Nathan El insomnio se había convertido en mi sombra. Antes, eran las mujeres, las fiestas y el alcohol quienes me robaban el sueño. Pero ahora... ahora era Charlotte. El llanto de esa bebé me sacaba de la poca paz que aún me quedaba, arrastrándome a una realidad que me asfixiaba más con cada día que pasaba. Habían transcurrido varios días desde la prueba de ADN. Varios días desde que mi mundo se derrumbó. Era mía. La bebé que habían dejado en la puerta de mis padres, envuelta en una manta y acompañada de nada más que una carta... era mi hija. El papel con los resultados seguía en mi escritorio, como una maldita sentencia inamovible. 99.9% de coincidencia. No había margen de error. Desde que vi esas cifras, sentí como si el suelo bajo mis pies hubiera desaparecido. Mi vida ya e

