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1280 Palabras
Nathalie miró a su alrededor. El camarote del Capitán Armstrong era del mismo tamaño del que ella iba a compartir con Michelle y Antonella, pero en lugar de tener tres literas solo tenía una más ancha y el resto del espacio era ocupado por un escritorio y tres sillas. Sobre el escritorio reposaban mapas de lo que a ella le pareció el área del Mar Caribe. −Bonito su camarote −dijo Nathalie mientras el capitán la invitaba a sentarse. −Gracias, sobrina −dijo el hombre, una sonrisa de oreja a oreja dibujada en su rostro. −¿Entonces ya sabía que yo iba a estar en este grupo? −Tenía mis dudas, pues puede haber más de una Nathalie Walker en la Universidad de British Columbia, pero apenas te vi allá abajo llegando con el grupo, supe que eras tú. Te pareces mucho a tu mamá. −¿Será que podemos mantener eso en secreto? No quiero que los demás piensen que van a existir preferencias conmigo. −Se me hace bien, si es lo que deseas. ¿Pero cómo te sientes después de lo sucedido? Nathalie arrugó los labios, bajó la mirada, la volvió a subir y dijo: −Poco a poco lo he venido superando, pero la parte económica no ha sido fácil. −Me imagino… −Perdí el auto de mis padres, y a duras penas pude reunir el dinero para la cuota de la casa y lo de mi universidad. −Bueno −sonrió el capitán−, no suena tan mal… ¿Debería contarle acerca de Steve? ¿Podría confiar en su tío cuando se sabía que durante los últimos meses venía actuando bajo la influencia de una supuesta bruja? No estaba segura. −Y este velero, tan lindo, tan lujoso, tan nuevo, ¿lo cambió por el que tenía o ahora tiene dos? −Ni que fuera multimillonario, sobrina. Entregué el otro en parte de pago y ahora estoy pagando las cuotas de este. −¿Y su novia tiene algo que ver en eso? −¿Mi novia? −el capitán arrugó el entrecejo. −Vamos, tío, toda la familia sabe que Lorna es su novia. −Bueno, sí, tienes razón, pero por favor que esa información no salga de aquí. −Ya Michelle lo sabe, pero nadie más. −¿Michelle? −el capitán volvió a arrugar el entrecejo. −Sí, Michelle Fairchild, la que ganó el concurso de belleza de la universidad. −Sí, ya sé cuál es. ¿Y será posible que ella se lo guarde? −Tendría que pedírselo, ¿pero ¿cuál es el misterio? −Digamos que quiero mantener las cosas a un nivel profesional, además la diferencia de edades entre ella y yo… −¿Piensa que eso está mal visto? −Hay gente en este mundo a los que les gusta criticar todo. −¿Cuántos años tiene Lorna? −Veinte, aunque por su maquillaje y sus ropas, a veces parece mayor, pero si la vieras con la cara lavada, pensarías que acaba de salir del colegio. −Tío, ¿y está muy enamorado de ella? −Llevo saliendo con ella casi un año, y al principio solo parecía una aventura diferente, pero con el tiempo me di cuenta de que la cosa era seria, le fui tomando cariño… y creo que ahora no podría vivir sin ella. Nathalie arqueó las cejas, esbozó una sutil sonrisa y luego dijo: −¿Le puedo preguntar algo? −Claro, para eso somos familia −el capitán mostró su blanca dentadura. −¿Es verdad que Lorna es una bruja? El Capitán Armstrong soltó una breve carcajada. −Supongo que tu madre te dijo eso… −Claro, quién más me lo iba a decir… −A Lorna le gusta ese tema, y a veces se pone a leer sobre asuntos como el tarot, la astrología, la metafísica, pero todavía es muy poco lo que sabe. −Pero entonces es una especie de bruja en potencia. −Eventualmente, aunque ella me dice que para llegar a ser una verdadera bruja se necesitan muchísimos años de estudio, eso no es como las brujas de los cuentos de hadas. Pero no hay nada que temer, las brujas malas son las que practican la magia negra, pero de igual manera hay muchas brujas buenas, que trabajan por un buen fin, y ella sería una de esas. −No sé nada de ese tema, solo sé que… que mi mamá decía que siempre usted le hace caso en todo y que las decisiones ahora solo las toma dependiendo de ella, de lo que ella quiere que usted haga. −Tu madre lo decía por lo del velero. Nunca estuvo de acuerdo con que adquiriera este −el hombre extendió los brazos hacia los lados−, decía que era muy costoso, que sería una deuda imposible de pagar, pero Lorna me hizo ver que, si tenía este, que es más grande que el otro y más lujoso, podría llevar grupos más grandes y cobrar más. −Ella parece muy simpática, tal vez demasiado… −No te preocupes por eso, te puedo asegurar que es una chica buena. −¿Y cómo la conoció? −En un viaje que me contrató un grupo de una gente de Montreal a las costas del Caribe colombiano. En una ciudad llamada Cartagena, llena de historia y rodeada por murallas. Una noche salimos a tomar una cerveza con mi antiguo primer oficial, y ella estaba allí, en la barra, leyéndole las cartas a un hombre joven. Estábamos sentados muy cerca de ella, y cuando terminó con aquel hombre ofreció leérmelas a mí. Yo le pregunté que cuál era el valor del servicio y me dijo que lo que quisiera darle. La chica me cautivó, era hermosa, dulce, con una mirada expresiva. Le pagué veinte dólares americanos y la invité a una cerveza. Desde ese momento no nos hemos separado. −¿Cómo así? ¿Se fue con usted en el velero? −Exactamente. Le ofrecí trabajo y aceptó, y al otro día empecé a entrenarla en los quehaceres del velero. A Nathalie la pareció que se trataba de un movimiento bastante apresurado, pero así mismo pudo ver, gracias a la forma como su tío se expresaba, que se trataba de un hombre completamente enamorado. −Entiendo, pero entonces no fue que lo embrujó o algo así… El capitán volvió a reír. −Absolutamente. Desde que la vi, allí sentada en esa banca del bar, con ese vestido n***o, su cabello largo, esos encantadores ojos, su sonrisa, algo me dijo que era la mujer de mi vida, así tuviera la edad de una chica que podría ser mi hija, y que tenía que hacerla mía. Entonces, imagínate el momento en el que se dirigió a mi para preguntarme si quería que me leyera las cartas, creo que me sentí como un adolescente enamorado. −¿Y está muy convencido de que todo va a ir bien con ella? −Siento que cada día la quiero más. −Solo espero que todo le salga muy bien. Fue el momento en el que Lorna, después de golpear a la puerta, entró en el camarote, le sonrió a Nathalie, luego al capitán y dijo: −Capitán Armstrong, ya está todo listo para zarpar. −Lorna, mi amor, delante de mi sobrina no es necesario que me llames capitán, ella ya sabe sobre lo nuestro. Lorna miró a Nathalie y volvió a sonreír. −Perfecto, pero por favor no nos juzgues, tu tío y yo nos amamos. −No tengo por qué juzgarlos, mi novio también me lleva más de veinte años. El capitán enarcó una ceja y dijo: −¿En serio? ¿Y de quién se trata? −Un hombre divino, que me ha ayudado mucho, pero eso se los cuento después, cuando estén menos ocupados. −Estaré esperando ansioso conocer tu historia, pero ahora subamos al puente, es la hora de zarpar.
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