Sentada sobre la parte más alta de la cubierta, vistiendo su bikini azul, y en compañía de Antonella, Michelle observó al primer oficial recibiendo las cuerdas que desde el muelle le lanzó un muchacho, las cuales, hasta hace unos segundos antes, habían mantenido amarrado al Taganga a los maderos del puerto. Lorna cumplía la misma función, pero el interés y los ojos de la ganadora del concurso de belleza no se despegaban de Sebastián.
−Si tu interés es el de conquistar al primer oficial, creo que no estás siguiendo una adecuada estrategia −dijo Antonella.
Michelle arrugó el entrecejo al tiempo que volteó a mirarla.
−¿De qué estás hablando?
−No me digas que no te interesa, es más que evidente.
−Bueno, no podemos negar que está demasiado bien −dijo Michelle.
−Si tú lo dices…
Antonella se recostó sobre su espalda y se puso sus gafas de sol.
−Imposible que no tengas un concepto acerca de uno de los chicos más lindos que hay sobre el planeta −dijo Michelle.
−Los chicos me tienen sin cuidado −dijo Antonella mientras cruzaba las piernas a la altura de los tobillos.
Aquella frase no hacía más que confirmar lo que Michelle había pensado acerca de la ganadora del concurso de literatura.
−Entonces tú eres…
−Sí, soy lesbiana −la interrumpió Antonella−, pero no tienes por qué preocuparte, no voy a estar detrás de ti ni de ninguna otra chica en este barco, a menos que tú o ellas así lo deseen.
No sería le mejor estrategia para Michelle el permanecer al lado de una muchacha que no gustaba de los hombres si su intención era la de conquistar a Sebastián. Tarde o temprano los demás se enterarían de los gustos de Antonella, lo que podría llevar al primer oficial a pensar que Michelle también era de gustos diferentes. Pero la literata se había portado bien, era una buena muchacha y no quería hacerla sentir mal.
−¿Te puedo hacer una pregunta? −dijo Michelle para el momento en el que el velero se empezó a mover.
−Pregunta lo que quieras −dijo Antonella, sus ojos cerrados detrás de sus lentes oscuros.
−¿Siempre te han gustado las chicas?
Antonella llevó los lentes hasta su frente, abrió los ojos, miró a Michelle y dijo:
−Desde mucho antes que a ti, de eso puedes estar segura.
¿Cómo podía ser posible que Antonella hubiera dicho eso? ¿Acaso su pequeña debilidad hacia Nicole se había reflejado de alguna manera en su trato con Antonella?
Por fortuna, los demás integrantes del grupo se encontraban alejados, la mayoría de ellos en la popa del velero escuchando música y tomando cerveza.
−¿Por qué dices eso?
−Las que somos así sabemos reconocer a las que también lo son. Pero lo que aquí sucede es que tú no lo has querido reconocer.
Sería peor si se enfurecía con Antonella. Necesitaba mantener las cosas a un bajo perfil.
−Mira, no sé por qué lo dices, pero te puedo asegurar que prefiero mil veces a los hombres sobre las mujeres.
−Eso puede ser cierto, no tendría por qué dudarlo. Pero debes aceptar que las mujeres tenemos un pequeño espacio en tu corazoncito.
−Eso no lo sé. Lo único de lo que estoy segura es de que últimamente me he sentido muy sola.
−Lo que hace que te vuelvas más susceptible a las muestras de cariño de otras personas, así estas provengan de gente de tu mismo sexo.
−Hablas como si me hubieras conocido hace mil años.
−Aparte de literatura, estoy estudiando psicología, así que no me es tan difícil descifrar a la gente −Antonella se recostó nuevamente sobre su espalda, sus lentes oscuros tapándole los ojos.
Michelle se distrajo durante algunos segundos observando la manera como Sebastián y Lorna extendían las velas de la embarcación, lo que produjo que esta empezara a avanzar a mayor velocidad. Hasta el momento, mientras salían del puerto, había estado propulsada por un pequeño motor, el cual solo se utilizaba para entrar y salir de los puertos o en casos de emergencia.
−Lo único de lo que estoy segura en este momento es de que quiero conquistar a ese chico.
−No debería ser algo difícil de lograr. A ti te sobran los atributos para conquistar a cualquiera.
−Gracias, pero el problema es que él parece más interesado en Nathalie.
−Si lo que dices es cierto, eso sí podría ser un problema, la chica del cabello naranja es tan hermosa como tú.
Fue el momento en el que Michelle observó a Nathalie subiendo a cubierta. Llevaba puesto un traje de baño de una sola pieza, del mismo color de su cabello, con un diseño que lograba destacar su busto y la longitud de sus piernas. La muchacha se acercó a Santiago, le dijo algo al oído, él le sonrió y en seguida le empezó a mostrar el funcionamiento del cilindro en el que se enrollaban las cuerdas. No paraban de sonreírse el uno al otro, hasta el punto de que no parecían estar desarrollando una actividad de trabajo, sino que estuviesen envueltos en la más divertida de las actividades de ocio.
−Ya deja de mirarlos, mira que te va a salir una hernia −dijo Antonella, sus ojos cerrados detrás de los oscuros lentes.
Michelle miró a su compañera y dijo:
−¿Y tú cómo sabes que los estoy mirando?
−Te quedaste callada por más tiempo de lo que acostumbras, además de que hasta aquí se escucha lo que ella le dijo a él.
−Pero es imposible, la música y las voces del resto del grupo no dejan oír nada…
−Solo es cuestión de entrenar el oído, de cancelar los sonidos que están por encima y concentrarse en los más bajos.
A Michelle se le ocurrió pensar si la verdadera bruja a bordo sería Antonella y no Lorna, yendo esta hipótesis en contravía de lo afirmado por Nathalie.
−¿Y se puede saber qué fue lo que Nathalie le dijo al primer oficial?
−Nade especial, no es que le hubiese declarado su amor −dijo Antonella mostrando una sutil sonrisa.
−Bueno, eso es obvio, pero ¿qué le dijo?
−Que quería ayudarlo en su trabajo, que detestaba echarse sobre cubierta a broncearse y que tampoco quería sentarse a tomar cerveza y escuchar música como lo están haciendo todos los demás. Así que quería que le mostrara cómo funcionaban las cosas en el velero.
Michelle supo que no estaría compitiendo contra una adversaria fácil de derrotar. Parecía una muchacha diferente, pues, ¿a quién se lo ocurriría trabajar en lugar de disfrutar de los placeres de un crucero por el Caribe?
−Manera extraña de disfrutar de unas vacaciones…
−Cada uno se divierte a su manera −dijo Antonella.
−¿Y por qué dijiste hace un rato que no estoy siguiendo una buena estrategia para conquistar a Sebastián?
−¿No es más que obvio que si te ve compartiendo con una lesbiana llegue a pensar que tú también lo eres?
−Lo sé, pero tú has sido muy querida conmigo, y no soy de esa clase de chicas falsas que salen corriendo al primer contratiempo.
−Eso está muy bien, pero también me reconfirma que en tu corazón también hay espacio para las mujeres.
Michelle se empezó a confundir: ya no sabía si el estar en aquel velero le ayudaría a despejar su mente. Había logrado sacar a su padre y a su exnovio de sus pensamientos, pero estaba muy lejos de obtener la paz mental que necesitaba para poder planear lo que sería su futuro a su regreso a Vancouver. Pero solo era el primer día y probablemente al llegar a la primera parada, al final del día en la isla de Bimini, las cosas estarían un poco más claras.