿Debería preguntar directamente a Marina qué es lo que siente por Jordan? Insistiendo a que sea honesta, conmigo y consigo misma.
Pero... No puedo llevarlo a cabo en medio de una videollamada grupal. Lo correcto es hacerlo a solas.
De pronto, siento un par de ligeros golpes en el vidrio de mi ventana corrediza. Dirijo la mirada hacia esa dirección, viendo a Jordan saludándome detrás del cristal.
Doy un brinco del susto, dejando caer el celular en mi escritorio.
—¿Dalila, qué fue eso? —la voz de Paloma es transmitida mediante el altavoz.
Ubico el dedo índice en medio de mis labios, indicando a Jordan que no haga ruido, a lo que asiente.
Levanto el celular y lo enfoco a mi rostro.
—¡N-Nada! Se me resbaló el móvil, es todo —me excuso, rascando mi cabeza—. Escuchen, chicas, debo salir de la llamada. Fue un gusto hablar con ustedes —expreso, con una sonrisa amistosa.
—¿Lo ven? Dalila nunca tiene tiempo siquiera para hablar con nosotras —reclama de nuevo Paloma.
—Lo siento, pero prometo que las compesaré —muestro el meñique.
—¡No olvidamos fácilmente, Rivas! —advierte Micaela, a lo que suelto una risa.
Me despido agitando la mano frente a la cámara y me desconecto de la llamada. Suspiro profundamente, deshaciéndome del nervisiosismo que sacudió mi pecho.
Me levanto de la silla y deslizo el vidrio, encontrándome con Jordan del otro lado.
—Ray, ¿porqué estás aquí? —pregunto asombrada.
—¿No puedo hacerte una visita? —cuestiona, apoyando el brazo en el marco de la ventana.
—Me refiero a aquí —aclaro, refiriéndome a mi habitación—. Deberías ir a la entrada y tocar el timbre.
—Es más fácil rodear la casa y llegar directamente a tu cuarto —bromea—. ¿Esto es seguro?
Atraviesa la ventana e ingresa a mi habitación, sin darme la oportunidad de detenerlo.
—¡¿Qué estás haciendo?! ¡¿Qué pasará si alguien te ve?! —me exaspero.
—No es la primera vez que estoy dentro —me brinda una sonrisa cómplice.
—E-Esto es diferente, ¡sal! —impongo, pero es inútil, pues Jordan ignora por completo mis palabras.
Recorre mi cuarto y observa detalladamente cada rincón.
—Aunque ya he estado aquí, no tuve tiempo de mirar todo con detenimiento —lleva los dedos en la barbilla, adoptando una expresión de concentración.
—No hay mucho que ver, solo una cama, ropa y algunos muebles —me encojo de hombros.
Al darme cuenta que no será fácil echarlo, me acerco a mi puerta y le pongo seguro, cuidando que nadie entre sin golpear.
—Ah, por cierto —suelta de repente—. ¿Porqué me hiciste una señal de que guardara silencio hace un rato? ¿Con quién hablabas? —se cruza de brazos y arquea una ceja.
—Con mis amigas —señalo—. No quería que supieran que estás en mi casa, y además en mi recámara —refunfuño.
—¿Les ocultas que hablas conmigo? —retoma su recorrido.
—¿No crees que sería muy extraño? Digo, tú y yo peleábamos mucho... —rememoro.
—No lo sé. En realidad, me da lo mismo —le resta importancia.
En verdad que es un chico bastante despreocupado. ¿No le inquieta lo que Marina vaya a pensar si descubre que hemos frecuentado?
En ese momento, recuerdo lo que había mencionado Paloma hace un rato, en medio de la videollamada.
“No ha sabido nada del tonto de Jordan durante todo enero.”
La intriga me carcome, por lo tanto, no tengo planeado dejar que la duda deambule en mi mente.
—Oye —capto su atención—. Tú... No has hablado con Marina en el transcurso del mes pasado, ¿no es así? —cuestiono.
—Um, no lo sé, probablemente... —vacila.
—¿Cuándo... Fue la última vez que la viste?
Su semblante se torna pensativo, como si en verdad tratara de recordarlo.
—En la víspera de año nuevo, quizás —da una respuesta vaga.
¡Eso fue hace bastante tiempo!
—¿Porqué no la has contactado? Ella se ha preocupado por ti —indico.
—He estado muy ocupado —denota desinterés en su tono de voz.
—Tch, ¿haciendo qué? —pregunto incrédula.
—Pues, saliendo contigo.
Aquello me toma con la guardia baja, dejándome atónita y sin tener idea de cómo reaccionar. Siento que mis mejillas se calientan poco a poco, adquiriendo un color rojizo.
Al igual que una niña tímida, bajo la mirada y sonrío con disimulo, agarrando un mechón de pelo y jugando con él.
—P-Pero... —carraspeo y procuro salir de mi estado cohibido—. Si se entera de que no le has enviado siquiera un texto por pasear conmigo, ¿no crees que se molestará?
