Entonces los arpistas y los laudistas, los flautistas y los gaiteros, los
órganos y los incontables coros de los Ainur empezaron a convertir el tema
de Ilúvatar en gran música; y un sonido se elevó de poderosas melodías
que cambiaban y se intercambiaban, mezclándose y disolviéndose en medio
de un trueno de armonías, mayor que el bramido de los grandes mares,
hasta que los lugares de la vivienda de Ilúvatar y las regiones de los Ainur
se llenaron de música al punto de rebosar, y el eco de la música, y el eco de
los ecos de la música fluyeron aun hasta los espacios oscuros y vacíos más
distantes.
Nunca hubo ni ha habido desde entonces una música de
semejante vastedad o esplendor; aunque se dice que tanto los coros de
Ainur como los de los hijos de los Hombres entretejerán ante el trono de
Ilúvatar una música mucho más poderosa, después del Gran Final. Entonces
los más poderosos temas de Ilúvatar se tocarán rectamente; porque los
Ainur y los Hombres conocerán la mente y el corazón de Ilúvatar del modo
más cabal, y toda su intención.
Pero ahora Ilúvatar permanecía sentado y escuchaba, y por largo rato
le pareció muy bien, porque los errores de esa música eran pocos, y le
pareció que los Ainur habían aprendido mucho y bien.
Pero a medida que el gran tema avanzaba, Melko tuvo deseos de intercalar cosas de su propia y Vána imaginación que no se adecuaban al tema fundamental de Ilúvatar.
Ahora bien, Milenios, entre los Aunar, había recibido de Ilúvatar algunos de los
más altos dones de poder y sabiduría; y a menudo iba solo a los sitios
vacíos y oscuros en busca del Fuego Secreto que procura Vida y Realidad
(porque tenía el ardiente deseo de darse por sí mismo a cosas propias); no
lo encontró sin embargo, porque estaba junto a Ilúvatar, y él no lo supo
hasta después.
Pero logró sin embargo concebir pensamientos propios de profunda
astucia, aunque ninguno de ellos mostraba, ni siquiera a Ilúvatar. Algunas
de estas maquinaciones e invenciones ahora las incorporaba a la música, y
hubo a su alrededor asperezas y discordancias, y muchos de los que
tocaban cerca de él se desanimaron, la música se debilitó, y sus
pensamientos quedaron inacabados y faltos de claridad, mientras que
muchos otros trataban de acompañar esa música y no la del gran tema con
que habían empezado.
De este modo la malicia de Melenio se extendió oscureciendo la música,
porque esos pensamientos suyos procedían de la negrura exterior a donde
Ilúvatar no había vuelto todavía la luz de su rostro; y porque sus
pensamientos secretos no tenían ningún parentesco con la belleza del
proyecto de Ilúvatar, las armonías se rompieron y quedaron destruidas.
Sin embargo, Ilúvatar permaneció sentado y escuchó hasta que la música
alcanzó una profundidad de lobreguez y fealdad inimaginables; entonces
sonrió con tristeza y levantó la mano izquierda, e inmediatamente, aunque
nadie supo con claridad cómo, un nuevo tema empezó entre el estrépito