«No puedo quedarme con ella, no tengo una maldita idea de cómo…» Aquel recuerdo se abrió paso en su cabeza, su mente empezaba a recordar el pasado, el día que lo conoció. «Deja de llorar, ellos no volverán» Había dolor en su voz aquella tarde, pero entonces ella estaba tan sumergida en su propio dolor que no se dio cuenta de eso. «Ahora eres mi responsabilidad Mía, nos guste o no, estamos relacionados» Un sollozo escapó de los labios de Mía, mientras se preguntaba: ¿Cuánto dolor era capaz un ser humano de soportar? ¿Cuánto odio podía albergar un corazón herido? —Angelo —susurró sentada sobre el sillón con los recortes a su alrededor. Mía los había leído todos y pudo imaginarse la escena de esa tarde en la iglesia de Seattle e incluso pudo saborear el dolor de la traición que Angelo