—¿Porqué lo haría? No estamos haciendo nada malo —expone, como si tuviera una respuesta a todo. De pronto, fija su mirada en mí y adopta un semblante de picardía—. A menos que... Tú quieras hacer algo malo —bromea.
—¿Q-Qué? —lo observo perpleja.
Comienza a caminar despacio, aproximándose a mí. Retrocedo en cada paso que avanza para evitar tenerlo tan cerca, sin embargo, mi espacio de escape se termina, en lo que mi espalda choca contra el escritorio. Jordan se coloca delante de mí y se inclina levemente, lo que me lleva a doblarme hacia atrás. En ese instante, suelta una pequeña risita de satisfacción. Me tiene acorralada, y parece divertirse con ello.
—Eres un chica muy interesante, Dalila —expresa.
Parpadeo repetidamente mientras mi corazón palpita con vehemencia, corriendo el riesgo de desconectarse de mis arterias.
—Ya... Ya deja de jugar conmigo —refunfuño.
Lo aparto de mi camino empujándolo con el brazo y me alejo de él.
—Además, no deberías estar aquí —agrego—. Vete antes de que alguien te descubra.
—Solo dile a quien sea que soy un amigo tuyo y me invitaste a ver una película —divaga.
—Entonces tendríamos que estar en la sala, no en mi habitación —arguyo.
—No seas miedosa. No sucederá nada, créeme —dice confiado, tumbándose sobre la cama.
—Tch, levántate —impongo.
—Tus sábanas son muy suaves... —hace caso omiso a mis palabras y extiende los brazos, desplazándolos sobre la tela para percibir su tersidad.
—Dije que te levantes —reitero.
Lo tomo del brazo y empiezo a jalarlo hacia atrás para quitarlo de mi cama, sin embargo, Jordan me supera en fuerza, lo que hace imposible que logre mi propósito. En cambio, me estira hacia él y termino cayendo encima suyo, encontrándonos en una situación realmente insólita.
Agrando los ojos y el aire se queda atascado en mis pulmones, en tanto que todo mi cuerpo permanece inmóvil.
A él, por el contrario, no parece afectarle. Las comisuras de sus labios se extienden, brindándome una sonrisa de victoria.
—No sabía que eras tan osada, señorita Rivas —bromea, rodeando mi cintura con los brazos, apegándome a su vientre.
—S-Suéltame, Ray —es lo que pronuncio, pero sé que no es lo que mi mirada transmite. Una parte de mí no desea que cambiemos de postura.
—Ya habíamos estado en esta posición, pero a la inversa —comenta—. Tú estabas abajo y yo encima de ti.
—¡¿D-De qué estás hablando?! —cuestiono avergonzada.
—Me refiero a aquella noche que te traje sumamente ebria —esclarece—. Te cargué en brazos y te tendí en la cama como a una niña pequeña. Quería arroparte pero fue difícil, ya que me aprisionaste y me besaste en contra de mi voluntad —desata una ligera risita.
—Y-Yo... Yo no... —siento que la totalidad de mi rostro se torna bermejo.
—No puedes negarlo, incluso te has puesto colorada porque sabes que no estoy mintiendo —no deja de sonreír.
—¡Suéltame ya! —doy ligeros golpes a su torso.
Jordan libera mi cintura y me levanto rápidamente.
—Ya fue suficiente... Vete —me aproximo a la ventana corrediza y apunto hacia la calle.
—Está bien, está bien —alza ambas manos, demostrando resignación—. Sin embargo... Solo me iré si aceptas ir conmigo al cine mañana —propone.
—¿Al cine?
—Así es. Compraremos soda y palomitas de maíz para disfrutar de la película —planea.
—Um... No lo sé... Quizás deberíamos tomar con más calma esto de salir... —insinúo.
Me agrada bastante pasar el tiempo con Jordan, pero aún no puedo deshacerme del miedo que me asedia al imaginar que alguien del instituto nos encuentre juntos.
—Las clases empezarán pronto, tanto las tuyas como las mías —señala—. Estaremos llenos de actividades y será difícil volver a coincidir en horarios. Por lo tanto, aprovechemos las semanas de vacaciones que nos sobran —sugiere.
Probablemente tenga razón. No debería preocuparme demasiado por otras personas, sino en valorar los momentos que comparto con él.
Muy pronto, todo esto acabará. Cuando regrese a mi país, no habrá manera de que él y yo sigamos en contacto. Teniendo en cuenta su carácter, quizás le aburra mantener una amistad con alguien a la distancia. ¿De qué le servirá?
Carpe diem, Dalila. Aprovecha el momento.
—D-De acuerdo —accedo—. Ahora, vete.
Suelta una risita de triunfo y se acerca a la ventana. Da un brinco por encima del borde y sale de la habitación.
—Hasta mañana, Dalila —se despide con suavidad.
—Sí... Hasta mañana.