Mary Ann

1541 Palabras
Por Christopher Esa noche pensé en cómo se desencadenaron los sucesos. ¿En qué momento permití que Mary Ann dominara mi vida? Hacía tiempo que yo no estaba contento conmigo, con todo lo que le estaba permitiendo controlar a Mary Ann y menos con la persona en la que me había permitido. Volví de almorzar y con cautela guardé en una mochila, mis artículos personales, tampoco tenía tantas cosas en mi oficina. Una camisa de repuesto, una corbata por las dudas y un suéter, por si en algún momento refrescaba y me agarraba de improvisto. En el primer cajón de mi escritorio tenía guardado algunos documentos personales, pero nada importante, por suerte en este momento todo era digital. La laptop era de la empresa, pero tenía algunas cuentas personales, que las borré sin dejar lugar para que alguien las pudiera recuperar. Borré algunas r************* que a veces por comodidad, también abría desde mi computadora y por supuesto, desinstalé el w******p Web. Luego, desde mi celular, cambié la contraseña de todo. Limpié la computadora y dejé el listado de clientes con libre acceso, sin contraseña. Accedí desde mi celular al correo oficial, por medio de un nuevo sistema, sin tener que hacer nada de manera física, redacté mi renuncia, explicando que me consideraba despedido cuando mi superior me negó las vacaciones previamente acordadas y que aunque fue un obsequio, yo tenía un viaje estipulado, con todo pago y perderlo significa perder una cantidad considerable. No tengo porqué dar explicaciones, pero avisé, por un tema de impuestos, que el viaje fue un regalo. No quiero que hacienda me persiga, aunque tengo como demostrar que yo no puse un peso, sé que eventualmente, puede llegar una denuncia y que esa denuncia va a llegar de la mano de Mary Ann. A esta altura también doy por terminada mi relación con ella, no puedo perdonar la traición de haber hablado con mi jefe para impedir mi viaje. Lo extorsionaron a él y eso es de una bajeza total. En mi escritorio había un portarretrato que tenía una fotografía en la que estábamos juntos, sin dudas en mejores tiempos. Me despedí como si fuera a volver al lunes siguiente. Mi jefe, que estaba avergonzado por lo sucedido, o quizás quería evitar algún reclamo, no apareció por la oficina. Sabía del viaje y de su valor económico. Mejor para mí. También redacté una email y lo programé para que llegue a recursos humanos el lunes a primera hora, respaldando el telegrama que envié. La fotografía en mi escritorio, la dejé en donde estaba. No era importante. Ya no. Mary Ann cruzó todos los límites y su familia también lo hizo. Nadie de esa familia me respetó, creen que soy la mascota de su hija. Nunca lo tuve tan claro. Llegué a mi casa y guardé el auto en el garaje, no pensaba volver a salir.. Trabé el portón, no sabía cuando iba a regresar. Vacié la heladera y la alacena. No dejé nada de comida en la casa. Tomé las 4 bolsas llenas de comida, cruda y cocinada. Salí por la puerta de calle, caminando, no me llevó mucho encontrar a quién regalarle los comestibles. Yo no tenía hambre, el nudo en mi estómago se hacía eco de los fuertes latidos de mi corazón. Al volver a casa, sonó mi teléfono, era mi novia. Pensé en no atender, pero la tendría en mi casa en 15 minutos y sabría que pese a sus intentos, yo me iría igual. -Hola. Le dije, con voz seca. -Hola amor. ¿Amor? -El amor respeta. No pude evitar decirlo. -No te entiendo. -Me entiendes perfectamente. -Chris… -Estoy cansando de tu manipulación. -Te amo. -Ya te dije, el que ama, respeta. -No voy a permitir que te vayas. -Mi jefe se retractó de las vacaciones, y lo hizo porque lo extorsionaron. -No, lo hizo porque entendió que te amo. -Estás enferma, no te importa lastimarme con tal que me quede a tu lado. -No, yo te amo. -Destruiste lo que tuvimos. -Daría lo que fuera por tenerte ahora, y por eso, voy a tu casa. -¿No entiendes que estoy furioso, en este momento no vengas, porque te juro que no encuentro como acomodar mi corazón y mis palabras y si vienes, vamos a discutir, llegué a mi límite. -Por favor, no digas eso, me lastimas. -¿Realmente no tienes idea de que cortas mis alas y…? -¡No voy a permitir que me engañes! -Estoy hablando de un crucero familiar, de ver a mi única familia, de sentirme una persona no un títere que manejas a tu antojo. -En el crucero hay mujeres. -En la calle hay mujeres, en el banco, en el kiosco, en el supermercado y no por eso te engaño. Le digo con un tono que era gélido, sin demostrar ninguna duda que me hiciera ver culpable. -¿Piensas que no sé que hay mujeres? Ya tengo bastante pensando en eso, sufriendo por tu lejanía, controlando a las empleadas de los negocios cercanos a tu casa. -¿Qué? -Nada, voy para allá. -No vengas, estoy muy enojado con vos, deja pasar hoy, no quiero discutir y si vienes, vamos a terminar muy mal. -Quiero verte. -Quiero procesar que perdí mi crucero, tengo que convencer a mi tío que tu no tienes nada que ver, hoy tuve que cortar el llamado porque estaba trabajando, déjame que lo tranquilice y que me tranquilice yo y ya no fuerces las cosas. El llanto, a través del teléfono, hacía rato que se escuchaba. -Te amo, te juro que te amo. Mary Ann seguía jurando y yo no veía la hora de estar en altamar. -¿Me amas? Esa respuesta no podía ser sincera, al menos no lo podía ser si quería lograr alejarme de esta tóxica mujer. La imaginé en mi cama y aunque reconocía que era bella y que se esforzaba en complacerme, hacía rato que yo no sentía que se me calentaba el alma al estar a su lado. Sabía que mi respuesta no la iba a conformar. -Por supuesto. -No me dijiste, sí te amo. -Mary Ann, nunca estás conforme, te comportas de una manera tóxica, estoy cansado, aún tengo que defenderte ante mi tío y te juro que no sé cómo. -Perdón, te amo y quiero hacerte feliz. -En este momento no estoy feliz y ya me está entrando el llamado de mi tío, tengo mucho que arreglar, hasta mañana. No esperé su respuesta. Colgué porque esa conversación ya se había durado bastante y no quería darle la oportunidad de que me dijera que pasaría por mi casa para hablar personalmente. De esta manera, pensaba que yo lidiaba con mi tío. Mary Ann sabía que cruzó una línea y que yo tendría problemas familiares. Ella no era tonta y estoy seguro que pensaba que su presencia, esa noche, no era bienvenida, en parte porque yo se lo dije, pero sobre todo, porque ella pensaba que la disputa familiar que supuestamente iba a tener esa noche, me iba a superar. Dormí unas pocas horas, mis maletas ya estaban armadas y no tenía mucho más que hacer. Me desperté casi de madrugada. No tenía sueño, tenía un poco de ansiedad por todo lo sucedido. No estaba escapando de mi novio… En realidad escapaba de lo que ella o su familia podría hacer, interviniendo para que yo no abordara ese barco. Me di una ducha y me vestí, con ropa cómoda para comenzar el viaje. Estaba informal. Jean y camisa, un suéter y zapatillas deportivas. Tenía varias maletas y una mochila. Revisé por última vez mi casa, por si me había quedado comida o dejado alguna puerta o ventana mal cerrada. Comprobé que tenía todos mis documentos. Pedí un Uber y decidí ir al puerto una hora antes de lo previsto. Desayunaría allí. Despaché mi equipaje y luego me senté en un bar para esperar mi barco. Yo había viajado en lanchas y en Catamarán, pero nunca viajé en un barco. Desde dónde estaba vi esa enormidad llegar al puerto. No pude ni contar los pisos, eran muchos. Miré a mi alrededor, aún pensaba que si Mary Ann se enterase antes de que yo pudiera abordar, todo se vendría abajo. Inventaría cualquier cosa para evitar que yo me vaya. Me llevaron en micro hasta la rampa que conectaba tierra firme con el crucero. Apenas subí al barco, mostré mi pasaje y toda la documentación pertinente. -Es un gusto, señor. Dijo una hermosa oficial de a bordo. Estaba tan enojado con Mary Ann que todas las mujeres me iban a parecer hermosas. -Buenas tardes, señor, lo acompaño a su Pent-house. Miré con detalle los documentos y en letra muy chiquita, decía que efectivamente, mi camarote era un Pent-house. No me asombró que le dieran ese nombre a una habitación en un barco de lujo. -Gracias. Le contesté distraídamente. -Su habitación está en la novena cubierta, en un sector privilegiado. Al salir del ascensor recorrimos dos pasillos. -Su camarote es el A-PH 2, cubierta 9. En este pasillo solamente hay acceso a dos camarotes, son exclusivos. -Gracias. -Estoy a su disposición, que disfrute del viaje. Entré a mi camarote y supe por qué le decían Pent-house.
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