Marco Eran aproximadamente las tres de la mañana, aprete los ojos con fuerza, con la esperanza de que ese gesto alejara los pensamientos que me invadían, como si con eso fuera suficiente. Solo quería dormir, aunque fuera por unas pocas horas, aunque fuera para escapar un rato de la realidad. Pero el sueño nunca llegó del todo. La mañana llegó sin piedad, con el sonido del despertador martillando mi en cerebro. Sentí el cuerpo pesado, como si un elefante hubiera dormido sobre mi, los músculos tensos por la caminata de la noche anterior, y un nudo en el estómago cuando recordé la conversación con Tomás. Mamá... No podía dejar de pensar en ella. Me levanté con dificultad, ignorando al desconocido que me devolvía la mirada desde el pequeño espejo del baño. Me di una ducha rápida, me ves

