VALERIA —¡No! —Me puse de pie tan rápido que casi tumbo la silla. Leandro lo notó al instante. —Mamá, no le hagas esto. Es tímida—, dijo, poniéndose de mi lado. Fingir ser su prometida ya era una farsa difícil de tragar, pero que él me besara, así como si nada... eso cruzaba una línea que no estaba dispuesta a soportar. No por vergüenza. Por dignidad. Y entonces, ella. La madre de Leandro. Caminó hacia mí como si de verdad creyera que esto era una escena romántica y no un desastre disfrazado. Me agarró la cara entre sus manos, con ternura forzada. —Perdóname, mi niña. Es que... siempre he soñado con ver a mi hijo besar a la mujer que ama. ¿La mujer que ama? ¿En serio? Me dieron ganas de reírme en su cara. ¿Claudia? ¿Dónde estaba Claudia en todo esto? —Pero está bien... —dijo entre l

