Color de rosa.

4105 Palabras
Fuimos por su auto y subimos en él para encaminarnos al departamento en el que vive Jordan. Una vez allí, pude entender el motivo por el que se refería a su hogar como un espacio pequeño, pues en verdad lo es. Solo consta de dos piezas, una de ellas es su habitación y la otra es todo al mismo tiempo: Cocina, sala y comedor. El baño individual se encuentra en su recámara. A pesar de ser un sitio bastante limitado, no es para nada apretado ni desordenado. Cada mueble está perfectamente acomodado en su lugar, sin intervenir el paso. Además, cada parte del departamento y lo que hay en él, luce ostentoso, así como el edificio en sí. —¿Eres un niño rico? —pregunto de repente, mientras recorro su habitación. —No lo creo. A mis padres solo les va muy bien —se encoge de hombros. —¿No estás al tanto de la economía de tu familia? —¿Qué imaginas que pensarían mis padres si me ven muy interesado en su dinero? —coloca los dedos en la barbilla y se torna pensativo, a lo que desato una risita. —Dudo que se hagan ese concepto de ti. Después de todo, en algún momento de tu vida deberás encargarte de las finanzas —asumo. —Tengo mis propios sueños —establece—. No me mudaré a Dinamarca para manejar los negocios. Si voy, tendrá que ser para dar un espectáculo en el escenario. Admiro la emoción con la que habla de sus planes y el hecho de que sabe qué dirección tomar con exactitud. Yo, en cambio, no tengo idea de lo que me gustaría hacer en el futuro. Continúo mi recorrido, cuando de pronto, encuentro una foto enmarcada reposando en un escritorio. La sostengo y la aproximo a mis ojos para observarla con detenimiento. Es Jordan junto a dos personas, un hombre y una mujer. Deben ser muy importantes para tenerlos a la vista. —¿Quiénes son? —demuestro curiosidad, a lo que se ubica a mi costado. —Son mis padres —expone. Frunzo el ceño y adquiero una expresión perpleja. Dirijo mi mirada hacia él, quien arquea una ceja. —¿Porqué me miras así? —cuestiona. Llevo de nuevo la vista a la foto, sin poder ocultar mi sorpresa. Sin embargo, decido no articular palabra al respecto. —No... Por nada. Acomodo de vuelta la foto en el escritorio, cuando una sensación de escalofríos inquieta mi espalda. La razón es que, los supuestos padres de Jordan, no se parecen en nada a él. Un hombre y una mujer con el pelo oscuro, la piel trigueña y los ojos cafés, ¿pueden tener una descendencia caucásica como Jordan? —¿Qué ocurre? —siento su mano en mi espalda. —Nada, es que... Son... —son muy diferentes a ti. —Lucen como dos personas muy estrictas, ¿no? —bromea—. Pero no lo son, en absoluto. Algún día tendrás la oportunidad de conocerlos —señala, caminando hacia la cama. —¿Quieres presentarme a tus padres? —elevo una ceja. —Les gustarás tanto como a mí, créeme —asume con convicción. Mis mejillas se tiñen de rosa luego de escucharlo decir aquello, haciéndome olvidar por completo la cuestión que me tenía intranquila. —Como puedes ver... —da un leve giro con los brazos extendidos—. Esta es mi humilde morada —me brinda una sonrisa. —¿Humilde? —suelto en tono burlesco—. Este lugar es la definición de "lujo". ¿A cuántas más has traído, eh? —¿En verdad quieres saber? —pregunta en tono desafiante, mientras da unos pasos hacia mí. —Um... Mejor no... —rio. Sigue caminando hasta colocarse en frente. Anteriormente, retrocedía para alejarme de su cercanía, sin embargo, ya no siento la necesidad de hacerlo. Permanezco quieta, a tan solo un dedo de distancia, sin la mínima intención de echarme para atrás. —Tú... Eres la primera chica a la que traigo aquí —manifiesta. Lo miro con ojos incrédulos y mi vientre empieza a cosquillear, lo que me lleva