Grecia condujo hasta la casa del lago, al llegar vio a esos hombres ahí afuera. Se asustó, de por sí sus nervios estaban a flor de piel, sin embargo, al entrar, vio a su hermano ahí. —¡Román! ¿Qué haces aquí? —¿Así que compraste esta casa con el dinero que te di? Muy listo de tu parte, Grecia, vine a decirte algo. Ella le miró con duda. —¿Qué pasa? —Me casaré este fin de semana, debes estará ahí como la prima Catalina Palmeri. —¿Qué? ¿Te casarás? ¿Con quién? —exclamó incrédulo. —Me caso con Nía Montenegro. Los ojos de Grecia casi salían de sus cuencas al escuchar semejantes palabras que para ella fueron una absoluta locura. —¿Qué dices? ¡No puedes hacer eso! ¿Por qué lo haces, Román? —exclamó desesperada. —Tú tienes tu venganza, pues yo tendré la mía, Zafiro pagará por ser una

