Dafne El dolor fue inmediato. Un ardor intenso me atravesó el costado, robándome el aire. Mi cuerpo perdió toda fuerza, y antes de darme cuenta, mis rodillas golpearon el suelo. Mi visión se nubló. Las luces rojas y azules parpadeaban en la distancia, sombras moviéndose frenéticamente. Los gritos y órdenes retumbaban en mis oídos, pero todo se sentía lejano, como si estuviera atrapada en un sueño del que no podía despertar. Intenté respirar, pero el aire no llenaba mis pulmones. Un líquido caliente y espeso me resbaló por los dedos cuando presioné la herida. Mi propia sangre. Parpadeé lentamente, mi mente negándose a procesar lo que acababa de ocurrir. No podía creer lo que había sucedido. El dolor, el calor de la sangre que manchaba mis manos, el sonido del disparo, todo se mezclaba

