La felicidad de los demás.

2360 Palabras
Lo presentía. Sabía que había sentimientos de por medio, era imposible no darse cuenta, pues aunque Marina nunca lo había dicho con palabras, sus acciones la delataban. El brillo en su mirada cuando tiene a Jordan frente a ella es indiscutible, cualquiera lo puede ver. Su sonrisa se vuelve radiante y desde lejos consigo escuchar cómo incrementan sus latidos. Es como una debilidad, su más grande debilidad. —¿Desde... Desde cuándo? —pregunto. —Desde que lo conozco, tal vez —se rasca una ceja—. La primera vez que lo vi, quedé deslumbrada con su apariencia. Imagínate, un chico sumamente atractivo, con ese impresionante pelo rubio y esos ojos penetrantes, además de ser alguien amable y muy listo. Dime, ¿cómo podría resistirme ante él? Efectivamente sobrepasó todos mis estándares —y allí está de nuevo esa sonrisa reveladora—. Oh, lo siento. Sé que escuchar esto debe ser desagradable para ti ya que no te cae bien —menciona, a lo que suelto una risa nerviosa. Cada vez me resulta más difícil disimular mi verdadero estado. Estoy pasmada. —¡No te preocupes! Tú sigue hablando —mis gestos son bastante fingidos, pero el entusiasmo de Marina la ciega y no logra darse cuenta. —Jordan se quedó solo, sus padres se mudaron al extranjero y él terminó desmoronándose, mostrándome su lado más vulnerable; pero al mismo tiempo, me percaté de la fortaleza de su espíritu, pues logró recuperarse. Algo me había comentado Jordan, y según él, Marina lo había ayudado mucho. —Acabé enamorándome de cada faceta suya. De su parte bromista, gentil, inteligente, incluso de su lado pervertido —manifiesta, en lo que sus mejillas se tiñen de rosa. No puedo evitar que su confesión me duela en cierta forma. ¿Estamos enamoradas del mismo chico? Esto en verdad es un bodrio. —¿Nunca... Se lo dijiste? —pregunto. A juzgar por lo que me aseguró Jordan, es probable que no, pues él cree firmemente que Marina solo lo ve como un amigo más. —Jordan me había dejado en claro que su amistad era lo único que me podía ofrecer y yo accedí a ello. También, me advirtió que si se generaban otro tipo de sentimientos, tendríamos que distanciarnos ya que él no quiere lastimarme —declara—. Por lo tanto, jamás se lo confesé. Tengo mucho miedo de perderlo, así que lo dejo hacer lo que quiera. Lo que he podido rescatar hasta el momento, es que Jordan considera a Marina como un refugio. Estoy segura de que él tampoco quiere perderla. Además, supongo que le gusta la libertad que le da, de poder estar con quien desee sin que se lo reproche. Lo que no logro comprender es, ¿porqué Jordan nunca terminó enamorado de Marina? Quiero decir, ella es bastante hermosa, con el cabello de fuego, la piel blanca y esas pecas que adornan su rostro le otorgan un semblante angelical. Sumando a ello, es comprensiva, apasionada en cierto modo y estoy segura de que se esforzaría por hacerlo feliz. Bueno, supongo que no todo tiene que ver con la apariencia y que, efectivamente, en el corazón no se manda. —¿Estás satisfecha con la relación que tienes con él? —me atrevo a preguntar. —¿Te soy sincera? No lo estoy. Al principio, creí que con esto bastaba, pero siempre estoy queriendo más. Me gustaría que Jordan fuese solo para mí, pero es imposible. —Lo siento mucho, Marina —se me escapa. —¿Porqué te disculpas? —sonríe—. No es culpa de nadie, ni siquiera suya ni mía. Simplemente... Así se dieron las cosas —se encoge de hombros y no puedo evitar sentir lástima por su forzosa resignación. [...] Me recuesto en la cama, mirando al techo, sumida en mis más profundos pensamientos. Analizo cada palabra que articuló Marina, dejándome en un irremediable aprieto. ¿Qué clase de amiga sería si decido quedarme con el chico que adora? Además, ella fue quien se enamoró primero y lo conoce desde hace años, yo solo soy una intrusa entre ambos, quien buscaba llenar el vacío que dejó un antiguo amor. Esto se vuelve cada vez más insostenible, mi conciencia se remueve y se me contrae el pecho, sucumbiendo poco a poco ante la ansiedad que me provoca esta situación. No puedo hablarle sobre aquellos sentimientos a Jordan, no me corresponde decírselo. Si lo hago, estaría invadiendo el alma de Marina y traicionando su confianza, aunque aparentemente ya lo he hecho. Ella no me lo había afirmado antes, pero ya lo sospechaba, por lo tanto, de alguna forma, siento que me he interpuesto entre ellos, destruyendo cualquier oportunidad que pudiera surgir. A pesar de que mis ideas se mezclan entre sí, en realidad no hay mucho que pensar. No tengo dudas acerca de lo que debo hacer. Lo correcto es que sea yo quien se haga a un lado. Pensé que si Jordan me tomaba en serio, sería capaz de enfrentar a Marina. Sin embargo, es mucho más difícil de lo que imaginé. Además, ¿qué caso tendría? Solo la lastimaría inútilmente, ya que de todos modos mis días en este país están contados. Sometida en mis cavilaciones, escucho unos ligeros golpes en el cristal de mi ventana. Me levanto de la cama y deslizo la cortina, viendo a Jordan, quien me saluda desde afuera con una sonrisa plasmada en sus labios. Mi corazón se encoge y la tristeza se asienta en mi interior, pues llegó en el momento indicado. Tengo que terminar con esto. Realiza señas, pidiendo que abra la ventana, en lo que le respondo gesticulando con las manos, indicando que se dirija a la entrada. Él asiente y comienza a caminar. Salgo de mi habitación y me aproximo a la puerta principal, la abro y noto a Jordan esperándome en el pórtico. Sus labios vuelven a desplegarse y sus ojos se hacen pequeños, denotando cierta alegría por verme. —Jordan, ¿qué haces aquí tan tarde? —reprocho, cerrando la puerta detrás de mí. —Tú siempre tan fría —solo sonríe mientras mueve la cabeza de un lado a otro—. No me diste tu número nuevo así que tenía que venir. Además... —se aproxima— Confieso que tenía la esperanza de quedarme a dormir contigo. Me estremezco ante su cercanía, en lo que mi mirada recorre cada fragmento de su rostro. Ese hermoso rostro, el cual parece haber sido tallado por los mismísimos dioses. —Eso es imposible, Jordan —declaro. —Me lo imaginé. Supongo que tienes miedo de que alguien nos descubra —asume. —No, no me refiero a eso —esclarezco. —¿Entonces? —su expresión se torna confundida. —A decir verdad, qué bueno que viniste. Necesito hablar contigo —adopto un semblante serio para indicarle que no estoy tratando de jugar ni de bromear con él. En cierto modo, funciona, pues su sonrisa se diluye y comienza a intuir que lo que estoy por decir no será nada bueno. —Adelante, te escucho —sostiene. Por un segundo, las dudas llevan a que mi determinación flaquee. No quiero tener que alejarme, no quiero tener que sacrificarme, cediendo mi lugar a alguien más sin intentarlo siquiera, sin ponerme a luchar por quedarme con su corazón. Sin embargo, soy consciente de que es lo mejor. Es una buena decisión, solo así nadie saldrá lastimado. —Jordan, quiero decirte que... Ya estoy segura de mi posición —expongo—. Luego de pensarlo mucho, opté por... Por mantener nuestra distancia. Jordan no realiza ninguna mueca en ese momento, pero su ceño se frunce un poco. —No entiendo... —responde. —No puede haber nada entre tú y yo —disparo a quemarropa. Suelta una risa que suena amarga, pero luego de unos segundos, su tez se torna inexpresiva. —No puedes estar hablando en serio... —le cuesta aceptarlo. —Estoy siendo realmente seria con esto —garantizo. —Es que... No puede ser —su expresión denota confusión—. ¿Cómo llegaste a esa conclusión? Me refiero a que, tú y yo hicimos el amor, Dalila. Y hoy... Hoy simplemente me dices que no podemos estar juntos —coloca la mano en la boca y la desliza hacia la barbilla. Inhalo aire mientras me armo de valor para decir lo siguiente. —Precisamente quería aclarártelo, para que no malinterpretes lo que ocurrió en el salón de música —mi garganta se tensa al pronunciar esas palabras. Jordan me mira bastante desconcertado, sin querer aceptar mi decisión. —¿Porqué estás haciendo esto? —cuestiona—. ¿Estás buscando castigarme por haber huido? ¿Es eso? —Por supuesto que no... —¿Entonces? ¿Serías tan amable de explicarme la razón por la que estás terminando conmigo? —Jordan, no estoy terminando nada porque ni siquiera lo hemos empezado... —¿Cómo puedes llamar "nada" al vínculo que hemos formado juntos? —se exaspera—. ¿Eso es lo que significa todo esto para ti? ¿"Nada"? —Por favor, sé razonable. Tú y yo no tenemos ninguna posibilidad de un futuro —asevero. —¡No puedes afirmarlo! —exclama. —Debes tener en cuenta que hay demasiadas cosas que nos impiden permanecer unidos, y el más importante es que me voy, Jordan. Me voy en unos meses. —Ya te he dicho que iré contigo a donde sea —sostiene. —Já, no me hagas reír... —¿Acaso estás desafiándome? Porque no se trata de ninguna broma —alerta. —¿Crees que te dejaré hacerlo? Me hablaste de tus grandes sueños, dijiste que lo que más querías era ingresar en la Academia Pianoforte y demostrar a tus padres que con tu talento puedes llegar muy lejos. ¿Dejarás tus planes de lado para seguirme? —Tú lo has dicho, Dalila. Mi talento —resalta—. No importa el lugar al que vaya, yo destacaré en cualquier parte del mundo, porque es mi talento el que me hace ser quien soy. No abandonaré mis planes, solo cambiaré de sitio —asume. —Pues por mi cuenta corre que no te muevas de aquí —aseguro—. Si vas detrás de mí, te expones al arrepentimiento. Tú podrías incluso culparme por haberte hecho olvidar tus sueños y por no haberte detenido. Probablemente no lo entiendas ahora, pero ya me lo agradecerás después. Mis palabras son como filosas cuchillas que lastiman mi boca al salir, pues me estoy obligando a decir cosas que no siento, luchando en contra de mí misma para no lanzarme entre sus brazos. —No nos hagas esto, Dalila. Por favor —implora—. No importa el tiempo que sobre, si son largos meses o unos cuantos días, yo deseo estar contigo y sé que tú también, solo tienes miedo y lo comprendo —señala—. Sin embargo, te ayudaré a superarlo... —Es gracioso que lo digas porque, precisamente tú eres el que tiene miedo —apunto—. Desde el principio tuviste miedo de mí, de sentir algo por mí, por esa razón saliste corriendo justo después de acostarte conmigo, llevándome a creer que yo no te importaba y haciéndome sentir como una completa miserable... —Pues aquí estoy, Dalila —extiende los brazos, como mostrándose—. A pesar de aquel miedo que me consumía, aquí estoy, rogando por que te quedes a mi lado, y debo admitir que jamás pensé que me vería haciendo esto. Sin embargo, ya no me importa —confiesa—. No importa si termino perdiendo, no importa si al final nada sale como yo quiero, todo lo demás carece de valor porque eres lo único que deseo en este momento. Además, ¿de qué más podría huir? No importa qué tan lejos corra, tu imagen siempre me seguirá. ¿Miedo a enamorarme? Pero si ya estoy perdidamente enamorado de ti. Trago saliva y mi mirada empieza a cristalizarse, tornando borrosa a mi vista. Aprieto los labios y respiro profundo, intentando ahogar mis lágrimas, pero es en vano. Ellas salen por sí solas, deslizándose inevitablemente por mis mejillas. Oculto mi rostro con las manos y bajo la cabeza. —No quiero lastimar a nadie, Jordan... —digo con la voz quebrada. —¿A quién le afectaría nuestra felicidad? —Tú no lo ves, pero está justo delante de ti... —tiro una indirecta, refiriéndome a Marina. —¿Eres capaz de lastimarnos solo para salvaguardar a los de tu alrededor? Porque sé que lo que estás haciendo te duele, así como me duele a mí —manifiesta. —Nosotros podemos superarlo —me seco las lágrimas. —Oh, vamos, Dalila. ¿Te das cuenta de que priorizas a cualquiera antes que a ti misma? Te lo dije una vez y te lo repito, deberías dejar de pensar en la felicidad de los demás y enfocarte en la tuya —establece. —¿Crees que eres mi felicidad? —Presumo que sí —responde sin un ápice de duda, a lo que no puedo evitar sonreír. —Eres muy jactancioso... —¿Porqué no lo sería? Ser tu felicidad es un privilegio —expresa. —Basta, Jordan. Por favor —imploro—. Podríamos quedarnos aquí toda la noche pero no me harás cambiar de opinión. Solo acéptalo. —Estás siendo muy cruel e injusta. Lo sabes, ¿verdad? —sus ojos enrojecen, lo cual me hace sentir aún peor. —Soy completamente consciente de la decisión que he tomado —asevero. Jordan aparta la mirada y respira hondo, aceptando finalmente mi posición. Regresa la vista a mí, con los párpados teñidos de rojo. —Dalila, te juro que si me alejas ahora, no volveré a buscarte nunca más. Sé que lo dice en serio, sé que es capaz de cumplir su palabra, aunque le cueste. Sin embargo, no cedo ante su advertencia. Elevo la frente, demostrando que mi postura sigue firme. —Adiós, Jordan —finalizo. Solo asiente con la cabeza, me da la espalda y se marcha.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR