Fuera de serie.

3502 Palabras
Estamos observando la cartelera junto con Jordan, pensando por cuál de todas las películas disponibles optar. Mis ojos apuntan a una de terror, sin embargo, siento vergüenza al tener que proponérselo. Una película de terror... ¿No pensará que soy extraña? Lo miro con disimulo y noto que luce bastante indeciso. Luego, dirige su rostro hacia mi dirección, encontrándose con mi mirada. —Entonces, ¿cuál escoges? —pregunta. —No lo sé, ¿qué te gustaría ver a ti? —Lo que tú elijas estará bien —sostiene. Tch. Eso no es de ayuda. —Pues... Veamos ésta —señalo con el dedo índice a una película romántica. —¿Estás segura? —cuestiona con recelo. —Dijiste que lo que eligiera, estaría bien para ti —arqueo una ceja. —Okay, okay —accede, resignado. Se encamina al sitio de venta de boletos y obtiene un par. Después, regresa a mí. —Iniciará en unos minutos, deberíamos aprovechar y comprar algo de comer —sugiere, a lo que afirmo con la cabeza. Tras conseguir todo lo necesario para disfrutar de la película cómodamente, ingresamos a la sala del cine y nos acomodamos en nuestros respectivos asientos. No quise admitírselo, pero al poco tiempo de decidirme por una película romántica, me arrepentí. Temía a que se aburriera tanto que se quedara dormido sobre el respaldo. Para mi sorpresa, él se mantuvo intacto hasta final, siendo yo quien terminó sucumbiendo al sueño por completo. De pronto, siento un dedo brincando en mi nariz, lo cual me lleva a despegar los ojos. —¿C-Cómo va la película? —finjo demencia mientras me froto los párpados. —La película ya acabó, señorita —expone, soltando una risitas. —Mientes... —frunzo el ceño y observo la enorme pantalla frente a mí, donde se pueden apreciar claramente los créditos. —¿Tuviste un buen sueño? —cuestiona en tono burlesco. Escondo el rostro con las manos, deseando que me tragara la tierra y me escupiera en algún lejano desierto. Estaba muerta de la vergüenza por haberme quedado dormida ante la película que yo misma escogí. —Lo siento... —gimoteo, con las mejillas rosadas. —Anda, no es para tanto —le resta importancia, tomando mis muñecas para quitarlas de mi cara. —Te devolveré el dinero que gastaste por los boletos —indico, frunciendo el labio inferior. —Tranquila, no es nada —dice en tono suave—. Es hora de irnos—manifiesta, mirando a las personas que van ingresando a la sala para la siguiente película a transmitirse. Salimos del cine y comenzamos a caminar en la acera. Jordan había ido a casa en coche, pero lo persuadí para que lo dejáramos allí. De esta forma, nos encontramos moviéndonos por nuestro propio pie. —¿Porqué no me despertaste? —refunfuño mientras camino a su lado. —Parecías estar muy cómoda —alega, con las comisuras de sus labios extendidas y las manos en los bolsillos. —No es motivo suficiente... —digo entre dientes. —Dalila, no te sientas culpable por algo tan insignificante como eso —manifiesta—. A decir verdad, la película no estuvo tan mala —se encoge de hombros. —¡Debí haber escogido la de terror! —suelto de manera brusca. Se detiene unos segundos y me mira asombrado. —¿Querías ver esa? —cuestiona. —D-Digamos que sí... —aparto la vista de la suya. —¡Yo también! —confiesa—. ¿Porqué no lo dijiste? —¿Porqué no lo dijiste tú? —le apunto con el dedo. Nos quedamos observando nuestros rostros por un rato, dándonos cuenta de lo tonto que sonaba nuestro intento de discusión, por lo tanto, terminamos riendo al unísono. Dejamos el tema a un lado y continuamos caminando. La oscuridad ya se había asentado en las calles, sin embargo, el reloj en el celular indica que no es demasiado tarde. Nos tomamos el tiempo para disfrutar de la serenidad que ofrece la brisa fresca en cada paso del sendero. Mientras pasamos por el perímetro de un parque, mis oídos perciben el sonido de una dulce melodia, proveniente de lo que parecía ser un violín. Busco el origen con la mirada, y al encontrarlo, noto que no me equivoco en mi teoría. Veo a una mujer ejecutando el violín en medio del parque, siendo rodeada por unos cuantos espectadores. —¿Qué es eso? —pregunto a Jordan repentinamente, señalando a la mujer. —Está dando un pequeño show —esclarece. —¿Aquí? ¿En un parque? —asumo sorprendida, puesto que nunca me había encontrado con un acto similar. —Algunas personas lo hacen para conseguir algo de dinero, pero ese no aparenta ser el caso de ella —supone—. ¿Nos acercamos? Acepto su propuesta y nos aproximamos, sumándonos al grupo de gente que se deleita con su sublime talento. No puedo negarlo, en lugar de un instrumento, se asemeja más a una extensión de su propio cuerpo. Conoce a la perfección cada fracción que lo conforma, por lo tanto, cierra los ojos, dejando que sus dedos tomen el control. No entona la canción con su voz, sino con las notas musicales que brotan de las cuerdas. Luego de unos segundos, consigo reconocer la música. Se trata de "Close to you" de Carpenters. Mi corazón comienza a palpitar con vehemencia, al recordar lo que significa para mí. En un impulso, coloco mi mano en el brazo de Jordan. Voltea el rostro hacia mí, pensando que le diría alguna cosa, sin embargo, permanezco deslumbrada ante la mujer, con la boca semiabierta y la mirada a punto de cristalizarse. —¿Estás bien? —cuestiona él. —¿Eh? —dirijo los ojos a su encuentro—. ¡Sí, claro! —afirmo—. Simplemente... Es la primera vez que veo un show como este... —¿En serio? —pregunta, sorprendido—. ¿No lo hacen en tu país? —No lo sé... Me temo que no tuve la oportunidad de cruzarme con un escenario así —manifiesto. —Me emociona saber que aún existen demasiadas cosas por enseñarte —se plasma una sonrisa en sus labios. —¿Te agrada el reto? —le devuelvo la sonrisa. —Me honra ser la persona que te muestre el mundo —inclina ligeramente la cabeza, simulando respeto, a lo que suelto una risita. De pronto, la melodía termina y la mujer agradece la presencia de los que la rodeamos. Después, da unas dulces palabras de despedida. Guarda su preciado tesoro en el estuche y lo ubica en su hombro. —¿Qué? ¿Ya se va? —cuestiono, un poco decepcionada. —Ya se hizo de noche... —señala Jordan. —Pero quería seguir oyendo... —hago pucheros. —No es una buena idea que deambule por las calles sosteniendo un instrumento tan valioso como lo es el violín. En un descuido, cualquiera podría arrebatárselo de las manos —declara. —Oh, en ese caso... —digo, aceptando que, definitivamente, marcharse a tiempo es la mejor decisión. —Nosotros también deberíamos irnos —indica, a lo que asiento con la cabeza. Retomamos el camino y avanzamos por el sendero. Aquella canción que la violinista había interpretado, se quedó incrustada en mi mente, trayendo ciertos recuerdos consigo. Años atrás, cuando el corazón de Ray aún latía con fuerza, me había enamorado de la música debido a su dulce melodía. Como el inglés ha formado parte de mi aprendizaje en medidas limitadas, me propuse a traducirla utilizando un diccionario. Efectivamente, la letra se sumergió en lo profundo de mi alma sin siquiera esperarlo, pues sin saberlo, había encontrado una música que, sin duda, hablaba del chico que me había cautivado. “El día que naciste los ángeles se juntaron y decidieron crear un sueño hecho realidad, entonces rociaron polvo lunar en tu cabello dorado y la luz de las estrellas en tus ojos azules”, era un fragmento. Suelto un suspiro y comienzo a tararearla mientras sigo mi camino. Jordan no dice nada al respecto, solo se mantiene en silencio. No puedo asegurar si está escuchando, o si en realidad se sumió en sus propios pensamientos. Nos encontramos a unas cuadras de mi casa, faltaba muy poco para llegar a ella. Entonces, Jordan se detiene. —¿Te gusta mucho aquella canción? —suelta