Desconocido Desde el gran ventanal de mi departamento puedo ver cómo el mundo allá afuera sigue su curso, imparable. Pero desde que ella se fue, siento que el mío se detuvo. Como si los colores ya no tuvieran matices. Me llevé los antidepresivos a la boca. Odio esta mierda. A veces quisiera tirar la toalla, desaparecer... pero todavía tengo asuntos pendientes con ese hijo de puta. Tomé una botella de ron y me la llevé a la boca. Lo sé, no es la mejor combinación, pero me permite escapar, al menos por un rato, de este mundo de mierda. Empujé la puerta de la habitación del fondo, esa donde apenas entraba la luz y el aire olía a encierro y desesperación. En las paredes, los rostros de Eduardo Villarreal y su maldita familia estaban clavados como insectos en una caja de cristal: su esposa,

