Dafne Esperé unos minutos después de que Madison se fue, asegurándome de que sus pasos se hubieran desvanecido por completo. Mi mente daba vueltas, procesando todo lo que acababa de escuchar. Si Madison estaba tan desesperada como para intentar comprar a Joe y a Navaja, entonces había una posibilidad, aunque pequeña, de que ellos aceptaran el trato adecuado. Y yo estaba dispuesta a intentarlo. Inspiré hondo, con el corazón golpeando contra mi pecho, y me acerqué a la puerta con cautela. Cada paso parecía más pesado que el anterior. —Joe… Navaja… —llamé, intentando controlar el temblor de mi voz. Mi tono era bajo, suficiente para que me escucharan, pero no tan fuerte como para atraer la atención de cualquiera que estuviera cerca. El silencio se alargó, y luego un resoplido áspero se es

