Siento como cada segundo que pasa la vida de Abel se va apagando y la desesperación de volverlo a ver con los ojos abiertos se va desvaneciendo. Llevo sin ir a casa desde aquel amargo día que por culpa de su hermana ahora Abel está luchando mediante un respirador por su vida, mis ojos se cierran, pero la actitud de mantenerlos abierto por un milagro persiste, ¿un milagro?, intento engañarme a mí misma, me aferro a esa palabra para consolar mi pobre corazón destrozado. — Chloé — entra Mario mientras estoy en mi consultorio buscando alternativas. — Deberías descansar, mírate cuñada estas para enterrarte. Sonreí levemente mientras la pena se escondía tras esa línea curva dibujada en mi rostro. — Descansaré cuando tu hermano se le haya trasplantado otro corazón y esté despierto. — ¿Y si e

