Nathan El aire en la habitación era espeso, cargado de tensión y peligro inminente. Me aferré con más fuerza a la mano de Dafne, sintiendo su piel fría contra la mía. Su pulso estaba acelerado. —Nos vamos —repetí, esta vez con más urgencia. Joe apretó la mandíbula y asintió, moviéndose rápido. Navaja fue tras él, su arma lista. Dafne, sin embargo, se resistió. —Nathan… —Su voz tembló, apenas un susurro entre la adrenalina que rugía en mis oídos. No quería escucharla. No ahora. Abrí la puerta de golpe, pero apenas di un paso afuera, vi las luces de los autos acercándose a la distancia. Luces rojas y azules que iluminaban la oscuridad. Maldición. Joe chasqueó la lengua. —Es ahora o nunca. —¡Muévanse! —ordenó Navaja, avanzando por el pasillo. Pero entonces, la vi. Una figura se