en cuanto termino de tararearla. —No he podido sacármela de la cabeza —manifiesto. De repente, da unos pasos hacia mí y se ubica justo en frente, lo cual me lleva a mirarlo perpleja. —¿Sucede algo? —pregunto. —Bailemos —propone súbitamente. —¿A-Aquí? —dudo, observando mi alrededor—. Hay demasiado silencio y, además, estamos a mitad de la calle —le recuerdo. —Está oscuro y nadie nos ve, todo está desolado —esclarece. Sin darme la oportunidad de negarme o de escapar, reposa su mano en mi cintura y toma la otra para elevarla en el aire. —Y, con respecto a la música... Yo la cantaré —declara. —¿Ah, sí? —no hay manera de echarme para atrás, así que sigo su juego. —La misma que estabas tarareando hace un momento —indica. Solo permanezco mirándolo fijo, incapaz de articular una palabra. Jordan se propondría a entonar la canción que por años ha pertenecido solo a Ray, aunque nunca se la he dedicado. Cierra los ojos y se mantiene callado, lo cual me desconcierta. —¿No dijiste que cantarías? —cuestiono, arqueando una ceja. —Shh... La introducción está empezando en mi cabeza —señala. Desato una pequeña risa debido a sus ocurrencias. Comienzo a sentirme avergonzada debido a nuestra posición, aludiendo a una estatua de pareja bailarina; cuando, de pronto, comienza a moverse con suavidad, instándome a seguir su ritmo, en lo que su voz interrumpe el silencio. —“Why do birds suddenly appear every time you are near? Just like me, they long to be close to you...” —pronuncia la letra de una forma tan cálida que mi corazón parece arder. Jordan no es un cantante como tal, pero el sonido que forman sus labios son moduladas y armonizadas cuidadosamente—. Ahora tú —apunta. —¿Y-Yo? —me sorprendo, pues no era parte del acuerdo—. N-No se me da muy bien el inglés... —Te ayudaré —establece. —Tampoco soy buena cantando... —Anda, sin pretextos, pues no lograrás salir de esta —advierte. Giro los ojos y suelto aire a través de la boca. —“Why do stars fall down from the sky... Every time you walk by?” —entono con diversos errores en la enunciación de los términos en inglés, sin embargo, Jordan canta conmigo y me ayuda a perfeccionarlo—. “Just like me, they long to be close to you...” Sus movimientos danzarines cesan y se queda quieto, observándome con cierto brillo inexplicable en la mirada. —¿Lo ves? No es tan difícil —señala. Aunque dejamos de bailar, no me libera. Continúa sosteniendo mi mano y aferra mi cintura a su cuerpo. —S-Sí... Más o menos... —desciendo la vista para esquivar la suya y, de esta forma, ocultar que mi rostro se ruboriza al ser consciente de la postura en la que nos hallamos. Comienza a acariciar la palma de mi mano con su dedo pulgar, luego la lleva al nivel de su torso. No fueron muchas las ocasiones en que estuve tan cerca de Jordan, por lo tanto, nunca conseguí acostumbrarme. Aunque, a decir verdad, no creo que eso sea posible. Me resulta complejo tener que controlar mi agitada respiración o la manera alocada en que acrecientan mis latidos, así que apuesto a que conoce perfectamente mi estado anímico. Sigo sin poder levantar la mirada, pero puedo deducir que sus labios están curvados, exponiendo una sonrisa de satisfacción. —No me he equivocado contigo, Dalila —manifiesta de repente. —¿A-A qué te refieres? —mi pecho retumba debido a mis palpitaciones. —Eres una chica excepcional —declara. Jordan siempre me ha halagado. Incluso antes de conocerme, daba por hecho cualidades y virtudes acerca de mí que hasta yo desconocía. Me ha ayudado a elevar el autoestima que jamás me había molestado en alimentar, además de ignorar la existencia del mismo. Aún así, sigo preguntándome, ¿qué es exactamente lo que ve o percibe en mí? —No lo entiendo... —digo, alzando finalmente la mirada—. ¿Porqué te empeñas tanto en indagar más allá de lo que me atrevo a mostrar? Su expresión se torna