a desatar una carcajada. Su sonrisa se desvanece y adopta una actitud que indica molestia. —¿Porqué te ríes? —se cruza de brazos. —¡Jajaja, no inventes! —doy una palmada a su hombro. —¿No me crees? —No soy la única a la que le da gracia —me limpio las lágrimas de risa—. Las paredes de este lugar, tus muebles e incluso la cama están riendo conmigo —me mofo. —Estoy siendo serio con esto —establece, sin un ápice de broma. —No tienes que llegar a esos extremos para atraparme, ya estoy aquí —me encojo de hombros y me alejo de él, a lo que me toma de la mano para detenerme. —Desde que nos conocemos hasta este momento, nunca te he mentido, Dalila —declara, con la vista incrustada en la mía. —No te enfades, solo estaba bromeando... —¿Te importaría no hacerlo cuando estoy siendo sincero? Parpadeo repetidas veces y mi semblante se torna inexpresivo. En realidad, no pensé que lo estuviera diciendo con honestidad. —Lo siento... —expreso. Cierra los ojos y deja salir el aire a través de su boca, sin liberar mi mano. —Entonces, ¿ya podemos dejar las risas a un lado y hablar seriamente? —C-Claro... —Perfecto —me estira hacia él para acortar el trecho entre nosotros—. Como te decía, nunca había traído a una chica a mi departamento. Bueno, mi tía viene en ocasiones... —rasca su mejilla con el dedo índice—. Pero es familia así que no cuenta —esclarece. —¿Porqué no lo has hecho? —pregunto. Si es verdad que sus conquistas no han venido aquí, me causa intriga. —Pues... Porque este es el único lugar en el mundo que considero mi escape —argumenta—. Este pequeño sitio es mi burbuja de paz. ¿Te imaginas lo que sucedería si trajera a cada chica que conozco? —cuestiona con desagrado—. ¿A dónde iría cuando no tenga ganas de lidiar con la gente de mi alrededor? Todos sabrían dónde encontrarme, sería un verdadero fastidio. —¿Tus amigos tampoco han venido? —Solo el más cercano. —Entonces... ¿Qué estoy haciendo aquí? En ese momento, las comisuras de sus labios se despliegan hacia los lados, exponiendo una cautivadora sonrisa, mientras que su mirada se enternece. —No puedes compararte con nadie que haya conocido —establece—. Tú... Irradias una inefable tranquilidad. Creo que eres la única persona digna de sumarse a este pequeñísimo universo —indica. Aparto los ojos debido a la timidez que me provocan sus palabras. Sin embargo, aunque desearía sentirme especial, ciertas preguntas que rondan en mi mente me abruman. «¿Marina nunca estuvo en este sitio?» Me cuesta mucho creerlo ya que han mantenido una relación abierta desde hace bastante tiempo. De todos modos, a pesar de estar siempre dispuesta a saciar mi curiosidad, por esta vez no quisiera mencionarla. —Me siento honrada... —es lo que respondo, ignorando cualquier duda en mi cabeza. Jordan coloca sus dedos por debajo de mi barbilla y eleva mi rostro con suavidad. Comienza a acariciar mi mejilla y da un casto beso a mi pómulo derecho. Se asoma a mi oído y susurra con su seductora voz. —Hoy estás hermosa... —expresa. —Pero si estoy igual que siempre... —suelto una risita nerviosa. —Así es. Siempre te ves espléndida —manifiesta. Respira siguiendo el borde de mi oreja, lo cual eriza mi piel. Sus manos se posan en mi hombro y descienden por mis brazos, se acomodan en mi espalda baja y me aprisionan contra su cuerpo. Sus labios pasean por mi cuello, dando un ligero mordisco, lo que me lleva a liberar un extraño pero casi imperceptible sonido. Mantengo los ojos cerrados, haciendo que todos mis demás sentidos se agudicen. Levanta el rostro y se asoma al mío, para finalmente, encontrarse con mi boca. Rodeo su cuello con mis brazos y me apego aún más a él, en lo que siento que sus brazos me aprietan con firmeza. Sus traviesas manos no dejan de moverse, sino que recorren aquí y allá, como probando mis límites. Entonces, las introduce por debajo de mi blusa y las yemas de sus dedos circulan por mi espalda, hundiéndolas en mi piel. Al sentir su tacto, realizo una pausa entre besos para soltar el aire que ha vuelto loco a mis pulmones. Poco a poco, mis labios toman el ritmo de los suyos. Avanza paulatinamente, haciéndome retroceder, sin liberar mi cuerpo. De pronto, mis piernas chocan contra el borde de la cama. Jordan me tiende sobre esta y sube encima mío, besándome sin detenerse, aumentando la intensidad cada vez. Coloca una de sus rodillas en medio de mis piernas y las separa, abriéndolas para encajar en el centro. Tras unos segundos, se aparta de mi boca y me observa extasiado. —Dalila... —pronuncia, expulsando aire—. Te deseo... Sus palabras dieron una sacudida a mi interior, calentando cada rincón de mi ser. No contesto a su declaración, sino que sucumbo ante sus caricias. Rodeo sus caderas con mis piernas y lo aferro a mí, dándole a conocer mi respuesta. Sonríe con picardía y continúa besándome con frenesí. Subo el borde de su camiseta para quitárselo, liberando sus pronunciados pectorales. Llevo mis manos a su espalda y me deleito con su tersidad. Jordan levanta mi blusa y se deshace de ella. No tarda en regresar a mí y se sitúa en mis clavículas, besándolas sin dudar, siguiendo la línea que lo lleva a detenerse en mi pecho. Dirige una de sus manos hacia mi espalda, y con cierta destreza en sus dedos, desabrocha mi sostén en el primer intento. Desciende las tiras de este y deja mis senos al descubierto. Arroja el sostén lo más lejos que puede y permanece embelesado escrutando cada uno de mis pechos, denotando un apetito indiscutible por poseerme. No tengo miedo y me sorprende incluso a mí misma. Fueron pocas las ocasiones en que he estado en una situación similar, quizás debería temblar por temor debido a mi inexperiencia y a mi ignorancia por no saber lo que vendría después. Es decir, lo sabía en teoría, pero jamás lo había vivido en carne propia. Sin embargo, sus caricias en lugar de intimidarme, me brindan una increíble sensación de seguridad, conduciéndome a creer que estoy protegida en sus brazos y que no tengo nada que temer. Se asoma a mis bustos y se apodera de uno de ellos, obligándome a lanzar alguno que otro gemido. Se aparta de un seno para dirigirse al segundo, mordisqueando ligeramente el extremo sobresaliente de este. Segundos después, los deja descansar y desciende por mi abdomen, besando cada parte, como si no quisiera omitir ningún fragmento de mi cuerpo, deseando que sus rastros queden sellados en mi piel. Una vez que se convence de haber probado la zona de mi abdomen en su totalidad, continúa su camino, bajando hacia el área pélvica. Con sus indudables habilidades, no se demora nada en deshacerse de los jeans que me cubrían. Coloca sus manos debajo de mis muslos y los eleva, encajando su cabeza entre ambos. Siento su respiración rozando la parte interna de mis muslos, así como en mi zona más intima, aún por encima de las bragas. Su nariz se posa en mi intimidad y lo acaricia con este. —¿Q-Qué... Qué estás habiendo? —cuestiono con la poca voluntad que me queda. —Deseo degustarte... —manifiesta, lo cual me desconcierta. —¿D-De qué hablas? —me recargo sobre mis codos y lo miro confundida, sin comprender el significado de sus palabras. Me quita la ropa interior con lentitud, mientras que aún perpleja, no lo interrumpo. Se acerca de nuevo a mi intimidad, en lo que, por un impulso, coloco la mano encima de la misma. Sus ojos se incrustan en mí y sonríe con picardía. —¿Estás