Sebastián arqueó las cejas para después sonreír, y, mirándola directo a los ojos le preguntó:
−Tranquila, ¿de qué se trata?
La música de Bob Marley continuaba sonando, Michelle aún se contorsionaba sobre cubierta, aunque ahora trataba de ser imitada por Lucas, quien, vistiendo su pantaloneta de baño amarilla, se había despojado de su camiseta.
Nathalie los observó por algo más de cinco segundos antes de voltear a mirar a Sebastián y decir:
−Allá en Vancouver tengo a alguien…
−No te preocupes, tu tío mencionó que tú misma le dijiste a él y a Lorna que tenías novio, que él te había apoyado mucho en estos últimos días.
Nathalie arrugó los labios, bajó la mirada, la volvió a subir, lo miró a los ojos y dijo:
−¿No te importa?
−Natty, solo sé que estoy delante de la niña más linda del mundo, que me fascinas y que quiero besarte.
Fue Nathalie la que se inclinó hacia adelante, puso sus manos alrededor del cuello del muchacho y juntó sus labios con los de él. Tras breves segundos, el pico se convirtió en un beso compuesto por todos los ingredientes que componen el deseo y la pasión. Ella se olvidó de Steve, del fallecimiento de sus padres, de su difícil situación económica, de sus estudios universitarios, de la práctica del ciclo-montañismo, de todo lo que no tuviera que ver con Sebastián, con aquel velero, con el mar que los rodeaba y con las luces de Bimini que brillaban a poco más de trescientos metros.
La forma como besaba Sebastián no tenía nada que envidiarle a como lo hacía Steve, a pesar de los años de experiencia que su novio le llevaba al marinero; pero esto no era algo de extrañar, dado que siendo Sebastián un muchacho muy bien plantado, era natural pensar que habría besado a muchísimas mujeres. No le agradó esta conclusión, pero no tenía la autoridad moral para discutir absolutamente nada, pues era ella quien primero había violado los códigos de lealtad y fidelidad.
Al separar sus labios de los de él, su instinto la llevó a mirar hacia donde se encontraba el resto del grupo. Todavía sonaba la misma música, pero Michelle había dejado de bailar, aun se encontraba de pie, tenía sus manos puestas en su cintura, sus ojos enfocados en ella y en Sebastián, así como lo estaban las miradas de Lucas y de Antonella. Los demás, por fortuna, parecían continuar distraídos con sus asuntos y no paraban de hablar y de reír.
−Creo que más de uno se dio cuenta −le dijo a Sebastián al mismo tiempo que giraba su cabeza para mirarlo a los ojos.
−No importa, no es asunto de ellos.
Sebastián la atrajo hacía su cuerpo y la volvió a besar durante varios segundos, pero esta vez Nathalie se vio invadida por un sentimiento diferente: no estaba gozando el segundo beso como había gozado el primero, no porque la novedad hubiese quedado atrás, pues seguía siendo una experiencia nueva. El problema residía en que Michelle lo había visto todo, y si en algún momento le nacían intenciones de perseguir a Steve, su mejor arma para acabar con su competencia sería la de contarle lo que acababa de presenciar en la cubierta del Taganga. Tendría que hablar con ella y de alguna manera averiguar si, a su regreso a Vancouver, podría llegar a tener intenciones con su novio y si así lo era, tratar de buscar una solución o de lo contrario estaría envuelta en un verdadero problema.
Al separar sus labios por segunda vez, Sebastián le sonrió, acarició ligeramente su rodilla y le preguntó:
−Natty, ¿quieres tomar algo? Podría bajar y traerte una cerveza, una gaseosa, agua…
−Una cerveza está bien, gracias, aquí te espero.
Se sonrieron mutuamente, Sebastián se puso de pie y recorrió algunos pasos hasta desaparecer en el interior de la embarcación. No pasaron más de diez segundos para que Michelle se acercara a Nathalie y sin ningún preámbulo dijera:
−Veo que no dejas escapar a ninguno.
Nathalie la miró, arrugó los labios, se pasó la mano por la parte superior del cabello y dijo:
−Michelle, ¿estás bien?
−Estaba bien hasta hace como… cinco minutos, antes de que se te olvidara de que tienes al hombre más maravilloso del mundo como novio, pero que eso no te importara y decidieras besarte con nuestro primer oficial.
−¿Y en qué te afecta eso?
−¿Que en qué me afecta? Pues en que Sebastián me fascinó desde que lo vi esta mañana y llegué a pensar que podría hacerlo mío, tener algo con él, y ahora vienes tú y te atraviesas en el camino. ¿Te parece poco?
No era del todo una sorpresa para Nathalie lo dicho por Michelle. No habían faltado los momentos en los que la había visto observando al primer oficial, pero igual lo habían hecho todas las muchachas, y jamás creyó que hubiese nacido en la chica de los ojos azules un interés tan especial por él.
−¿Y fue que pensaste que absolutamente nadie se podría atravesar en tu camino?
−Pues claro que lo pensé, no soy tan boba, pero nunca lo vi venir de ti. Me di cuenta de que tú le gustaste, de que estuvieron hablando por un buen rato antes de zarpar esta mañana, paro te juro que, aunque es poco lo que te conozco, pensé que eras una chica seria y que, gracias a que tienes a Steve, no te ibas a poner a traicionarlo con absolutamente nadie, y mucho menos así de rápido.
Nathalie bajó la mirada, se mordió el labio inferior, luego miró a Michelle a los ojos, pasó saliva y dijo:
−Supongo que tienes razón, creo que cometí un error −miró a su alrededor y continuó−. Creo que lo mejor será que me vaya a dormir. Por favor, cuando él regrese de abajo dile que no me busque, que esto estuvo mal y que es mejor que se fije en ti o en quien le dé la gana, buenas noches.
Sin esperar respuesta, Nathalie tomó la dirección opuesta a la que había utilizado Sebastián para buscar el interior del velero; no quería darse la oportunidad de encontrarlo en el camino.
Jamás creyó que se rendiría tan fácil, pero sospechaba que Michelle, llena de ganas por tener algo con Sebastián, no se detendría ante nada para lograr su objetivo. Pensó que no se trataba de una lección de moral, pues no podría catalogar un par de besos como una verdadera traición, pero lo más inteligente que podía hacer sería evitar un enfrentamiento que diera como resultado el que Steve se enterara de lo que acaba de suceder, eso sería mortal para su relación y para su estabilidad.