Nathan La respiración de Madison era errática, su pecho subía y bajaba con desesperación mientras sus manos temblorosas intentaban aferrarse a mi brazo. Sus uñas se clavaron en mi piel en un intento inútil de liberarse, pero no aflojé el agarre. Apenas sentía el ardor. Apenas sentía nada, excepto la furia abrasadora que me consumía por dentro. Mis ojos, oscurecidos por la ira, se mantenían clavados en los de ella, fríos y letales. —N-Nathan… —balbuceó, su voz apenas un susurro ahogado. Su miedo era evidente. Pero no me importaba. El silencio en la habitación era sofocante. Nadie se movía. Nadie se atrevía a intervenir. Joe y Navaja, al menos así los había apodado Dafne se limitaron a intercambiar una mirada tensa, pero no dijeron nada. Sabían que no era su pelea. O tal vez comprendían

