—Futura señora O'Connor, las llaves de su casa —dijo Angelo enseñándole las llaves que el vendedor le había entregado minutos atrás. —Querrás decir, las llaves de nuestra casa señor O'Connor, porque sola no voy a vivir allí, no creas ni por un segundo que te dejaré aquí para que puedas andar de hombre soltero —bromeó. Angelo se echó a reír al escuchar las palabras de su chica. —No tengo ojos para nadie más. Caí embrujado por ti desde la primera vez que te vi y soy feliz así, te amo —dijo atrapándola entre sus brazos para luego besarla con pasión. Mías sintió su cuerpo arder ante aquel apasionado beso, no debía sorprenderse por la manera que su piel ardía ante las caricias de Angelo, pero lo hacía, porque cada toque tenía algo diferente, cada caricia encendía una llama más y más ardient

