La noche del jueves, Jesús reunió a sus apóstoles en una habitación para una cena a puertas cerradas, solo él y ellos. Debía comunicarles cosas importantes, o así se lo dijo Judas a Junier. -¿No va a ir nadie más que ustedes doce? -Nadie, ni siquiera las mujeres, solo nosotros. -Bueno, algo importante debe ser para querer estar solo con ustedes. Junier y Jemuel esperaron fuera, cerca de la casa donde celebraron la Pascua, sabían que en algún momento tendrían que salir, se suponía que, una vez terminada la cena, irían al Monte de los Olivos, a Getsemaní, para dormir. Judas salió poco rato después, apresurado, con lágrimas en los ojos. Se dejó caer en el suelo y sollozó por un buen rato. Junier se acercó, invisible, para saber qué ocurría, pero justo en ese momento, el apóstol se l