pensativa, pero no tarda más que unos segundos en darme una respuesta. —¿Sabes? También me lo he preguntado —confiesa, dejándome aún más confundida—. Es verdad que la forma en la que tus ojos se clavaron en mí la primera vez que nos vimos, me impresionó; asimismo, es cierto que estaba interesado en ti porque eras la estudiante de intercambio de la que todos hablaban. Sin embargo... No eran motivos suficientes para estar tan inmerso en desear acercarme a ti —manifiesta—. «¿Porqué? ¿Porqué quiero conocerla? ¿Porqué deseo tanto tenerla cerca a pesar de su rechazo?», pensé. Si hubieras sido una chica del montón, no hubiera tolerado todos los insultos que me lanzaste como bolas de fuego —ríe—. Pero tú... Tú parecías tener impregnado un imán que me atraía a ti y lo sentí desde el primer momento. Sabía... Siempre supe que eres especial. Lo intuí —afirma con convicción—. Al principio, pensé que estaba loco, pero al pasar más tiempo junto a ti, comprobé que no estaba equivocado —arguye, jugando delicadamente con mis dedos—. Eres una jovencita fuera de serie, y me alegra haberte descubierto. No sé por cuánto más soy capaz de soportar las palabras tan dulces que me profesa. Mis piernas son invadidas por temblores casi imposibles de manejar, estando a punto de desplomarse. —R-Ray... No digas más... —digo, bajando de nuevo la mirada. Apoyo el rostro en su pecho para esconderlo, con una evidente timidez que parece agradarle. —Dalila... —pronuncia, con una calidez que me estremece—. Déjame verte —establece. Coloca la mano por debajo de mi barbilla y la eleva con fragilidad, instándome a que mis ojos se fijen en los suyos. —Tus mejillas tienen la misma capacidad que un camaleón, cambian de color dependiendo de tus emociones —bromea. Procuro volver a descender la mirada, pero no me lo permite. —No lo hagas, Dalila. No te avergüences más —señala, en lo que su mano acaricia mi mejilla—. No tienes ninguna razón para ocultarte, solo mírate —recorre la vista en cada fragmento de mi cara—. Eres realmente preciosa. Estoy al borde del colapso, mi cuerpo se derrite poco a poco ante cada palabra que es expulsada de su boca. —Y me encanta cuando te sonrojas —manifiesta repentinamente—. Más aún cuando soy el motivo —agrega. —¿C-Cómo sabes que es por ti? —cuestiono, con la última pizca de orgullo que continúa latente dentro de mí. —¿Vas a seguir negando lo evidente? —pregunta, levantando ambas cejas—. Tus ojos hablan por sí mismos, y desde hace tiempo que me han dicho lo felices que son cada vez que me ven —argumenta, totalmente convencido—. Además... —la yema de su dedo pulgar se posa en mi boca y la acaricia con delicadeza—. No olvides que... Tus propios labios también han expuesto los sentimientos que tanto te has obstinado en reprimir. Jordan había logrado derribar cada barrera que impuse a mi alrededor sin que me percatara de ello. Lo hizo con sumo cuidado y con toda la paciencia que requiere. No se rindió conmigo bajo ninguna circunstancia, sino que se decidió a excavar con perseverancia, consiguiendo de este modo alcanzar la profundidad de mi alma. Sin embargo, aquello se torna un problema para mí. Ahora que comprende que sus esfuerzos tuvieron frutos, me encuentro en un estado de vulnerabilidad ante él. Mi semblante adquiere una expresión triste, denotando cierto desazón, lo que Jordan capta al cabo de unos segundos. —¿Qué ocurre? —pregunta, preocupado. —Ray, yo... No tengo la intención de seguir negando todos los sentimientos que han surgido dentro de mí. En efecto, mi corazón siente una inclinación irremediable hacia ti —manifiesto, lo cual lo toma por sorpresa—. Sin embargo... Yo... Yo no... —me armo de valor para enunciar lo siguiente—. No estoy dispuesta a llevar una relación abierta contigo —establezco—. No creo poder ser capaz... De ser tu amiga con derecho. Mis palabras, sin duda, lo