—Yo… —Exclamó Nía nerviosa —Pasa que tu esposa me está acusando de ser una intrusa, por lo visto soy un estorbo en esta casa. Román se quedó perplejo, igual que Nía, porque ella nunca dijo eso. —¡Yo no dije eso, estás malinterpretando, Irene! —¡Te dije que no tenías nada que hacer aquí, Nía! Román tomó su brazo, la forzó a salir, casi violento, sorprendiendo a Irene y a la niñera, los niños seguían llorando. Román llevó a Nía tomada del brazo, ella se quejó. —¡Me lastimas! Solo en ese momento la soltó, ella le miró asustada. —No he hecho nada, ¿por qué no puedo ayudar a cuidar a los bebés? A mí me gustan, soy buena con los niños, podría ayudar, ¿por qué esa mujer es tan arisca conmigo? Román hundió la mirada. Nía volvió a la alcoba. Román entró detrás de ella, un silencio sepu