avergonzada? —me pregunta y no puedo evitar sonrojarme ante tal cuestionamiento. —E-Es que... Yo... —¿Nunca te han hecho esto? —toma mi mano y la aparta de mi zona íntima, exponiéndola a su merced. —¿A qué te refie...? —en ese instante, sin poder formular mi pregunta, siento su lengua acariciando en el punto más sensible del área. Me tumbo en la cama y arqueo mi espalda, con las manos en la boca, ahogando intensos gemidos de placer. Lo hace con tanta delicadeza y con firmeza a la vez, succionando y acariciando con la dimensión exacta, cuidando cada movimiento que realiza. De pronto, extiende la mano para alcanzar mi brazo, con la intención de alejarla de mi boca. —No te contengas... —manifiesta—. Quiero escucharte... Libero mi voz y lo dejo salir, en lo que Jordan continúa con la dulce tortura, la cual me lleva al borde de la explosión. Se levanta y sube de vuelta encima mío, asomándose a mis labios, haciéndome probar mi propia esencia. Tomo su rostro con ambas manos y me embeleso con sus besos. Sin separarse de mí, percibo que baja su cremallera y se encarga de quitarse el pantalón, quedándose solo con el bóxer. Se pega a mi pelvis, sintiendo el bulto que ya había aumentado de tamaño. Frota su intimidad con la mía, expulsando aire a través de la boca, siendo incapaz de controlar su alocada respiración. Hundo mis uñas en la piel de su espalda y aferro su cuerpo a mí, con mis pechos pegándose a su torso. Mi corazón late con fuerza y me suplica que busque la manera de saciar este deseo, para que al fin pueda tranquilizarse. Paseo mis dedos en el borde de su bóxer y lo bajo lo más que puedo, liberando su excitado m*****o. Jordan coloca las manos en mis nalgas y me eleva con ligereza, poniendo a disposición mi intimidad. Lo roza un par de veces, hasta que intenta introducirlo de un golpe. El inexplicable dolor me hace retroceder de un brinco, tomándolo por sorpresa. —Lo siento... —expresa, con los ojos abiertos—. ¿Te lastimé? —¡No, no! —acaricio su mejilla—. No pasa nada... Ladea la cabeza y me mira confundido. —¿Estás bien? —Sí, lo estoy... —aseguro. Me da un beso en los labios y trata de encajar de nuevo en mí, pero con más calma. Cierro los ojos y me aferro a su torso, procurando no pensar en el dolor. Sin embargo, mi pelvis se había tensado debido al susto de hace un rato, lo que dificulta el paso a Jordan. Se despega de mí y vuelve a mirarme, perplejo. Su mirada se torna inquieta, intentando encontrar una explicación a lo que está sucediendo. En sus ojos consigo notar que no es normal para él. —Dalila... —pronuncia—. Tienes que ser completamente sincera conmigo, o... O no podremos continuar —advierte. Parpadeo varias veces, con la boca ligeramente abierta y la mente nublada por la mezcla de sensaciones que estoy experimentando. Aún así, afirmo con la cabeza. —¿Tú... Ya has estado con un hombre? Lo observo con asombro y, de repente, comienzo a sentir temor. No entiendo porqué, pero quizás se deba a la expresión que lleva en su rostro en este momento. Una de desconcierto. —Yo... —estoy a punto de decirle que sí, en lo que habla por encima de mí. —Si por alguna razón intentas mentirme, de todos modos lo notaré —insinúa. Me quedo en silencio durante unos segundos, luego suelto un suspiro, resignada a la circunstancias. De mi boca no salen palabras, sino que respondo solo negando con la cabeza. Jordan respira hondo y se torna pensativo. —¿Porqué no me lo dijiste? —cuestiona. —No... No encontré el momento indicado... Quiero decir, no tenía la intención de ocultarlo, simplemente... Nunca hemos hablado de ello —titubeo. Aparta la mirada y cualquier rastro de excitación desaparece de su semblante. Se incorpora y se aleja de