deja atónito. Pero, no daría marcha atrás a lo que expresé. No me someteré a una situación para la cual no soy apta, quiero decir, no soportaré tener que compartir a Jordan con otra chica. Considerando lo que me había comentado con respecto a su percepción acerca del amor, me preparo mentalmente para que sus brazos me suelten y retroceda un paso, alegando que, si no cedo a sus reglas, entonces no podremos ir más allá de esta improvisada confesión. Sin embargo, no me preparé para lo que en realidad sucedió. El hecho de que tome mi rostro con ambas manos en lugar de alejarse, es una escena que no tuvo cabida en mi cabeza. —Dalila... Yo jamás te pediría algo como eso —manifiesta. Simplemente, permanezco mirándolo fijo, incrédula ante su declaración. —¿L-Lo dices en serio? —cuestiono, inquieta. —Por supuesto... —acaricia mis mejillas y aproxima su rostro al mío—. Te quiero solo para mí. Su respiración resopla mi nariz debido a su cercanía, lo cual me pone los pelos de punta. Sigue aproximándose, acortando lo que queda de distancia entre nosotros, hasta que, finalmente, sus labios rozan los míos. Aunque ya lo había besado una vez, no recordaba el sabor de este. Ahora, puedo deleitarme con la placentera dulzura de su aliento. Sus labios expertos indican que mi boca es un terreno en donde le resulta fácil desenvolverse. Recorre cada espacio del mismo, asegurándose de dejar huella en cada fragmento, en cada rincón. Me siento un poco avergonzada por no ser capaz de seguir su ritmo a la perfección, pues hacía tiempo que ya no daba un beso -al menos, no conscientemente-, sin embargo, esto no parece molestarle. Mi corazón no consigue disminuir los latidos, sino que se hacen más intensos en cada minuto. Jordan desciende las manos de mi rostro y las coloca en mi cintura, aferrándome a él. Las mías se mantiene reposando en su torso, en lo que mis palmas perciben sus aceleradas palpitaciones. Está tan emocionado como yo, lo cual me hace verdaderamente feliz. El hecho de que no tuve que correr tras él, persiguiendo su espalda para que voltee a verme, sino que fue él quien se esforzó para alcanzarme, me colma de una inexplicable plenitud. No me arrepiento de este momento, ni de haberle dado la oportunidad de acercarse. Hace bastante tiempo desistí en pensar en Jordan como un "sustituto" para llenar el vacío que mi primer amor había dejado con su partida. Por lo tanto, soy consciente que al que tengo frente a mí, devorando mis labios, es nada menos que a Jordan Palermo. Sus manos empiezan a moverse en mi espalda, acariciándome con suavidad y con firmeza a la vez. Sus dedos se hunden en mi blusa, como si desearan atravesarla para sentir mi piel. Sus besos se tornan más apasionados en cada segundo, lo cual me tiene fascinada, pero no tardo mucho en recordar que nos encontramos a mitad de la calle y de la oscuridad. Por lo tanto, lo detengo. —Espera, espera, Ray... —imploro, apartándome de su boca, mas no de sus brazos—. No olvides que estamos en medio de espacios abiertos —susurro, con una sonrisa. Suelta una risita traviesa y pestañea repetidas veces, como si estuviese saliendo de un trance. —Tienes razón. Lo siento, no pude contenerme —manifiesta. —No podemos seguir aquí, hay que irnos —indico. Permanece quieto, aún envolviéndome con sus brazos, con el semblante pensativo. —¿No te gustaría... Ir a mi casa? —propone repentinamente. Sin comprender el trasfondo de aquellas palabras, accedo sin vacilar. —Me encantaría... —respondo, dando un casto beso a sus labios. Pensé que con todo lo que me había ocurrido con Diego, Soraya, e incluso Santiago, había adquirido la experiencia necesaria para interpretar las intenciones de las personas. Sin embargo, Jordan iba más allá de lo que yo pudiera descifrar. La verdad es que, no tenía idea de nada.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR