Avalancha.

1434 Palabras
En la mañana del día siguiente, estoy situada en el patio del instituto junto con mis amigas, durante los minutos del receso. —Dalila, ¿pudiste hablar con el comité? —pregunta Micaela. —No con el comité precisamente. Para mi desgracia tuve que hablar con Soraya —expreso de manera despectiva. —¿En serio? —Micaela me mira con asombro. —Alegó que debíamos ganar un par de trofeos más para solicitar el aumento del presupuesto —señalo. —¿Eso dijo? —Paloma entra en la conversación—. ¿Y qué le respondiste? —Nada, pero estoy segura de que lo conseguiremos —asevero. Las chicas solo se miran entre sí, con cierto grado de inseguridad en sus semblantes. —¿Porqué ponen esas caras? —cuestiono. —Dalila, tú mejor que nadie sabes que no fue nada sencillo obtener ese único trofeo que ganamos —expone Paloma. —¿No confían en el talento que poseen? —suelto. —Somos optimistas pero también debemos ser realistas —comenta Micaela—. Mi intuición me dice que si logramos el aumento, será cuando tú ya no estés aquí... —Pues a mí me dice que una vez que Dalila se vaya, perderemos cualquier posibilidad —comenta Paloma. —No es así —refuto—. Es verdad que las he ayudado pero no significa que no puedan hacerlo sin mí. —Para ser honesta, cuando recuerdo que se acerca la fecha de tu partida, el temor se apodera de mí —gimotea Micaela—. ¿No existe la oportunidad de alargar tu estancia? Quiero decir, que te quedes al menos durante todo el año... —Algo me había dicho mi padre —expongo—. Sin embargo, no he decidido nada. —¿Porqué lo pones en duda? ¿No eres feliz aquí? —Paloma se inclina ligeramente hacia mí, aguardando por una respuesta. —Lo soy, pero... No se trata solo de eso —indico. —¡Argh, todo se complicó de repente! Además, ni siquiera nos han puesto un entrenador. ¿Es que acaso no valemos nada? —se irrita Micaela. Mientras que ella y Paloma se sumergen en la desesperación, Marina no dice una palabra al respecto. Se mantiene en silencio, con la mirada en la nada, como si tuviera otros asuntos de los que preocuparse. De pronto, suena el timbre que anuncia que el recreo ya terminó, así que las demás se levantan y se encaminan a las aulas, en tanto que Marina se demora un poco más. Me aproximo a ella y coloco mi mano en su hombro. —¿Estás bien? —pregunto con voz suave. —Claro que sí, ¿a qué viene eso? —responde con una sonrisa fingida. Es evidente que procura ocultar su inquietud. —Es que luces como si algo te estuviese molestando. Estás distraída y muy callada, más de lo normal —expongo. Suelta un suspiro y lleva la mano en su nuca. —No... No acostumbro platicar sobre mis asuntos... —Créeme, es una característica que tenemos en común; sin embargo, soy consciente de que hablarlo ayuda mucho para aliviar la angustia —expreso. —¿E-Eso piensas? —Claro, estoy segura —afirmo. —Entonces... ¿Vendrías a mi casa después de clases? No quiero tener que mencionarlo aquí —indica. —¿T-Tú... Quieres que yo te escuche? —a decir verdad, aquello me sorprendió. No esperaba que me tomara como una confidente, solo trataba de darle un consejo. —Paloma no es una buena opción. Ya sabes cómo es, explosiva y lengua floja. ¿Y Micaela? No, ni hablar —mueve la cabeza de un lado a otro y desata una risita. No podía negarlo, ambas son realmente un par de dinamitas. Había que tener cuidado con ellas debido a que podían estallar en cualquier momento. —De acuerdo. No hay problema —accedo. Tras terminar las clases, acompaño a Marina a su casa. He ido varias veces e incluso hemos limpiado esa enorme residencia juntas, y nunca termino de asombrarme por lo ostentosa que es. Jamás se lo he preguntado a ella ni a nadie, pero Marina luce como la hija de una pareja de ricos. No tiene hermanos, así que se convertiría en la única heredera de todo. Creo que alguna vez escuché a Paloma decir que el padre de Marina es un... ¿Abogado de alto nivel? Eso explicaría los lujos. Ella y yo subimos a su habitación y nos acomodamos en su cama, con los tobillos cruzados y ubicadas frente a frente. En realidad, esperaba que su preocupación se debiera a, quizás, algún asunto familiar. Sin embargo, no pensé que terminaría teniendo la conversación más incómoda de mi vida. —Estoy un poco avergonzada... —manifiesta Marina, riendo con nerviosismo. —¿Porqué? Tú y yo somos amigas, no hay nada por lo que apenarse —doy palmadas a su rodilla, tratando de calmarla. —Es que... Tú... Tú aún no has a estado con ningún chico, ¿cierto? —mi sonrisa quiere borrarse en ese instante pero me fuerzo en mantenerla—. No sé lo que vayas a pensar de mí... Oh... Así que va por ese lado... —No te juzgaré —asevero, luego de decidir que no la sacaría de su error. Exhala ruidosamente y restriega sus manos para secar el sudor. —Estoy... Frustrada —suelta. Frunzo el ceño y ladeo la cabeza al no poder comprender el trasfondo. —¿Frustrada? —repito. —Me refiero a... Frustrada sexualmente —expone. —Oh, vaya... Aunque me sorprende por mucho, finjo que no es la gran cosa pues intento que sus mejillas no se sonrojen por aquella declaración. —Pero... No lo entiendo —agrego—. ¿Acaso Jordan y tú... No lo hacen? —No lo hemos hecho desde hace bastante tiempo —confiesa, lo cual me desconcierta aún más. Él ya me lo había dicho, pero no le creí—. Ya pasaron... No lo sé, como tres meses... —Ajá... —no tengo idea de cómo responder a eso. —Traté de seducirlo en varias ocasiones pero no funciona, y lo cierto es que es sumamente embarazoso querer hacerlo pero que él no esté dispuesto a ello —manifiesta—. Además, he notado que su manera de verme cambió. Anteriormente, me miraba como si me deseara, pero ahora solo... Me mira normal, como una más del montón —Marina parece estar desahogándose como nunca lo ha hecho. La mirada de deseo de Jordan... La conozco a la perfección, pues es la manera en la que me mira a mí ahora. —¿Se lo... Has preguntado? —cuestiono. —¿Preguntarle qué? —Pues... Qué es lo que ocurre —indico. —No, cómo crees. Eso sería muy humillante para mí —asume—. A decir verdad, sospecho que tiene a otra chica. Mi corazón comienza a descolocarse en lo que mi respiración se vuelve pesada. A ver, Dalila. Contrólate. Dijo "chica", no está hablando específicamente de ti. —¿Y q-qué te hace pensar eso? —mi voz se torna aguda sin poder manejarla. —No es la primera vez que esto sucede —analiza—. Hace un año, conoció a una joven que era mayor que él. Aparentemente, Jordan se quedó prendado de esa chica, pero no quiso reconocerlo. Sin embargo, durante el lapso en que ellos sostenían una amistad con derechos, él mantuvo su distancia conmigo, tal y como está ocurriendo ahora. No puede ser solo una coincidencia. Como Marina no menciona casi nada acerca de Jordan, creí que era porque no se daba cuenta de lo que pasaba y simplemente ignoraba cualquier tipo de cambio de su parte. No podía estar más equivocada. —Eh... No sé qué decir al respecto —señalo—. Pero, ustedes... Ustedes llevan una relación abierta, ¿no? Digo, si estás en lo correcto, tú podrías hacer lo mismo que Jordan. Conocer a otro chico —aconsejo sin pensarlo bien. —Lo haría si se tratara solo de sexo, pero no es así —confiesa—. Se trata de él, de Jordan. No quiero estar con otro, solo quiero estar con él. Mi pulso se acelera irremediablemente antes de la enorme avalancha que Marina haría caer sobre mí. —Hace un tiempo atrás, me habías preguntado si sentía algo por él. Respondí que le tenía cariño ya que somos apegados y nos tenemos confianza. Sin embargo, va más allá de eso. Yo estoy enamorada de Jordan.
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