Dafne Dicen que el tiempo lo cura todo, pero ¿saben qué? El tiempo no había sanado una mierda. Las cicatrices en mi piel seguían ahí, recordándome cada día que había estado al borde de la muerte. Pero las heridas más profundas no eran las visibles, sino las que me mantenían despierta en la oscuridad, atrapada en pesadillas donde Nathan me encontraba. Donde su voz me susurraba que yo le pertenecía, que nunca me dejaría ir. El juicio había tardado más de lo esperado, pero finalmente, el día había llegado. El auto se movía a un ritmo constante por la carretera, pero a mí me parecía que íbamos demasiado rápido, como si el destino al que nos dirigíamos estuviera ansioso por alcanzarnos. Afuera, el cielo estaba gris, acorde con la pesadez en mi pecho. Dylan conducía, con la mirada fija al

