Sobrina
Por Scarlett
Dejé mis maletas con el personal correspondiente.
No era inseguridad lo que sentía, pero mis sentimientos tampoco estaban tan distantes de esa palabra.
Mis abuelos habían desterrado a mi madre cuando se enteraron cuando se enteraron de que estaba embarazada y que su novio se había ido al enterarse de la situación.
Mi madre solamente me había dicho el nombre de mi padre: David Burton.
Lo he buscado en todas las r************* , pero jamás di con su perfil.
Tal vez no tenía r************* , aunque eso era casi imposible, tal vez había fallecido, no me importaba demasiado haber crecido sin padre, lo que me molestaba era que mis abuelos dejaron a mi madre varada en un país lejano, sola, con un bebé de dos meses, sin dinero, sin un lugar dónde vivir.
Jamás respondieron a los cientos de mensajes que ella les dejó.
¿Por qué pienso en mi madre y mis abuelos?
Es fácil, estoy volviendo al país que me vio nacer.
No todo es tan simple.
Estoy dejando atrás al país que me vio crecer y cuyas costumbres e idioma, adopté.
Al bajar del bus que me dejó en el puente que tenía que cruzar para subirme a ese inmenso crucero, que debía medir más de 250 metros y calculé que tenía más de 10 pisos de altura, pensaba en lo ridículo de la situación,
Mis pensamientos eran desordenados.
Mi madre había muerto hacía dos años, mientras yo estaba aún en la universidad.
Nosotras siempre fuimos muy unidas y su temprana partida, la voy a llorar toda mi vida.
Tengo 23 años, mi madre falleció de una enfermedad terminal a los 39 años.
Nací cuando ella tenía 18 años y sus padres, mis abuelos, escondieron “el asunto” y sin que ella pudiera hacer algo, la subieron a un avión y la dejaron en un país donde nadie los conocía.
Yo soy ciudadana Americana, nací en los Estados Unidos, pero aunque sé hablar mi idioma natal, presiento que no me voy a adaptar fácilmente a lo que me espera.
Mi tía Julia fue la que se comunicó con mi madre y a escondidas de sus padres, le enviaba dinero todos los meses.
Mi madre pudo seguir estudiando, pese a estar en un país casi desconocido para ella y dónde se hablaba un idioma distinto, se recibió de enfermera, no tenía el tiempo para seguir medicina, que era su pasión, ya que me tenía que cuidar y no contaba con nadie de confianza para hacerlo.
No recuerdo que nos haya faltado dinero.
Cuando yo tenía cerca de 5 años, mi tía vino a visitarnos y al ver el departamento en el que vivíamos, según me contó mi madre, tomó conciencia de la vida que nosotras sacrificamos, ella, hasta ese momento nos depositaba cierta cantidad de dinero por mes, pero en ese momento multiplicó la cifra.
-Estoy manejando mucho de la empresa familiar, y tengo mi fortuna personal, no te preocupes por el dinero.
Le dijo a mi madre.
Ese año, antes de volver a Estados Unidos, Julia compró una hermosa casa, en un lugar muy elegante de la ciudad y la puso a nombre de mi madre.
Por eso vivimos cómodamente; sin embargo, de ahí a abordar este crucero, era algo muy distinto.
Estudié en una universidad privada, la más prestigiosa del país.
Soy abogada, recién recibida.
Apenas obtuve mi diploma, mi tía me habló y fue clara.
-No pude tener hijos, tú vas a ser mi heredera, para eso te tienes que preparar.
Supe que la fortuna familiar, esa que mis abuelos le negaron a mi madre, y que sin dudas, heredó mi tía, terminaría siendo mía.
No siento emoción por ser millonaria.
No me interesa el dinero y hasta renunciaría a él; pero, por otro lado, era una manera de reivindicar a mi madre.
Supongo que mis abuelos no tienen otro familiar más cercano que yo y mi tía tampoco.
No voy a ser un títere de lo que decidieran mis abuelos y pienso eso porque no le encuentro sentido al crucero, ni a ir a Miami, cuando ellos y mi tía vivían en la costa oeste, en California.
-Scarlett, te espera mucho trabajo, disfruta el crucero, diviértete, que luego no vas a tener tiempo, te esperan muchas responsabilidades.
En ese momento no entendí lo que me quiso decir.
Creo que con este viaje, con todo pagado, en una suite de súper lujo, mis abuelos quieren que yo experimente lo que representa el dinero y todo lo que obtendría si hago lo que ellos digan, cómo en algún momento se lo exigieron a mi madre.
No supe porque pensé eso, porque nada indicaba que mis abuelos tuvieran algo que ver con este viaje y mi tía siempre fue amable con mi madre y también conmigo, ella siempre nos ayudó financieramente y una vez por año, nos visitaba, junto a su marido y se quedaban cerca de una semana, nunca más de 10 días y realmente, tanto ella como su esposo, Simon, eran cariñosos y cordiales.
No le encontraba sentido a este viaje, por eso pensé que podría ser idea de mis abuelos; por otro lado, no creo que ella se preste a seguirle el juego a sus padres después de lo que nos hicieron a mi madre y a mí.
Estaba analizando demasiado la situación y me sentí desagradecida.
Debo de reconocer que quizás estaba sensible y emocional, por las palabras de mi madre, al contarme, como mis abuelos nos dieron la espalda cuando más las necesitábamos y que este viaje significaba que finalmente los iba a conocer.
Decidí disfrutar el viaje y si era necesario, me enfrentaría a mis abuelos y les diría todo lo que pienso.
Al subir al barco y mostrar mi pasaje, inmediatamente un botones se me acercó, tomó mi pequeña maleta, esa que mantuve conmigo.
-Buenas tardes, soy James y estoy a su servicio.
-Buenas tardes.
Le respondí.
-La acompaño hasta su suite.
-Gracias.
El barco parecía una ciudad, súper lujosa, era como estar dentro de una burbuja a la que pocos podían acceder.
Mis tíos eran millonarios, eso lo sabía, lo que no tuve en cuenta era de la magnitud de su fortuna.
Llegué a mi suite en la novena cubierta.
James fue muy amable, abrió la puerta de mi suite y aunque no soy impresionable, debo confesar que me impactó lo que pensé, era un camarote de un barco.
No investigué, no es que me importe demasiado, pero debo confesar que no esperé ni el tamaño ni el lujo de esa suite.
-Bienvenida a su Penthouse, espero que sea de su gusto y que disfrute su estadía.
-Gracias.
-Su equipaje será entregado en aproximadamente 4 horas.
-Ok.
Al cerrarse la puerta, miré la habitación.
No era una habitación…
Era un inmenso loft, con mesa, silla, sillones, tv, y la cama… Era circular, en realidad una parte del círculo, lo que sería la cabecera se destina a la mesita de noche, con enchufes para cargar dispositivos y una lámpara estilo marinero, increíblemente hermosa.
Dejé el bolso de mano y mi cartera sobre uno de los sillones, la pequeña valija que amablemente me trajo el botones, quedó en el suelo, a un costado, al lado del sillón.
Abrí la puerta del baño, siempre que llegaba a un hotel de vacaciones o en situaciones por el estilo, tenía la costumbre de revisar todo, máxime en esta circunstancia que estaba en una zona desconocida.
Mi madre me enseñó a ser prudente y a adelantarme a los hechos, y yo, aprendí a cuidarme y ser cautelosa.
Al salir a la terraza balcón, el lujo seguía, un jacuzzi era la vedette dentro de esa privada terraza, que tenía una de las mejores vistas de ese inmenso transatlántico.
Volví a entrar a la habitación.
La música sonaba suave y agradable.
Fue cuando sonó mi celular.
-Hola hermosa ¿Todo bien? ¿Te gusta el camarote?
-Hola tía, sí, gracias, me encanta, pero es demasiado… un vuelo hasta California, bastaba.
-No, mi cielo, sos joven y tienes la vida por delante para trabajar y ser responsable, este es mi regalo de bienvenida, disfruta, conoce muchachos guapos, diviértete.
Me reí.
-Tía, no estoy para conocer a nadie.
-No digas eso, a lo mejor el amor está dónde menos lo esperas.
-No tengo pensado enamorarme, al menos por ahora, pero voy a intentar divertirme.
-A veces el amor te toma por sorpresa.
Tomé sus palabras como las de una mujer grande que aunque rica e independiente, con esa independencia que sólo da el dinero, ve la vida de la mujer se completa únicamente con esposo e hijos.
Quizás es porque ella no pudo tener hijos.
Cuando pensé eso, fui más empática.
-Sí, esa es una posibilidad y no estoy cerrada al amor.
Le contesté casi por compromiso.
-Ay… sí, que bello, me encantaría que te cases y tengas hijos, van a ser mis nietos.
Sonreí, ella no podía verme.
Supongo que a pesar del dinero que tenía, la frustración por no poder tener hijos, le llegaba a su alma.
-Por supuesto, el día que tengan hijos, van a ser parte de sus vidas.
-Tus palabras son maravillosas.
Era eso, ella quería agrandar la familia, quizás ver criaturas corriendo por su mansión, esa que conozco por fotos.
-Tía, siempre vas a ser mi familia.
-Linda, espero no separarme nunca más de vos.
-Quédate tranquila.
-Gracias, cielo, otra cosa, deposité en tu cuenta bancaria una suma para que compres lo que necesites o te guste en las boutiques del barco, no ahorres nada y si no te alcanza´no dudes en pedirme, te transfiero inmediatamente la cantidad que necesites, tu solamente ocúpate de estar siempre divina.
-Tía, no es necesario.
-Sí, lo es, cuando bajes del barco, vas a recibir la misma cantidad, para más compras, nadie se lleva el dinero cuando parte para el otro lado, disfruta tu momento.
-Gracias…
Cortamos la conversación y no sabía que se me estaba escapando de esa conversación, pero sentí que había algo más, aunque pensé que era ansiedad de parte de Julia por tenerme cerca y probablemente llenar el vacío que le provocaba no tener hijos propios.