mí, sentándose al borde de la cama. —¿Estás molesto? —pregunto, temiendo a su respuesta. —No, no estoy molesto. Estoy sorprendido —suspira—. Es que tú... Tú tuviste una relación de noviazgo, así que... Estaba convencido de que... Ya tenías experiencia... —vacila, con la vista en la nada. Era lógico. Quizás cualquiera habría pensado lo mismo en su lugar. Sin embargo, lo cierto es que Diego y yo nunca hemos dado ese paso, no porque no lo hayamos querido, sino porque no hemos tenido la suficiente privacidad para ello. —¿Acaso eso es un problema? —cuestiono de repente—. Me refiero a que, prefieres a una chica experimentada o... —No es eso, en absoluto —asume. —¿Entonces? ¿Ya no quieres estar conmigo? —cuestiono, con la voz levemente quebrada. —Por supuesto que quiero —dirige la mirada hacia mí, demostrando total seguridad en sus palabras—. Es solo que, si lo hubiera sabido, todo habría sido diferente... —¿Diferente cómo? —insisto, intrigada. —Hubiera actuado de otra manera —manifiesta, apartando la mirada nuevamente—. Habría sido más... Más suave, más delicado contigo. Además, te confieso que después de todo esto, no puedo evitar pensar que me he aprovechado de ti de algún modo... —Pues yo no he pensado de esa forma en ningún momento —lo interrumpo. —Sí, tal vez... Me acerco a él y estribo mi barbilla en su hombro, abrazándolo por detrás. —Ray, escucha. Si estoy aquí, fue porque yo lo decidí —establezco—. Es verdad que tú tomaste la iniciativa, pero yo opté por continuar. Si lo hubiera querido, te habría detenido pero no quise, pues deseo estar entre tus brazos tanto como tú deseas tenerme. No me forzaste a hacer nada en contra de mi voluntad, así que no tienes ninguna razón para sentirte mal —aclaro—. Todo lo que ha sucedido hasta llegar a este punto, me ha fascinado. No tengo la intención de echarme para atrás —asevero—. ¿Y tú, qué opinas al respecto? ¿Me pedirás que me vista y me marche? Mueve la cabeza hacia mi dirección y fija los ojos en los míos. Como estamos desnudos, hace un leve recorrido por mi cuerpo, para luego detenerse de nuevo en mi mirada. —Quizás es lo que debería hacer, frenar aquí y llevarte a casa —supone—. Sin embargo, no es lo que quiero... —¿Qué es lo que quieres, entonces? —Hacerte mía —declara—. Adueñarme de cada parte de tu cuerpo, sin dejar un solo espacio sin las huellas de mis besos... —Pues yo quiero lo mismo —lo estiro hacia mí y alcanzo su boca. Sube de vuelta encima, acomodándose en la antigua posición. Mi mano cobra raciocinio propio y se dirige al encuentro de su m*****o. Lo tomo y lo acaricio con un poco de torpeza, a lo que sonríe de manera traviesa. Sostiene mi mano y me enseña cómo debo hacerlo. Tocarlo me estremece, llevándome a sentir unas extrañas ansias por quererlo dentro de mí. Me muerdo el labio inferior y lo miro irradiando deseo, a punto de quemarme con mi propio fuego. —Dalila, si me miras de esa forma, no creo poder controlarme... —indica, a lo que suelto una risita pícara. —Ven a mí, te quiero dentro —manifiesto. Me besa con ímpetu y aferra mi cuerpo al suyo. Siento su mano acariciar mi intimidad, quizás para cerciorarse de mi humedad. Se sitúa entre mis piernas y retoma nuestro asunto pendiente. —Tienes que relajarte —aconseja, dando un par de leves palmadas a mi nalga. —Estoy relajada... —asumo. Se asoma a mi oído y susurra con la voz seductora. —No pienses en nada más... —el aire que sale mediante su boca roza mi audición, lo cual me eriza la piel. Se introduce dentro mío con lentitud, pero se detiene a la mitad. —Concéntrate en mis besos... —atrae mi atención con su voz, recorriendo mi cuello con sus labios. —¿Ya terminó? —pregunto de repente, a lo que no puede evitar sonreír con mi interrogante. —Aún no, nena. Ni siquiera hemos empezado —alerta. Jordan aún no había conseguido encajar por completo, solo una pequeña parte. No siento dolor en ese punto, sino una rara sensación de ardor. Sin embargo, aquello no me molesta. Aprisiono sus caderas con mis piernas, motivándolo a entrar un poco más. —No hagas eso... —implora—. No sabes el esfuerzo sobrehumano que estoy haciendo para contenerme contigo... Rozo sus labios y reposo mis manos en sus nalgas, elevando mis caderas para estimularlo. —Quiero sentirte más... —manifiesto. En ese momento, empuja para dentro, obligándome a soltar un gemido. —No te detengas... —advierto, antes de que pensara en hacerlo—. No te preocupes por mí, solo tómame de una vez... —ruego. Mi voz parece surtir efecto, pues Jordan me envuelve con los brazos, me presiona contra su torso y encaja en mí de un solo golpe, introduciendo toda su extensión. Lanzo gemidos de dolor junto con una extraña mezcla de placer. Hundo mis uñas en su espalda mientras me embiste sin miramiento. [...] No me arrepiento de lo que acaba de ocurrir. Fue mi decisión. Disfruté derretirme con el calor de su cuerpo y entregarme por completo. Sin duda, fue uno de los momentos más impactantes de mi vida. Sin embargo, no todo es color de rosa como lo pintan. Nadie jamás afirmó que sería fácil, que luego del primer beso se formaba el lazo imposible de romper. Aún así, no puedo lidiar con el cambio drástico que tuvo Jordan, tan solo unos minutos después de terminar sobre mi vientre. Se separó de mí y se levantó de la cama, congelándome con su fría actitud. Traté de restarle importancia, por lo tanto, ingresé a su baño para tomar una ducha. En este momento, dejo que las gotas de agua caigan en picada sobre mi piel, limpiando el sudor que había desprendido entre las caricias y el fuego que él desbordaba. Aquel fuego que se apagó justo después de tenerme. Suelto un suspiro y apago la ducha. Me envuelvo con una toalla y con otra intento quitar la humedad de mi pelo. Salgo del baño, viendo a Jordan completamente vestido y observando el celular. Al notarme, dirige su mirada hacia mí, con la tez inexpresiva. —¿Estás bien? —pregunta con sequedad. —Lo estoy —respondo firme. —Entonces... —lleva la mirada al suelo y luego la regresa a mí—. ¿Te parece bien si te llevo a tu casa? No pensaba quedarme a dormir precisamente, sin embargo, no pude evitar que la garganta se me tensara al escuchar su sugerencia. —No te preocupes... Iré por mi cuenta —establezco, esforzándome para que no se percatara de mi voz quebradiza. Tomos mis prendas y me visto de manera veloz para salir rápidamente de allí. —¿Porqué lo harías? —cuestiona—. Te traje en mi coche así que debo llevarte... —Llamaré a un taxi —lo ignoro. Permanece en silencio durante un rato, en tanto que termino de alistarme. —Tengo algo que hacer, es por ello que... —No tienes que explicarme nada —declaro. Me dirijo a la puerta e intento abrirla, pero tiene seguro. No articulo palabra, simplemente aguardo de pie cerca de la entrada, a lo que Jordan se acerca y me abre la puerta. —Espero... Que llegues bien —suelta, sin ningún ápice de la dulzura que emanaba antes de llegar aquí. —Claro. Salgo del departamento y marco a un taxi mientras aguardo a que el elevador llegue al piso en el que me encuentro. Al colgar la llamada, empiezo a refunfuñar para mis adentros. ¿Qué fue todo eso? ¿Porqué actuó con tanta frialdad? ¿Acaso hice algo mal? ¡No lo entiendo para nada! Aquellos cuestionamientos no tendrían respuesta alguna, ya que después de esa noche, no volvería a saber de él por un largo tiempo.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR