Esperanza

1577 Palabras
Por Scarlett A medida que pasaban los días ya no tenía dudas que Christopher era el amor de mi vida, pero el aunque me halaga y me lleva de bellas palabras, nunca, ni en los momentos más íntimos, decía alguna palabra que significaba algo amoroso. Todas estaban llenas de deseo, y eso me halagaba, pero me faltaba algún Te amo. Entiendo que yo misma me precipité a jugar un juego al que no estaba acostumbrada. A veces pienso que soy como un barco que no sabe hacía dónde va. El barco en el que estábamos tenía su rumbo fijado. Tenía un horario para llegar a cada costa y otro para zarpar, era algo muy preciso. Quizás esta era la única vez que me distendí y decidí a vivir el momento, pero presiento que esto no va a terminar bien para mí. Hay gemidos que los dejo escapar, mientras que en mi mente le estoy diciendo que muero por su amor. Tengo miedo de que mis palabras me traicionen y termine confesando que me enamoré de él. Cuando hacemos el amor, llego hasta las estrellas y hasta sus sexuales palabras me parecen bellos poemas. Se paró el reloj desde el momento en que lo ví en el crucero. Luego lidiar con mis sentimientos, pero en este momento solamente quiero sentirme la mujer más deseada del mundo en sus brazos. Nunca viví algo tan intenso. Sus palabras tienen un calor que provocan una hoguera dentro mío. Nos amamos en todo momento y lo hacemos con delirio. Navegamos sin complicaciones, tomábamos sol, jugábamos en las distintas piscinas, almorzábamos y cenábamos juntos y nunca dejamos de amarnos con delirio. La pasión era nuestra bandera. Pasábamos juntos la mayoría de nuestras horas, apenas nos separábamos para dormir alguna que otra siesta y cuando nos cambiábamos para cenar por la noche. Sonó mi celular y aunque estábamos mirando una película tumbados en el sillón de mi camarote, al ver que la llamada era de mi tía, atendí el llamado. -Hola tía. -Hola cielo. -¿Cómo estás? -Bien ¿Y vos? Hace rato que no se mueve la cuenta bancaria ¿No tienes ganas de comprarte algún vestido nuevo? Me reí. -Ay, tía, de verdad no tuve tiempo. -¿Sigues viendo a ese muchacho? -Sí, ahora mismo estoy… Veo que Christopher está prestando atención a mi conversación. -Estaba viendo una peli, luego te llamo, te lo prometo. -Espero que me cuentes… cuando te desocupes. -Si, te quiero, cuídate. -Yo también te quiero, mi niña. Corté y miré a Chris. -Perdón, era mi tía. -No hay problema. -¿Son cercanas? -Se podría decir que sí, aunque a veces creo que ella quisiera ser mi amiga y no mi tía, otras se comporta como mi madre, me llama mi niña. -Sos una niña, la niña más perfecta que existe. -¿Piensas que soy muy infantil? Le pregunto riendo. -No, no lo eres, pero aparentas menos edad de la que tienes. -Eso no está mal, al menos no lo va a estar cuando sea mayor. Le digo riendo. -Yo… pensé dos veces en acercarme, porque aunque tu cuerpo demostraba que era espectacular, tu carita de niña, que me impedía razonar por lo bella que eres, me hacía dudar de tu mayoría de edad… luego calculé que tendrías al menos 20 años. -¿Y si hubiera tenido 18 o 20 años? -No podía razonar, no me importaba tu edad, solamente pensaba en encontrarte… sola… -Ahora también estamos solos… No terminé de decir esas palabras que él ya estaba sobre mí. Sus palabras llenas de deseo me seguían pareciendo tiernas poesías, creo que era yo la que no razonaba cuando él estaba a mi lado. El sol brillaba a través del ventanal. Apenas nos habíamos dormido. Me levanté, pensando en que, posiblemente, mi gran aventura pronto terminaría. No hubo promesas de amor, sin embargo, mi amor nació y se quedaría en mi alma y también se irían con él. Salí a la terraza privada del barco Una gaviota cortó la imagen del azul del cielo, sus alas blancas captaban la luz del sol antes de desvanecerse en el azul profundo, donde el mar se confunde con el cielo, allí lejos en el horizonte. No sé si lo que estoy viviendo es un paraíso o un oasis en el desierto. Volví a la cama y me quedé dormida. Me despertaron los besos de Christopher. Sus brazos no buscaron mi sexo, solamente sentí sus caricias, pero fueron tranquilas. Nos quedamos por un rato abrazados, hasta que nos levantamos y terminamos por vestirnos deprisa. El barco había llegado a Las Antillas, estábamos en el Caribe, en Puerto Plata. Bajamos para desayunar en tierra. Fuimos a un lugar tradicional que ofrecía desayuno tipo brunch, que por la hora que era, nos vino genial. Nos sirvieron café, plátanos verdes, queso, salamini y huevos. Ambos estábamos acostumbrados a café con leche y galletitas o las llamadas facturas, que en otros lugares son conocidas como panecillos dulces. -Me encanta este desayuno. Admití. -A mí también. Hicimos una rutina parecida a la Rio desayunamos en medio de un paseo, luego paseamos por la ciudad, nos sacamos bastantes fotos juntos, en otras ciudades nos habíamos sacado fotos por separado, yo no iba a presionar para tener un a foto a su lado, ni siquiera se lo sugerí. No me sentía insegura de mi persona, y sabía cuánto le gustaba a él, pero era evidente que emocionalmente, estábamos en distintos niveles. -Quiero recordar para siempre este momento. Dijo de repente, mientras se acercaba a mí, estirando el brazo con su celular, para tomarnos una selfie. Terminó sacando un montón de fotos de nosotros dos juntos. Luego, sin que se lo pidiera, me envió todas las fotos. Algo quedó flotando en el ambiente. Faltaba poco para que el viaje llegara a su fin y ni me animaba a decirle nada. Tenía miedo, porque mi amor crecía alimentándose del sol que se asomaba cada madrugada, luego de compartir los mejores amaneceres de mi vida. Cuando él me miraba yo sonreía, como si fuera un Dios, aunque sabía que era un hombre totalmente terrenal. Un hombre que hasta ahora, no hablaba del después, aunque era casi descarado todo lo que compartimos y el calor de nuestros cuerpos al festejar juntos tanta pasión, no parecía un amoría, se parecía más a un gran amor. La situación era atípica. No soy dramática, pero estoy simulando que el futuro no me importa, mientras que en realidad la pasión que sentimos es un torbellino que me llega al corazón y me obligo a callar que lo amo. Estábamos sentados frente a frente, en la playa, el paisaje no podía ser mejor, las arenas eran tan blancas, que brillaban mucho más que en cualquier otra playa. -Te adoro. Dijo mientras se acercaba a mi oído. -Mmmm… yo también. Le dije con una sinceridad que tal vez, él no pudo apreciar. -Siento cosas por vos que nunca sentí por otra mujer. Me quedé en silencio, con mi corazón palpitando a mil, volando hacia un mundo perfecto, donde solo existía nuestro amor para vivir. -Yo también siento algo así. Le dije esquivando su mirada. -Sos hermosa, sexi hasta la locura y me encanta todo lo que hacemos en la cama. Dijo, muy cerquita mío. -Mejor no pienso lo que hacemos porque… no me puedo controlar. -Me encanta ser yo quién te inspire tanto. Le dije siguiendo su juego. Mi mano acarició su brazo y mis uñas se enterraron con una presión justa, que lo hizo saltar y su mano fue subiendo por mi pierna. Se detuvo justo cuando comenzaba mi ingle. -¿Volvemos? Me preguntó con una lujuria que no podía disimular. Faltaba una hora para que el barco zarpara. Entre una cosa y otra, estábamos entrando a mi camarote cuando faltaban apenas unos minutos para seguir adelante. Por fin, luego de decir varias veces que íbamos a usar el jacuzzi, nos terminamos metiendo. El día estaba hermoso, los rayos de sol llegaban ya débiles, a mi balcón. Era una sensación casi intimidante, esa de ver el mar, sentir el suave movimiento del barco y los arrebatos de esa lujuria salvaje que nos dominaba. Deje de sentir el sol, los movimientos del barco, y hasta me olvidé de hablar, sus manos y si boca era todo lo que necesitaba en ese momento. Me dolía la boca de tan profundo que eran sus besos y era un dolor que me permitía gozar más allá de lo permitido. Mi pecho, que se bamboleaba con las estocadas casi salvajes, se reflejaba en el vidrio que daba a mi habitación, era todo demasiado excitante. Los gemidos casi animales, dominaban el sonido, en feroz competencia con el ruido del mar. Luego todo explotó, estaba llegando al cielo y no pensaba bajarme de ese lugar, ya que no tenía vértigo a las alturas. Llegué, desesperada, tres veces antes de que el descontrol de Christopher se uniera a mi altitud. -Ahhh -Por vos creo en Dios, porque vos eres una diosa. Dijo cuando su respiración le permitió hablar. No nos conformamos con esa ronda, fuimos más allá y seguimos amándonos hasta exprimir el último suspiro. Había anochecido hacía rato, cuando nos vestimos de gala y fuimos a un restaurante que tenía una banda en vivo que tocaba jazz y blues. Todo era romántico y una esperanza de que esto no se terminara en un par de días, nació en mí.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR