Lina
-Lina debes dormir.- mi madre dijo una vez más.
-Dormí todo el dia, debo trabajar ahora.
Ella negó con la cabeza, se veía cansada de esta situación, pero a mi parecer ya debia estar acostumbrada a mi estilo de vida.
Esperé que ella se acostara, y como todas las noches tomé mi mochila y salí.
Como todas las noches, me dirigí al balcón de un café, del mejor café de la ciudad. Tenía suerte de tener la llave, al fin y al cabo era el café de mi familia.
No habia necesidad de encender las luces, las de la ciudad bastaban y sobraban.
Abrí mi cuaderno, y aunque debia trabajar, lo único que hice fué dibujar una mano.
La mano que había visto en mi sueños el dia anterior, en aquel túnel que parecía tan real.
Pequeña, y con un tono tostado, pertenecia a un hombre.
¿Por qué parecia tan real? Parecía como si en realidad habia hablado con una persona.
"Mi nombre es J". Esa fueron las palabras que escuché.
¿J? ¿Existía tal nombre con una sola letra?
No lo sé en realidad, pero se sentía bien hablar con alguien que no sea mi madre, aunque sea un simple sueño.
Lina.
El cielo ya no estaba cubierto de oscuridad, el sol aparecería pronto y ya era mi hora de dormir.
Si, era lo que tanto odiaba mi madre de mi, mi según ella extraño estilo de vida. Pero yo no quería conocer otro.
Cerré las cortinas y me lancé en la cama, para soñar estar con alguien, aunque sea un completo desconocido.
Al igual que los dos anteriores sueños, lo primero que noté fue la cadena rodeada en mi tobillo, el agua del piso y las hojas de cerezo en mi mano. Y tambien como el anterior sueño, me encontré con esa persona que hacia llamarse J , aunque esa vez ya no vi vi su mano.
Me senté a lo que supuse era su lado, para admirar sus dos pies. Por alguna extraña razón en el lugar tan oscuro, se iluminaba un poco.
-¿Estas bien?.- pregunté.
-Tengo miedo.- respondió.
-¿De que?
-De estos sueños, a veces parecen reales.
Me quedé en silencio unos segundos, intentado buscar palabras para decirle que este sueño me pertenecia, que quizas el no existía. Pero descarté esa opción al oirlo sollozar.
-¿Por que lloras?.
-Te dije que tengo miedo. No sé quien eres.
- Soy L.
¿L? ¿Por qué mi voz no salía en las demás letras de mi nombre?
-Seguro que tienes un nombre largo, al igual que me sucedió, creo que sólo suena la primera letra de tu nombre.
-Entonces no te llamas J.
- No.. - susurró.
-Bueno, J y algo más, no llores.- le dije.- Solo disfruta el sueño.
-¿Tu lo disfrutas?.
-Si.
-¿Por que?.
-Porque tengo con quien hablar sin sentirme mal